PUREZA CANELO.
Últimamente los premios, medallas y demás reconocimientos (y no sólo en Extremadura) no suelen tener como destinatarios personajes extremeños con una vida plena de trabajo, deporte, estudio y arte, sino fugaces estrellas, que desaparecerán como han nacido, un éxito único y “tampoco es pa tanto” de algún deportista o algún que otro personajillo de poca monta que el año en curso tuvo predicamento fomentado sobre todo por la inefable televisión.
Pero el pasado año, una de esas medallas de Extremadura fue, afortunada y acertadamente a PUREZA CANELO. El nombre sin más, denota poesía, y con ese nombre, no podía ser otra cosa que poetisa.
Pureza Canelo nació en 1946 en Moraleja, pueblo al que dedicó un libro sobre su historia y costumbres lleno de poesía y vida, de amor a su tierra.
Irrumpe en el panorama poético español con la obtención del Premio Adonais en 1970. Durante los años 1975-1983 ocupa la dirección del Departamento de Actividades Culturales Interfacultativas de la Universidad Autónoma de Madrid, y en 1977 funda el Aula de Cultura y Biblioteca Pública «Pureza Canelo» de Moraleja. En 1975 obtiene una Beca Juan March de creación literaria para escribir Habitable (Primera poética), y en 1982 una similar otorgada por el Ministerio de Cultura. Coordina la celebración nacional del Medio Siglo de la Colección Adonais, así como el I Centenario del poeta Gerardo Diego en 1996. También ha sido galardonada con los premios de poesía «Juan Ramón Jiménez» (1980) del Instituto Nacional del Libro Español y «Ciudad de Salamanca» (1998). Su obra ha sido traducida al inglés y al alemán.
Ha sido promotora de colecciones poéticas desde mediados de los setenta, y gestionado actividades en el ámbito de la comunidad científica y universitaria. Desde 1999 es Directora Gerente de la Fundación Gerardo Diego, que refundó ese mismo año junto con Elena Diego. En donó su Archivo y Biblioteca particular al Archivo Histórico de la Diputación Provincial de Cáceres.
Entre sus títulos más destacados figuran Celda verde (1971), Lugar común (1971), El barco de agua (1974), Habitable (Primera poética) (1979), Tendido verso (Segunda poética) (1986), Pasión inédita (1990), Moraleja (1995), No escribir (1999), título muy expresivo desde un silencio autoimpuesto. «Andaba sin sed, perdida y perdedora de escritura desde que terminé el libro No escribir (dado por concluido en 1998), una poética que me vació en extremo, por su radicalidad, nacido desde la misma poesía que canta por qué no se escribe, algo así como la afirmación desde la negación».
El año 1999 escribió Dulce nadie (editado por Hiperión). En la solapa del libro, Pureza afirma: «Dulce nadie es un poemario de soledad rotunda, donde cruzan los tres vértices del triángulo de mi existencia: el desamor por tantas cosas, la ausencia materna y el egoísmo humano que nos invade. Tanta soledad me obliga a huir a un lugar recóndito e incalculable, para dejar a un lado lo ya reconocible y desde esa zona lunar se engarzan los nuevos poemas traspasados a modo de salmodia u oración. El verso se decanta, la palabra se adelgaza con rictus de despedida e invita insistentemente a desaparecer, sin opción de volver atrás, de ese lugar llamado mundo».
Y en 2008, se publica Poética y prosa con origen en su intervención en la Fundación March en el ciclo homónimo ‘Poética y Poesía’, en el que un autor ofrece una conferencia sobre su poesía y un segundo día lee y comenta sus poemas. El libro puede considerar una antología de la lírica escrita por Pureza Canelo, pues incluye poemas de sus diferentes títulos. Esta conferencia se puede leer en el enlace de la misma fundación Juan March:
http://www.march.es/Recursos_Web/Culturales/Documentos/conferencias/GC702.pdf
EL VERSO
Es un coloquio
que me bebe;
no me orienta, me adentra,
responde a mi ceguera
y acaba perdonándome en su rostro.
