La Matanza (XXV)
En aquellos días cualquier acontecimiento que se saliera de lo habitual era para nosotros motivo de algarabía, de eterna sensación festiva. Con los primeros fríos llegaba un ritual alegre y doloroso a partes iguales. Para mi comenzaba en el corral de mi abuela Clementa con los gritos del pobre cerdo cuando intuía su sacrificio, nunca he podido olvidar el dolor desgarrado de sus casi humanos chillos ante la proximidad de su muerte…
Era incapaz de entender como mi madre y mis abuelas se prestaban a semejante brutalidad, como podían emocionarse cada día con las novelas radiofónicas y quedarse impasibles ante la pena del pobre animal. En esos momentos imaginaba mil maneras diferentes de liberarlo de las garras de mi familia y del matarife que sin escrúpulo le daba el golpe de gracia. Sin embargo y como era de esperar nunca levanté un dedo para ponerlo a salvo, ¡en ese caso arriesgaba mi propia cabeza, y yo, era soñadora pero tonta no! Mi solidaridad con el pobre animal terminaba con una ensoñación y el deseo de evitarle sufrimientos. En esas fechas ni siquiera me planteé hacerme vegetariana. Cuando comía jamón nunca lo relacioné con las patas chamuscadas del pobre animal. El jamón era jamón y punto pelota.
Normalmente y en el mejor de los casos cuando llegaba del colegio el pobrecito ya estaba descuartizado, aunque, si la mala suerte se conchababa en mi contra y la matanza se hacía en fin de semana, las posibilidades de ser testigo de tan cruda realidad aumentaban considerablemente. Conforme cumplía años se me hacía más cuesta arriba, los desgarradores gritos me traspasaban los tímpanos y el alma. Cobardemente huía por el pasillo de mi abuela gritando y llorando de pena con las manos en los oídos haciéndole desleal competencia al infortunado. En los últimos años para evitarme el mal trago, mi madre insistía en que llegase lo más tarde posible. Ojos que no ven, corazón que no siente. Y eso es lo que pasaba, que absolutamente fiel al refrán me zampaba el rabo asado sin ningún remordimiento, y entonces el tumulto de vecinas y primas que abarrotaban la casa decían… ¡Coño con la niña, mucha pena mucha pena pero no le hace ascos a nada!.. Lo cierto es que era todo un acontecimiento, los días previos se convertían en una locura de correr de un lado a otro preparando barreños, artesas, cubos, maquina de picar carne, leña en abundancia. Nunca participé activamente en el trabajo, alguna vez nos mandaron a cosas insignificantes, pero creo que tenía más que ver con quitarnos del medio que con otra cosa. Sin embargo si que había un trabajo que tradicionalmente hacíamos nosotras y que estábamos encantadas de cumplir. Cada año, mi hermana y yo, o por separado, debíamos ir al ayuntamiento a llevar un trozo de carne para que la analizasen, nunca se dio el caso de que estuviese contaminada, así que, después de una larga cola de espera, de entregar el mínimo contenido envuelto en papel de estraza, volvíamos a casa de la abuela con la confirmación de que todo estaba en orden.
El revuelo por aquellos días era caótico, la casa se llenaba de vecinos, amigos, familiares cercanos y lejanos, parientes que apenas veías durante el resto del año. De la casquería del cerdo comíamos medio regimiento. Para los niños el rabo y los sesos (que no he vuelto a probar desde aquella época). El olor del pestorejo en el fuego se mezclaba con el del coñac, el vino, los ajos, el pimentón…
En un barreño alguien le daba vueltas a la sangre aún caliente mientras una voz decía, cuando termines nos ponemos a asar, y otra voz contestaba, echa un culín de vino y ahora seguimos. En el fuego había enormes cacharros llenos de agua hirviendo dispuestos a escaldar cualquier cosa escaldable y a su alrededor las mujeres arremangadas hablaban, reían y comían entre llenado y llenado de chorizo. Mientras, los niños entorpecíamos queriendo jugar con el fuego, intentado ayudar a llenar tripas en la máquina, servir café, asar rabo…
Queríamos ayudar y los mayores desconsideradamente nos echaban porque les estorbábamos. Normalmente siempre estábamos dispuestos a querer jugar en la calle, pero esos días la diversión y el alboroto estaban dentro, por lo que, si conseguían echarnos, al momento volvíamos con cualquier excusa y a pesar de las advertencias de los peligros del fuego volvíamos a colocarnos en sus cercanías para enredar con alguna ramita.