Me trae fortunas heredadas,
otros abrazos de otros, leyendas visibles,
invisibles, rectas de la muerte,
volutas del momento,
tormento, cántico rodado de hace mucho:
el verso.
Me resbala del pelo a la garganta,
me hace tropezar de veras,
me guiña su ojo,
me tiende el mar
y yo me tiento.
El verso es un ojo
pensado para ciegos,
para mí,
para un caballo al fondo,
para volver a casa
y encender la lámpara del miedo,
del miedo o la pregunta.
Tanto amor
me estrecha la cintura,
se escapa de mis brazos,
me adentra en la campana del llanto,
de oros con llantos, del din don,
en la plegaria.
Y me coge la mano recién hecha
al vacío,
y no me deja en paz
y no me deja en paz
aunque lo mate.
El verso
puede con mi vida
sin pedirme permiso para la muerte.
(De Celda verde, 1971)
- Salma
Diego Sánchez de Badajoz
Tal vez sea el autor que más y mejor incorpora lo extremeño a la evolución del teatro. Nació a finales del siglo XV en Talavera la Real, localidad de la que fue párroco entre 1533 y 1549; tal vez se graduó bachiller en Salamanca, siendo muy importantes sus vínculos teatrales con la ciudad de Badajoz, con su Catedral y con la casa de los Duques de Feria; quizá murió en 1549. Es uno de los dramaturgos más importantes de la primera mitad del siglo XVI.
De él conservamos un volumen original de la Recopilación en metro, edición que hizo su sobrino en 1554. Son veintisiete obras que él mismo llama “farsas”; faltan otras obras del mismo autor, los sermones y el Confisionario. En la Recopilación en metro hay también otras obras poéticas de índole diversa: Montería espiritual, Matraca para jugadores, Danza en que todos los pecados mortales danzan con nuestro padre Adán, Romance de Nuestra Señora, Introito para pescadores, Introito para herradores, etc. Son obras poéticas que tienen menor importancia que las farsas.
Las farsas se clasifican por temas: escribió doce que tratan sobre la Navidad, diez sobre el Corpus, dos hablan de santos y cuatro de otros temas.Se basan en el teatro medieval, litúrgico y primitivo; aprovecha todos los recursos escénicos de su tiempo, (sayagués, métrica, tópicos, etc.), pero está ausente el bucolismo y el erotismo. Entre las más conocidas están la Farsa de la muerte y la Farsa del molinero.
Estas obras tenían una estructura tripartita: comienzan con el introito, a cargo del pastor, continúan con el cuerpo dramático y se cierran con un villancico, cantado por todos los personajes que han intervenido.
La lengua que utiliza Sánchez de Badajoz es el sayagués, aunque incluye recursos de la lengua callejera, del latín macarrónico (equívocos del pastor que no entiende latín y lo traduce a su manera), y del portugués. Utiliza coloquialismos, expresiones populares, refranes y chascarrillos, lo que supone un conocimiento del público al que van dirigidas estas obras. También aparecen rasgos propios del extremeño.
Casi todas las farsas tienen entre tres y seis personajes. Probablemente eran representadas por compañías en las que el dramaturgo hacía el papel de pastor. Había otro hombre maduro especializado en el papel de fraile o de otros personajes bíblicos. Un tercer personaje se especializaba en los papeles de moro, portugués, negro, etc., y hablaba con el lenguaje de jerga propio del personaje que representaba. Los acompañaba un joven que hacía los personajes femeninos o de criado, mozo, etc.
FARSA DEL MOLINERO en que entran quatro figuras: un Molinero que sirve de Pastor, muy enharinado, y un Fraile, y un Ciego y su Muchacho que lo adiestra. Habla del Sanctíssimo Sacramento del Corpus Christi.
MOLINERO ¿Reísos de verme ansina?
Ya dirá algún adevino:
«De hurtar vien del molino.»
¡O, quánta gente malina!:
quien mal haz, mal adevina.
Yo trabajo y me consuelo,
mas, ¡qué andar sin polvo y pelo
y mi casa sin harina!
Muda el hombre mil oficios
tras este negro dinero;
solía ser ovegero,
bevía más a mis vicios.