En fin, que lo que para nosotros eran días festivos, para los mayores era trabajo, cansancio y solidaridad entre vecinos y familia. Hoy por ti, mañana por mi….
- Lapriana
El Orgullo De Un Vendaje (XXIV)
Cada vez que pienso en poner fin a los cuentos acude a mi memoria momentos de gratos recuerdos, costumbres que se van perdiendo en aras de un nuevo estilo de vida, entonces decido plasmar otra vez, por última vez, aquellas vivencias, aquellos pensamientos de niña, aquellos recuerdos que tan gratos momentos me reportan al escribirlos y al compartirlos. Recuerdos de un pueblo como tantos otros, de un pasado aún reciente donde los vecinos sabían todo lo que acontecía en la casa de al lado, donde la solidaridad era moneda de cambio….estos cuentos son la visión de una niña, de todos los niños de aquellos días cuando para jugar solo se necesitaban tener ganas, solos o en compañía, desde luego mejor en compañía pero, si era necesario, también solos.
En aquellos días no era un drama un alpargatazo de la madre, los niños de entonces nunca nos traumatizábamos por una colleja, ni por un castigo sin tardes de pan y chocolate en la calle, ni por peleas con otros mas fuertes, ni por no tener la Nancy, ni por que otra con mas dinero la tuviese….ni por que te cantaran aquello de – gafita cuatro ojos capitán de los piojos- que por cierto nunca fue mi caso, aunque secretamente deseaba con todas mis fuerzas llevar gafas. Me pasé media vida diciéndole a mi madre que me parecía que las necesitaba, y ella, que me conocía como nadie, que sabía de mis teatros, de la ilusionada esperanza de ser portadora de un hermoso aparato en los dientes, o de una escayola en un brazo, o un vendaje importante en la cabeza, no me hacía ni puñetero caso.
Mi hermana sin embargo si las necesitó y, casualmente por esa época insistí mas de lo habitual pero…nada, nunca precisé nada que me hiciera sentir especial…lo mas cerca que estuve fue una vez que me picó un bicho insignificante en el huerto de mi abuelo Eugenio y pedí que me vendaran el brazo, mi madre accedió para no tener que escuchar una y otra vez que con un vendaje me dolería menos, durante tres días fui la niña más orgullosa del colegio, todo el mundo me preguntaba que me había pasado y, yo no mentía pero lo adornaba mucho…que si no se sabe que me ha picado, que si tengo el brazo hinchadísimo. A todas las dudas respondía con cara de aguantar humildemente un gran sufrimiento…lo cierto es que no fui la única que disfrutaba con vendajes innecesarios….
Un día que Maribel, Angelines, Leito, Valentina y yo buscábamos hojas de mora para nuestros gusanos de seda, ante la imposibilidad de llegar a la inmensa morera, decidimos lanzar sobre el árbol unas tejas que se amontonaban en los alrededores de una obra, en uno de los lanzamientos Maribel no pudo esquivar el efecto de la gravedad y recibió un impacto en toda la cabeza, sangraba según nuestro asustado criterio de manera alarmante, así que, huimos cobardemente a escondernos del delito, nuestra amiga corrió a su casa gritando que nos íbamos a enterar (y eso que ella también era parte culpable en el caso)…nosotras muertas de miedo nos escondimos en las cercanías de la consulta de Don Daniel y, efectivamente, al poco la vimos aparecer de la mano de su madre, durante el tiempo que permaneció dentro, nosotras escondidas en la alameda, agachadas y ocultas esperábamos muertas de miedo su salida. Por fin asomó a la calle, ¡Dios mío! …llevaba un vendaje integral cubriéndole la cabeza.
Agazapadas cobardemente tras los bancos del paseo observábamos como se alejaba de la mano de su madre y, no pudimos evitar una mezcla de pena, envidia y preocupación, ella salió orgullosa, nos pareció que con muchas posibilidades de seguir viviendo. Mientras, nosotras las convictas, nos devanábamos los sesos sin saber si huir al monte, esperar a que nos pidieran responsabilidades penales, enfrentarnos valientemente a lo que quiera que nos esperase, o encerrarnos en casa de por vida… en fin, que mucho tiempo después, algo así como un par de horas más tarde, Maribel, con su cabeza vendada nos buscó para decirnos que ya no estaba enfadada.