Llos dineros son provicios
que dan all ombre mill calmas
y hazen arder llas almas:
cobdicia saca de quicios.
¡Olvidéme el «Dios mantenga»!
Si os nojáis estáos ansí,
que tampoco vos a mí
dexistes: «En buena benga»;
vuestro bien no está en mi lengua
ni mi mal en boca agena;
tenga yo la vida buena,
que al bueno nunca el bien mengua.
Husen llos hombres hermanos
y las buenas obras luengas,
y esténse llos «Dios mantengas»
en inviernos y en veranos;
mas ora llos palancianos,
¿sabéis qué tienen por mañas?:
remorderos las entrañas
y después, «Beso llas manos».
¿Cree que ser molinero
es comportable tormento?
¡Dios, qué molido me siento!,
más que un asno de recuero;
en fiesta ni festigero
nunca ell ombre a de parar:
si no huese el maquilar
ya tuviera dado el cuero.
Desque ayunto y cojo y pico
y torno a echar a moler,
ya no me puedo tener
ni queda de mí çatico;
pero yo vos certifico
que al maquilar no ay dolores:
¡si no uviese secutores
ya ell ombre estuviera rico!
No tengo bancal ni prato
que no me leven por prenda.
¡Do al diabro la molienda
que a de gormar cada rato!
quatro mil mañas le cato
para esquitalle las nuezes,
mas préndanme tantas vezes
que hazen pagar el pato.
Mill vezes me he confesado,
pero en fin, no monta nada:
mi cueça tengo marcada
y ansí lo tengo jurado;
verdad es que pongo a un lado
esta mano ansí retuerta,
y a vezes, porque no vierta,
este braço ansí enroscado.
Llas mugeres con maldades,
como campanas, ¡dan, dan!,
diz que le sal poco pan;
¡escuchá qué bovedades!
Yo acudo con las verdades;
digo, desque las escucho:
«Andá, andá, que cernís mucho,
para her bollos abades.»
Algunas se van riendo,
otras me dizen vellaco;
palabras no rompen saco,
hago que no las entiendo.
Después os vernéis, viniendo
el verano, a mi molino
con pan y torrezno y vino,
y aún me hallaréis riñendo.
Si lla vista no me miente,
millagroso Jesuchristo,
aun diré que nunca he visto
tal mastragada de gente;
alguna fiesta vallente
se deve oy de festejar;
téngolo de pescudar
a este fraile, a ver qué siente.
¡Hi de puta, y qué llanchazo
lle daría lla persona
baxito de aca corona,
si os llo topase en el llazo!
tortezuelo es de espinazo,
¡landre del año de siete!,
¡soga nueva de Alcaudete
que te cuelgue, dun borrazo!
Él algo está comidiendo;
de habralle he, juri a nos.
¡Ha, padre, gracias a Dios! (…)
- Salma
Joaquín Romero de la Cepeda
El poeta extremeño Joaquín Romero de la Cepeda, nacido en Badajoz en los mediados del siglo XVI, pintando la entrada de Felipe II en dicha ciudad, cuando la visitara en 1580, hace referencia al puente de Palmas, como puede verse por los siguientes versos:
Entre Orinace y la Muela
deslizase el Guadiana,
dibujando en sus cristales
el cielo puro del alba.
Corónanle largo puente
que hoy une tierras hermanas,
y que fueron otro tiempo
de Bética y Lusitana. .
Cuatro arcos trazó allí Herrera
que han de ser de eterna fama
si no los tres de la puente
el de Puerta de los Palmas.
Por él pasó victorioso
el gran duque de Alba,
de la conquista del Luso
con las tropas castellanas.
Montaba un bruto alazán
de cabos negros y plata,
de soberbia fermosura
que envidió la mesma Arabia.
A su derecha Felipe
desnuda lucía la espada,
brillando más que el acero (…).
- Salma
.
TORRE DE LAS SIETE VENTANAS EN LA ALCAZABA.