Ese día nuestra amiga fue una niña digna de todas las envidia. Ya por la noche, cuando después de correr y sudar el vendaje empezó a picarle en la cabeza, se lo quitó y fue un poco desilusionante, hasta nosotras, con toda nuestra carga de ingenuidad pudimos entender que el médico había querido obsequiarla con un gran regalo, el mejor de todos, la hizo protagonista absoluta de todas las miradas por un día….
- Lapriana
AVENTURA EN EL PERPETUO SOCORRO (XXIII)
Pues eso…. hablando de médicos me viene a la memoria un recuerdo que pone de manifiesto el mundo infantil y la manera de interpretar o entender aquellos días…
El tema de mis continuos resfriados y las fiebres que lo acompañaban traía de cabeza a la familia y al médico, por lo que el todopoderoso Don Daniel decidió que había que operar las amígdalas. La palabra operar me sonó bien, no le di importancia, como no sabía que era, tampoco me preocupaba….
Durante los días siguiente supe que había que ir a Badajoz, la idea me encantaba, para mi significaba algo parecido a una aventura exótica…el viaje, la ciudad casi desconocida, gigantesca, llena de gente, de coches, bulliciosa, con un ruido casi infernal… estaba encantada con lo que me esperaba…me libraría del colegio y eso por si solo ya era un hecho considerablemente bueno, así que, durante los días que precedieron al viaje lo pasé estupendamente contándoles a mis amigas la suerte que me esperaba, no hablaba de otra cosa…que si ya falta poco, que si vamos a madrugar mucho, que si mi madre me ha dicho que también vienen otras niñas, que si no las conozco, que si voy a estrenar un abrigo precioso, que si después de la operación durante muchos días solo voy a poder comer helados…¡menuda suerte había tenido! ¡ni yo me lo creía !…por supuesto mis amigas pensaban lo mismo…¡me había tocado una especie de lotería!.
Y llegó el día…me levantaron apenas despuntaba el alba, nos fuimos a la plaza, mi madre guapísima y yo como una princesa mulata con mi vestido y abrigo nuevo, nerviosa por el viaje, por toda la aventura que me esperaba… había más madres con sus niñas, todas íbamos al médico, todas monísimas, nos montamos en una furgoneta que habían alquilado, resultaba mas cómodo que el autobús y el horario era el que nosotras marcáramos.
Y, llegamos al hospital… del momento antes de cortar las amígdalas solo recuerdo lo bien que lo pasé en la inmensa sala de espera, la preciosa puerta giratoria del Perpetuo Socorro, lo divertido que era jugar dando vueltas en ella, mi madre y las de las demás niñas junto con muchísima gente sentadas esperando, tenia algo de hambre pero mi madre curiosamente no me hacia mucho caso, decía que mas tarde… por fin me llamaron, por fin iban a operarme, corrí a la puerta por la que ya habían desaparecido antes que yo otras niñas, me esperaba una enfermera, entré expectante, llena de curiosidad, ilusionada, contenta, casi saltando, seducida por lo desconocido… ¡a ver que era aquello de operar!…. de pronto mis ánimos cambiaron de repente cuando vi la sala, enorme, con una luz amarillenta y mucha gente con bata blanca, una silla negra muy sospechosa, vitrinas con aparatos que no me inspiraban ninguna confianza…di un respingo y quise retroceder pero, ya me habían echado mano y me estaban acompañando hacia el sillón de malos presagios, allí me rodearon las enfermeras, al menos recuerdo a dos, me hacían preguntas simpáticas pero yo solo tenía ojos para el médico que trajinaba sospechosamente dándome la espalda, deduje que nada bueno me esperaba, mis esperanzas estaban puestas en la puerta que no perdía de vista ni un momento, en mi cabeza un solo pensamiento, escapar de allí, empecé a vislumbrar una posibilidad de salvarme de lo que quiera que fueran a hacerme…. de pronto esta se abrió, entró alguien con papeles y mis carceleras se despistaron unos segundos, momento que aproveche para darles un empujón y huir… no les di tiempo a reaccionar, salí derrapando por los pasillos, corriendo a ciegas, huyendo de lo que quiera que fueran a hacerme, de lo que me esperaba (que a estas alturas ya tenía la seguridad de que no era nada bueno), corría llevándome por delante cualquier cosa, sin saber hacia donde ir, hacia donde correr o donde esconderme, presintiendo a mucha gente detrás, torcía por un pasillo a la derecha, por otro a la izquierda, corría desesperada, ni siquiera gritaba, toda mi atención estaba puesta en ser mas rápida que los que me seguían, entre las voces que me increpaban distinguí claramente la de mi madre, algo me decía que ella estaba en el bando contrario, me llamaban, gritaban a la gente que me atrapasen pero, era como un toro de miura embistiendo cualquier cosa que se moviese, no había quien me parase, empezaba a creer que esta batalla la ganaría yo cuando de pronto … me topé con una especie de muralla humana surgida de la nada, una barriga desconocida que freno mis ansias de libertad y me entregó al enemigo, mi gran evasión llegó a su fin cerca de las cocinas, el recorrido fue bastante considerable. Me llevaron de nuevo a la sala de torturas ante las risas de todo el personal y el enfado de mi madre que me acusaba de haber dado un espectáculo bochornoso…
Después de todo aquello no recuerdo si me dolió o no, solo me acuerdo de la segunda parte…que fue el regreso a casa y los helados que me vi. “obligada“a comer mientras leía un montón de cuentos nuevos que me compraron para sobrellevar la convalecencia.
EL MÉDICO Y EL PRACTICANTE (XXII)
En mi infancia era toda una institución, Don Daniel, un hombre que me imponía de manera sobrecogedora, el decidía si había que torturar o perdonar pecados…quiero decir, si había que recurrir a inyecciones o a un dulce jarabe. Tenía mi vida en sus manos, su decisión (que yo creía que era puramente caprichosa) hacía que fuese una niña extraordinariamente feliz durante los día que duraba el jarabe o, que fuese la mas desdichada del mundo cuando recetaba sus caprichosas agujas…. A consecuencia del antojo banderillero y coincidiendo con alguno de mis múltiples resfriados, al día siguiente de acudir a su consulta irrumpía en mi casa un hombre insensible a llantos, a gritos lastimeros…durante unos días el olor alcohol quemado inundaba la habitación, ese intenso olor precedía a mi desdicha, para que quedase constancia de mi desacuerdo empezaba a llorar en cuanto el banderillero llegaba con su bacinilla de acero inoxidable, su maletín negro cargado de agujas, de algodón…el, sordo ante mis gritos vertía alcohol en el recipiente plateado y desinfectaba la aguja. Si estaba atenta y escuchaba la puerta no dudaba ni un momento en esconderme debajo de la cama, mi sitio favorito para huir de los problemas que por aquellas fechas acuciaban mi vida, creía que era un sitio seguro, durante mi tortura lo intentaba cada día, inocente de mi pensaba que si no me encontraban acabaría yéndose con su maletín de sacrificios, la verdad es que no fui muy imaginativa a la hora de ocultarme pero, lo cierto es que al menos se lo ponía difícil… al final terminaba cediendo ante la cara de mi madre que tumbada en el suelo asomaba amenazadora debajo de la cama, o la zapatilla malintencionada con la que intentaba darme para hacerme salir, o la voz del hombre del saco cabreado diciendo que no podía perder mas tiempo, o la promesa de que sería la última, que ya era la última… inocente y confiada desenroscaba el ovillo que había hecho con mi cuerpo, abandonaba el sitio mas seguro de la casa, el de más difícil acceso para los mayores, recelosa salía de mi inaccesible escondite para sucumbir ante el enemigo, todavía con ganas de presentar batalla cuando ya parecía que me había rendido intentaba un último asalto con patadas a diestro y siniestro, aunque me temo que ambos estaban prevenidos porque solo en alguna ocasión conseguí acertar…. Y esto sucedía diariamente mientras duraba la condena, consciente de que todo el drama era por obra y gracia del médico….
Un puro capricho de Don Daniel, el hombre que conocía la vida y misterios de todos y cada uno de los habitantes del pueblo, hasta los secretos mas ocultos eran conocidos por el, sabia como funcionaba cada casa, del pie que cojeaba cada vecino, las debilidades, las fobias, la capacidad de dolor, la hipocondría, las mentiras de los niños, LO SABIA TODO…mis visitas eran frecuentes y siempre por el mismo motivo, estaba perennemente constipada, cuando entraba en aquella sala en semipenumbra acompañada de mi madre, todo era objeto de sospechas…. el flexo iluminando sus ojos azules que me miraban para sentenciar, la mesa de solemnes patas labradas de madera oscura, llena de papeles, la camilla donde debía tumbarme para auscultar mi pecho y mi espalda, los cuadros de esqueletos, de músculos y tendones, la blanca vitrina con instrumentos de tortura, el peso, el fonendoscopio colgando de su cuello, el olor a tabaco y alcohol de romero, a recelos de agujas, a sabor del palo de abre la boca que te vea como tienes esa garganta, la papelera llena de algodones de un sospechoso color rojo oscuro y, mi miedo, era entrar allí y temer de sus miradas, sospechaba de su sonrisa, de su seriedad, de sus preguntas que casi nunca acertaba a responder….