Pese a este nombre de Siete ventanas, observamos perfectamente que no tiene ninguna, El nombre le viene, tal vez de una leyenda que hace referencia a Zoraida, hija de un rico mercader llamado Ibrahin, enamorada de Omar un capitán de la guardia, destinado en el cerro del Baxarnal (San Cristóbal) a cuya relación se oponía su padre que, al comprobar que su bella hija se asomaba a las siete ventanas para mirar a su amado, allá en el cerro Baxarnal, enfurecido, mandó tapiar las siete ventanas para que los enamorados no pudieran verse, pero eso no desanimó al valiente guerrero y con un golpe de audacia logró rescatar a la joven y todos en la ciudad vieron como los dos enamorados se perdían en la noche y en la niebla río abajo.
Él se llamaba Omar, nieto de Omar e hijo de Omar, el de los veinte camellos. Ella, Zoraida, hija única de IBRAHÍN, el poderoso, el rico mercader hebreo. Omar, capitán de capitanes, comandaba las fuerzas destacadas en el fortín. Un día visitó la fortaleza para recibir órdenes de sus superiores, y cuando la abandonaba conoció a Zoraida. Se miraron fijamente. Primero con simpatía. Después con amorosa correspondencia. Aquella mirada trastocó el curso de ambas jóvenes vidas. Omar comenzó a notar el yugo de la servidumbre que impone el servicio de las armas suspirando por la libertad de los ardientes arenales donde nacieron sus antepasados. Allí bajo una airosa palmera, protegido por el liviano lienzo de una tienda le pareció el paraíso soñado para el nido de su amor.
Zoraida, desde que conoció a Omar, se rebeló contra el sino de las mujeres de su raza, en aquel lejano entonces destinadas a servir en el placer del macho joven y en la ganancia del padre viejo.
Cada vez eran más frecuente las entrevistas de los jóvenes jurándose aunar sus vidas, para el bien o para el mal, desafiando así el incierto futuro.
Llegó pronto la noticia del amor a los oídos de Ibrahin, el mercader. Acostumbrado a tanto comercio ya pensaba traficar con su propia hija prometiéndosela a un colega rico y viejo residente en Sevilla.
Agobiado por el pensamiento de perder tan buen negocio, antes de ausentarse del reino para la práctica de su comercio encerró a Zoraida bajo la vigilancia de los más celosos servidores.
Pero lo que más enciende la llama del amor es la antorcha de las dificultades que se le enfrenten.
Así sin duda debió de pensar Omar con el beneplácito de Zoraida. Aprovechando la ausencia del mercader, amparados por la oscuridad de la noche, junto con un pequeño grupo de fieles compañeros de armas, penetraron en la fortaleza.
Con la precaución suficiente para no ser oídos practicaron una oquedad en la pared trasera de la vivienda de la joven y por allí se la llevaron.
No tardó en ser advertida la huída. Primero entre las sombras nocturnas y después con la claridad del nuevo día, los fugitivos fueron buscados con saña. Sus huellas terminaron en la orilla del río. Aquella circunstancia dio lugar a la leyenda de un túnel sobre las aguas del río.
Fuentes:
* La Alcazaba revivida.- Norberto López García
* Un paseo por la Alcazaba Árabe de Badajoz .- Francisco Pilo Ortiz.-
- Salma
.
Monumento a los Tres Poetas
Alcazaba abajo, dejando atrás siglos de desdeñada historia, alcanzamos el cruce del Puente de la Autonomía, la carretera que circunvala el Cerro de La Muela y nuestro propio camino, un lugar reservado para crisol de épocas y civilizaciones; y allí, encarando el río, ante nosotros, una de las esculturas encargadas por el Consistorio a Luís Martínez Giraldo y que pretende rendir tributo a tres poetas muy ligados a Badajoz y al Guadiana: Jesús Delgado Valhondo, Luís Álvarez Lencero y Manuel Pacheco.