- Te duele mucho- preguntaba, y yo balbuceando respondía – regulin regulan- .
Un día que la lluvia había amainado, jugaba sola en los alrededores de mi casa, chapoteaba en un charco con mis botas de goma maravillándome de no mojarme los pies cuando sentí que me agarraban brusca e inesperadamente y me daban unos sonoros azotes en el culo…era Don Daniel, muy enfadado me dijo – ahora vas y se lo dices a tu madre, que ya estoy harto de verte por la consulta-
Por supuesto que no se lo dije, eso hubiese sido confesar mi delito, era consciente de que me debilidad a los constipados se debía a mi debilidad por los charcos. De todas formas, poco después mi madre se enteró, en los pueblos no había secreto que no saliese a la luz…
Por todo lo que representó, por la de veces que tuvo que salir en la madrugada a atender a sus pacientes, por aquellos días en que un solo hombre era capaz de cuidar de la salud de varios miles de personas…para todos los Don Danieles de la época, para todos los practicantes que eran motivo de miedo para los niños, por los desvelos que sufrieron, por lo bien que lo hicieron con tan pocos medios, por soportar a tanto enano llorón lanzando patadas….un millón de gracias.
- Lapriana
Vestidos Feos (XXI)
Entre encuentros, desencuentros, alegrías, despedidas, lecturas, juegos y despistes en ese limbo de la extraña edad, ni niñas ni adolescentes…empezábamos a asomar a la edad del pavo, a ese borde entre el mundo de la infancia que se iba y la adolescencia que aún no llegaba…andábamos algo perdidas entre dos universos, el que nos resultaba tan familiar y ese otro por descubrir, los dos eran a nuestros ojos igual de atractivos, era una buena época, no resultaba extraño jugar por la mañana y emperifollarnos por la tarde para salir con nuestra pandilla, todos conocidos desde nuestros primeros pasos en los juegos y meriendas de Pralin y Nocilla , algunos, solo unos cuantos de veranos antes habían sido enemigos de juegos, de batallas callejeras, de tirones de trenzas, de persecuciones y miedos con algún bicho asqueroso cogido por el rabo para echártelo a traición por la espalda, ahora éramos amigos, nos gustábamos, nos lo pasábamos bien juntos, planeábamos salidas al campo para el día de los Santos, planeábamos aventuras, nos parecía que siempre sería igual, que siempre seríamos aliados, que nuestros futuros estarían unidos de por vida….a nosotras empezaban a controlarnos las horas de llegada a casa, ahora había que rendir cuentas de casi todo, esta edad empezaba a pasar facturas bajo la supervisión de nuestras madres, aún mandaban ellas, incluso a la hora de vestir tenían la última palabra, todavía dominaban en nuestros armarios…en ese extraño limbo, a Angelines y a mi nos hicieron unos horrorosos vestidos de niña, feos, ( así, sin mas adornos ni calificativos) debieron de comprar algún retal a buen precio y nos lo endiñaron a nosotras…feos con ganas, con ansias de ser feos, de ganar un primer premio al mal gusto, a la mala combinación de colores y diseño ¡vamos, todo un drama para nuestra autoestima!… a pesar de las protestas, de nuestras caras de asco, de nuestras amenazas de “prefiero no salir,” el vestido había que amortizarlo poniéndoselo como mínimo un día a la semana…todo un drama para dos niñas que empezaban a presumir, a querer gustar a alguien, a pensar en trapitos, ¡menudo disgusto nos dieron a costa del mal gusto de nuestras madres! no nos quedaron otra opción que obligarnos a pensar y… hallamos la solución juntas, como casi todos los problemas que habíamos tenido hasta entonces, resolvimos pasar el calvario unidas y ocultas a los ojos de quienes no queríamos que nos vieran, decidimos ponernos de acuerdo para mal lucir el traje de pequeñas muñecas repollos, acatamos las ordenes que llegaban desde las alturas … con trampas.
El día que por imposición materna tocaba puesta obligada de traje horroroso, ese día, con todo el dolor del mundo no quedábamos con nadie, pasábamos el mal trago de incógnito, casi como proscritas nos escondíamos para que no nos viesen nuestras amigas, un pequeño sacrificio sin importancia con tal de ocultarnos de los niños que nos gustaban, de la vergüenza que nos suponía aquellos vestidos repollos, la tarde que tocaba condena nos moríamos de aburrimiento comiendo pipas en las laderas del castillo hasta que llegaba la hora de irse a casa que…. casualmente y a diferencia de otros días llegábamos con una puntualidad de absoluta precisión. Hoy nos causa risa recordarlo pero en aquellos días veraniegos que empezábamos a ser conscientes de la imagen, suponía un autentico disgusto que supimos resolver ocultándonos entre las piedras de las laderas con un toque de ingenuidad y muchos paquetes de pipas entre largas conversaciones de dos preadolescentes que soñaban un futuro de adultos a la vuelta de la esquina, entre aquellas cáscaras de pipas que se amontonaban a nuestros pies crecíamos con la confianza de que el mundo nos aguardaba con los brazos abiertos, de que todos seriamos amigos para siempre, curiosa e irónicamente de aquella pandilla tan importante para nosotras hoy no quedan ni los saludos mas básicos, ni tan siquiera sabemos que fue de algunos componentes, solo la amistad de unos cuantos ha permanecido a través del tiempo, fue Angelines, hace unos días la que me recordó la historia de los vestidos…..
Para ella, solo para ella es este cuento, para que vuelva a reír con las aventuras y desventuras de dos locas soñadoras que en mas de una ocasión se tiraron de los pelos, que después de la tormenta volvían a ser amigas… que después de enfadarse en multitud de ocasiones volvían a ser amigas, que después de caminar por veredas diferente volvían a encontrarse y a ser amigas… por esas historias…por esos encuentros, desencuentros y reencuentros… para ti Nines, para que recuerdes mas episodios y para que siempre volvamos a descubrirnos…. Va por ti, torera.
- Lapriana
EL REENCUENTRO EN LA CASA DEL MONTÍCULO (XX)
Igual que el reloj que mi padre fabricó para mi, mis sueños infantiles de princesas y hadas iban y venían, hoy adoraba las aventuras de Salgari y de Verne y mañana pensaba que si alguien había escrito sobre un mundo fantástico era porque alguna vez existió, quizás aún en algún lejano rincón de este mundo se escondían seres de apariencia diferente….
Entre tanto, nos dejábamos mecer en el limbo de la edad… hoy creo… mañana soy escéptica, vuelvo a creer en que el universo esta lleno de grandes misterios… todos los misterios los han resuelto unos señores enchaquetados, serios, aburridos y grises…aunque cabía la esperanza de que se equivocasen y el cosmos no fuese tan circunspecto como ellos proponían..
Ya lo decía Julio Verne…y el era un señor en toda regla, en el centro de la tierra había un universo parecido al nuestro…aún quedaban esperanzas
Así transcurrían aquellos días, aquellos últimos veranos ociosos, consciente de algunos cambios, aferrada a los últimos resquicios fantásticos, esperanzadas con ensoñaciones que tenían fecha de caducidad, aquellos veranos podían convertirse en los mejores, en los mas alegres, los mas divertidos, los mas deseados…todas esas sensaciones se abrazaban y confluían cuando veía a mi abuela Clementa preparar la casa para la venida de mis tíos, desde que me enteraba de su inminente llegada hasta que esta se producía, la espera se me hacía eterna…¿Cuántos días faltan, cuantos días se van a quedar?…¿cuando?…ya falta poco, verdad…
Debía de ser tremendamente cansina, seguro que aburría hasta a los mismísimos ángeles con la misma cantinela…hasta que llegaba el gran día…