Martínez Giraldo empezó a trabajar en la obra en 2002 tardando más o menos un año en culminarla. El artista, director de la escuela de Bellas Artes Adelardo Covarsí, ha esculpido en bronce con una pátina de color verde (técnica que parece ser permite una oxidación homogénea) las cabezas de cada uno de ellos y las ha incrustado en un brazo que apunta sobre tres tomos de libros de grandes dimensiones, de granito de Quintana, mármol de Macael y de pizarra de Villar del Rey. La explicación del diseño: “el artista no es nada sin su obra”. El conjunto pesa en total más de 70.000 kilos. Antes de colocarlo, el autor trabajó in situ durante un mes pues el libro de granito, por su elevado peso, tenía que ser esculpido en el lugar donde se iba a asentar.
El escultor conoció en vida a Delgado Valhondo y a Pacheco.”Valhondo era un gran amigo mío y un colega, por eso de ser cojo; Pacheco era una gran persona y muy humilde”. Motivo por el cual le ha resultado más fácil esculpir a estos dos poetas, “porque el recuerdo siempre es válido”.
En la contraportada del libro de pizarra, colocado en vertical, tres versos hablan de la relación de los tres poetas con el Guadiana: “Mi río tiene nombre de mujer y se llama Guadiana (Pacheco)”, “El Guadiana, con falda siempre llena de cielos (Valhondo)” y “Sólo tengo un corazón tan grande como el Guadiana (Lencero)”.
Y olvidando lo que el autor deseaba transmitir, sin que nadie y todos nos atribuyamos su bautismo, el conjunto de cabezas y libros es conocido como la estatua de “Los Cabezones”.
En algún viaje más allá de la frontera, en Chambery, en Francia, descubrí el monumento de “Les quatre sans cul”, los elefantes sin culo, realmente erigido en memoria del General Conde de Boigne; pero el imaginario popular dejó a un lado el insigne militar y pasó a nombrar lo que veía, cuatro elefantes sin culo. Y punto.
No hemos sido los primeros ni tampoco muy originales pues nuestros vecinos, los “romanos”, también apodaron de la misma forma a un grupo escultórico ubicado actualmente en la zona aledaña al área infantil de la plaza de los Escritores, en el barrio de Los Bodegones.
Aunque parezca que todo Badajoz está plagado de obras de Martínez Giraldo y sea calificado como el escultor oficial del Ayuntamiento, hasta que esculpió a los tres poetas no había hecho antes una escultura así; sí pequeñas obras como el escudo nacional de la Delegación de Hacienda, un relieve que representa una figura del Dios Baco en Santa Marina y alguna otra menor. A ello se habría de añadir la estatua de Manuel Godoy y sus naranjas.
Y hasta aquí lo que hubiera sido una tal vez algo adulterada crónica periodística; pero como esta mañana he madrugado un montón y eso me ha puesto de muy mal humor, tengo unas cuantas opciones:
- O poner a parir las “obras de arte” que han invadido, junto con las palmeras, parques, jardines, rotondas y entradas de pueblos y ciudades de Extremadura, convirtiendo a ayuntamientos y consejerías en rústicos y forzados mecenas modernos a gusto de quien tenga la sartén por el mango en ese momento; que lo mismo subvencionan un tractor o una carretera que compran 70 esculturas de turroneros, pastores, canteros… de no se sabe qué ignotos autores pero muy conocidos por autoridades adquirentes. Todo sea por el arte o el no arte.
- O alinearme con aquellos que califican la obra de Martínez Giraldo como bobalicona, falta de originalidad, intranscendente, que sólo demuestra la capacidad de su autor de manejar el cincel pero sin sentido artístico ni imaginación (alguien ha calificado la estatua de Manuel Godoy de engendro invisible lleno de grandes bultos a modo de quistes; y a los Cabezones como batiburrillo de alegorías en lo que únicamente queda claro que tenían buenas cabezas quienes quieran que sean los dueños de las idem).
Y es que detractores, “haberlos haylos” y bastantes, que ponen en tela de juicio su perspectiva artística, tildándolo de trasnochado y clasicón y al margen de las vanguardias y culpando al ayuntamiento de haber perdido una oportunidad de oro para rendir tributo al río (aunque el mejor homenaje sería no maltratarlo) y a esos geniales poetas.
Con todo, hay que reconocer, al margen de modas y agrados, que como él mismo autor apunta “Cada artista debe tener su lenguaje propio, ser sincero consigo mismo y expresarse según se siente”. Y él lo ha hecho.
El arte es cuestión de gustos; y para gustos los colores. El propio Martínez Giraldo en una entrevista, parafraseando a Arturo Pérez Reverte, más o menos venía a decir que estamos en un momento en el cual una obra de arte puede parecernos una gilipollez y una gilipollez una obra de arte.
Tal vez sus trabajos más conocidos son los ejecutados por encargo. Y el artista afirma que “La obra de encargo tiene sujeciones y no puede tener la creatividad que desarrollas cuando la obra es libre y puedes aplicar tu imaginación y realizarla como tú tienes en tu mente”.
Pero seduzca o no su obra, y ya que está ahí, en lo que estamos de enteramente de acuerdo con él es en que «resulta indignante que un patrimonio que es de todos nos lo estén quitando cuatro cafres. Yo me fijo en los monumentos de otras ciudades y no veo nada parecido a lo que hay aquí. Creo que es una cuestión de educación y de que lo que ha hecho uno no sirva de gracia al día siguiente para el resto, que si son más jóvenes lo imitarán. Por eso creo que es imprescindible que en cuanto alguien pinte una escultura se repare al día siguiente». Sin embargo la restauración de monumentos es un asunto delicado.
Esto amplía mis posibilidades de perpetrar malas acciones y me ofrece una tercera opción: lanzarme a la yugular de los pintamonas, pintarrajeadores de lo que gusta en llamarse graffitis y sólo alcanzan a ser garabatos y bodrios. La mayoría de esculturas y monumentos de la ciudad llevan firmas de pseudograffiteros, estos artistas de pacotilla que en sus soplos de “inspiración” la emprenden con lo que encuentran a su paso. Son, junto con los incontinentes miccionadores profesionales y los marranos vestidos, lacra social a combatir con campañas educacionales; y si éstas devienen ineficaces, con una buena dosis “de mano dura” que le duela el bolsillo o el de sus padres respectivos.
- Salma
Jesús Delgado Valhondo Mérida, 1909-Badajoz, 1993
El 19 de febrero se conmemoró, sin grandes celebraciones, el centenario del nacimiento de Jesús Delgado Valhondo, poeta y narrador.
Nació en la vecina Mérida aunque tras la muerte de su padre cuando tenía nueve años, se trasladó a vivir a Cáceres; allí comenzará su andadura como poeta y su amistad con los escritores Pedro Caba, Eugenio Frutos, Pedro de Lorenzo, José Canal, Rodríguez-Moñino. Al mismo tiempo estudió magisterio, profesión que luego ejercería en distintas localidades de la región. En Trevejo, su primer destino, se enfrenta a la soledad, el aislamiento, el hombre, el campo, Dios, la muerte, el campo, temas constantes en su obra.
Dos años antes de proclamarse la II República, se afilió a la Alianza República y ostentó el cargo de Secretario de UGT en el sector de la enseñanza. Por ello fue expedientado, detenido y sancionado en octubre de 1939, con traslado forzoso, sanción que cumplió en Gata. En esta situación, comenzó a salir de su aislamiento a través de una intensa relación epistolar con poetas de la talla de Vicente Aleixandre y José María Valverde.
Colaboró en las más destacadas revistas españolas (Garcilaso, Espadaña, Litoral, Corcel) y formó parte del grupo fundador de la revista cacereña Alcántara. Fundó, junto a otros escritores, la Asociación de Escritores Extremeños. Tuvo intervenciones en el diario Hoy, donde durante un tiempo escribió una página literaria en la que intentó airear la creación literaria de esta región.
En su obra, Delgado Valhondo recoge los matices existenciales, religiosos y hasta neorrománticos que se dieron en los poetas de la Generación del 36, a la que pertenece por edad. Es un poeta intensamente lírico tanto en la materia como en la expresividad. En él armonizan la naturalidad de expresión, la originalidad metafórica y la exquisitez.
Y en lo que a métrica se refiere, Jesús Delgado pasa de la cancioncilla asonantada al molde rígido del soneto, y de éste al verso libre dejándose gobernar por la exigencia de cada motivo que poetiza.
El año cero, 1950, consta de poemas muy breves, de versos cortos; con tintes de melancolía, van surgiendo los temas intimistas junto a rápidas evocaciones de los lugares queridos (Mérida, Cáceres). No falta tampoco la presencia del tiempo, ni el mundo vegetal.
La esquina y el viento, 1952, provocó una gran admiración en Juan Ramón Jiménez. Según testimonia Ricardo Gullón, en Conversaciones con Juan Ramón Jiménez (1958), éste, cuando leyó esta obra de Delgado, declaró:
“Ahora se escribe en España muy buena poesía. Estoy tan contento de ella como disgustado por la escrita en la emigración. Aquí traigo un libro, La esquina y el viento, de Delgado Valhondo, nutrido de la mejor poesía moderna.”
El libro consta de cuatro partes, con idéntica temática: la existencia. Sin embargo, lo sorprendente del libro proviene de la introducción de las experiencias cotidianas en medio de un tono lírico elevado.
La muerte del momento, 1955, contiene una parte inicial donde se cantan realidades cotidianas de la vida pueblerina pero muy hondamente interiorizadas: un entierro que pasa; el primer día de clase del niño huérfano; la escasez en el hogar…. Pero la temática de esta colección de poesías es el “más allá”, es el tránsito temido y deseado en la barca de Aqueronte.
La vara del avellano, 1974, es una obra breve –en torno a quinientos versos-, muy en la línea de su autor. Se abre con cita de Juan Ramón Jiménez y rebosa intimismo. La pasión por la desnudez lo conduce a talar artículos, eludir términos y sostener su expresión en rapidísimas pinceladas.
La alternancia de versos rimados y libres, las llamadas a un Dios siempre próximo, los juegos de palabras, la creatividad lingüística (“sanchovientre”, “aguadiós”), la riqueza metafórica que en ocasiones ronda lo irracional surrealista (“sangraba el músculo del viento”, “un dios pequeño y sordo/ hace puntillas en los hilos del frío) son notas típicas de Delgado Valhondo. En muchas ocasiones los textos, sin abandonar su hondo lirismo, contienen elementos de carácter narrativo, como ocurre en El tonto del pozo.
Un árbol solo, 1979, es acaso el libro más unitario y maduro de Jesús Delgado Valhondo, el que mejor sintetiza su mundo poético. Libro de enorme desnudez, supuso un hito en su trayectoria poética, cuando contaba con cerca de setenta años. Es un texto de poesía narrativo-meditativa constituido por un solo poema, con una única historia dividida en tres partes: “Desnuda soledad”, “Soledad habitada”, “Gente”.
Otras obras de poesía: Hojas húmedas y verdes; La esquina y el viento; La montaña; ¿Dónde ponemos los asombros?; Entre la hierba pisada queda noche sin pisar (antología); Inefable noviembre; Huir.
Entre sus obras en prosa destacan: Yo soy el otoño; Ayer y ahora; Abanico; El otro día.
LA VENTA
I
Árbol, colina, canción …
El campo da a luz las ventas
con el calor de las siestas
cuando se seca el dolor.
¡La ventera es la mejor!
Húmeda de olor a cienos,
flores de trapo los senos,
pasea su condición.
II
Se van deshojando eras
y sólo queda el color …
y sólo queda el olor
a bestia de la ventera.
III
Todos somos carreteros
lamidos por los caminos,
labradores, campesinos,
hombres ceros.
(De “Año Cero”)
Fuentes:
www.escritoresdeextremadura.com
www.fundaciondelgadovalhondo.org
www.chde.or
- Salma
MANUEL PACHECO “Olivenza, 1920-Badajoz, 1998″
Poeta y prosista, no gozó de una infancia dichosa: hijo de zapatero, huérfano de padre a los siete años, su madre no podía mantenerlo a él y a sus hermanos y tuvo que ingresar en el hospicio de Badajoz. No asistió a la escuela y empezó pronto a trabajar. Vino la guerra: “A los dieciocho recién cumplidos -escribirá el poeta- soy llamado a filas en la guerra civil de España. Fui monaguillo, cantador de tangos, fotógrafo, ebanista, cargador de muelle en la estación de ferrocarril de Badajoz, albañil, marmolista, repartidor de hojas de empadronamiento, comparsa de teatro, pasé hambre y me fui a Portugal en busca de comida”.
A pesar de lo adverso de sus circunstancias, su afición por el saber le llevó a forjarse, como autodidacta, una amplia cultura artística quizás para encontrar algún consuelo a su soledad, o tal vez descubrir por sí mismo aquello que nadie le ha enseñado.
Leyó mucho y fue amigo de los intelectuales de Badajoz de la época, entre ellos Jesús Delgado Valhondo y Luis Álvarez Lencero. En las famosas tertulias, como las de Esperanza Segura, se dio a conocer como poeta allá por los años cincuenta.
Sus primeros versos se publicaron en revistas literarias: Rocamador, Caracola, Trilce, Pájaro de paja, Doña Endrina, Malvarrosa, Icla, Poesía española, Jugar con fuego o Lírica hispana, de Caracas.
En 1949 se editó Ausencia de mis manos, su primer libro, al que siguieron alrededor de una veintena de poemarios más. Y algunos relatos en prosa como el provocador Diario de Laurentino Agapito Agaputa (1981).
En su trayectoria, Manuel Pacheco alternará sus inquietudes sociales con el surrealismo, deseando en todo momento llegar a la inmensa mayoría. Es posible distinguir dos épocas con un punto de inflexión hacia el año 1960.
-En la primera época quedaría el culto a la imagen, la exaltación neo-romántica y simbolista. Así en libros como Ausencia de mis manos, Los caballos del alba.
-En la segunda época se enmarcarían los libros de denuncia, de contenido social: Poesía en la tierra, Para curar el cáncer no sirven las libélulas, que giran alrededor del hombre caído, al que el poeta quiere devolver la dignidad, sacar de las míseras circunstancias que le envuelven.
Una característica de Pacheco es el compromiso moral que adopta con lo humano, definido por él así: “En un mundo donde imperan la injusticia y el hambre, donde existen vómitos de hartos en banquetes, y niños, mujeres y hombres que ni siquiera pueden vomitar porque no comen; donde se mata a los negros, se invaden y masacran pueblos más débiles… no hay lugar para la poesía pura de ruiseñores. Estamos en la época del aullido, en la época del grito contra tanto oprobio disfrazado de civilización”.
En su obra, el poeta demuestra además una gran creatividad lingüística: hormigarse, eyacuar, incivilización, prosema, cabalgahablar, heridamente, siempremente…, son ejemplos de palabras que ha inventado.
Manuel Pacheco figura en todas las antologías de Escritores Extremeños.
Crepúsculo otoñal
(Alcazaba de Badajoz)
Muere la tarde entristecida
Sobre los árboles marchitos
Y está el crepúsculo llorando
Con una pena de chiquillo.
Y está llorándome tu vida
Por este otoño que yo piso.
En los nidales del silencio
Me canta un pájaro amarillo.
Las piedras cuentan a la historia
El esqueleto de los siglos.
Mi corazón está en el agua
Con las palmeras del estío.
Tengo en la tarde tus ojeras
Y un libro abierto de suspiros
Y está llorándome tu vida
Por este otoño que yo piso.
Oración al río Guadiana
Padre Guadiana que estás en el suelo,
santificadas sean tus aguas,
ven a nosotros con tu naturaleza
de paz y libertad
y no perdones la incivilización
de los hombres
que arrojan venenos en tus orillas.
Líbranos de las sequías y la muerte
de tus árboles y peces,
acaricia los cuerpos que disfrutan tus abrazos
y no los conviertas en muñecos de cera.
Pon en nuestros cuellos
farolillos de nenúfares
y líbranos para siempre
de las tiranías, odios y guerras.
Amén.
Fuentes:
- www.escritoresdeextremadura.com
-Página web de Manuel Pacheco
-Rosa María Lencero Cerezo, Selección de literatura universal
-Antonio VIUDAS CAMARASA, Introducción a la poesía de Manuel Pacheco.
- Salma