Quería a mis tíos y adoraba a mis primos…especialmente a José Antonio, con él no existía el aburrimiento, esa cabecita estaba siempre ideando algún plan…creo que mi abuela le temía, tenía fama de no parar de tramar inventos pero…era buenísimo, solo que no veía el peligro…manejaba el tirachinas mejor que Robín Hood el arco, sabía subirse al burro del abuelo casi de un salto, recuerdo una siesta…en el corral de la abuela, con un calor tan sofocante que incluso a las chicharras les daba pereza cantar, desatando el burrito del abuelo José, con una confianza y una seguridad tan aplastante que hasta yo creí que no nos reñirían, que lo mas normal del mundo era que unos niños sacaran sin permiso de nadie el burro a la calle… lo consiguió, yo fui mas cobarde y me amedrenté ante las dudas y la posibilidad de que nos pillaran, pero el, lo desató, lo montó, lo sacó y se paseó como un héroe de película a lomos de su caballo…era el mejor…donde ponía el ojo ponía la piedra…si apuntaba a la vasija de barro que alguna mujer llevara sobre su cabeza, a buen seguro que le daba, alguna vez su puntería fue tan perfecta que dio en el blanco, partió la vasija, se derramó el agua y el cabreo de la victima le salpicó, no había distancia que no pudiese solventar…lo malo de sus heroicidades y de su atrevimiento es que no se fiaban de el, que cualquier cosa que apareciese rota o fuera de sitio era el primer sospechoso…aunque sus secuaces tuviésemos el mismo grado de culpabilidad, el pobre mío ya se había creado una fama que le precedía donde quiera que fuese…lo mejor era que el aburrimiento no existía en su vocabulario, ni en su cabeza, y la casa de la abuela en verano se prestaba a horas y horas de juegos, en esos días estaba llena de gente, de vida, de actividad…mi madre iba y venia a cada rato, cualquier momento era bueno para estar con su hermana, con sus sobrinos…
Por la noche, debajo del parral del patio se hacían largas tertulias…Juana (la moradora) que era una mas de la familia, Eulogio (su marido), Isidoro, sentado entre las piernas de su padre…unos años venían mis tíos Alejandro y Pepa con mi primo Alfredo y otros, mi querido tío Andrés y mi tía Antonia, con mis primos José Antonio el travieso, y Clemen….
Nunca olvidaré el olor que desprendían las flores de aquel patio que con tanto mimo cuidaban mi abuela y Juana, la puerta de hierro que separaba el patio del corral, en la que nos columpiábamos meciéndonos en ella sin que la abuela nos viese, la cocina de lumbre, las damajuanas (garrafas de cristal) que había en la alacena, el molinillo del café, la mesa baja donde el abuelo comía pan con tocino que cortaba con un navaja, el hogar con el puchero sobre la leña…las gallinas en el corral, las bestias en la cuadra, las sábanas blancas secándose al sol, la casa llena de gente que venían a saludar a los recién llegados y,… este cuento con mis mejores recuerdos para todos los que una vez moramos entre aquellas paredes que siempre y de por vida nos pertenecerán…
- Lapriana
LOS DEBERES DE LA VIDA (XIX)
A partir de nuestra afición a la lectura juvenil, nuestros gustos también cambiaban, en la tele ya no nos atraía con el mismo ímpetu el capitán Tan, Locomotoro, Valentina, los hermanos Mala Sombra, ya no nos íbamos a dormir cuando salía la familia Telerin cantando…vamos a la cama que hay que descansar para que mañana podamos madrugar…
No recuerdo como seguía la canción, sin embargo puedo describir a la perfección que es lo que estaba haciendo a esa hora en las tediosas noches de invierno… aún andábamos intentando terminar los deberes del cole, que eran tantos que asombrarían a los niños de ahora, mi madre nos invitaba a despejar la mesa del comedor repleta de libros, rotuladores, libretas, lápices, gomas de borrar…noche tras noche la misma rutina, las mismas palabras…es que no habéis tenido tiempo en toda la tarde, es que no veis que hay que llegar antes a casa, ¡es que esto no puede ser! mañana os recogéis mas temprano, mañana primero los deberes, después la calle.
Al final, el peso de la costumbre se imponía y la calle iba siempre antes que los libros, principalmente por una razón de peso, en cuanto se ponía el sol empezaba a invadirnos un frió glacial que incluso a nosotras nos desagradaba, así que, primero el bocadillo en la calle, después los libros en casa, algunas veces compartíamos las tareas del colegio con nuestras amigas o con alguna compañera….o, lo que viene a ser lo mismo…¡.no hacíamos nada! a mi lo de compartir y estudiar con alguien al lado nunca se me dio bien, cualquier cosa me hacia gracia, cualquier tontería merecía un comentario, todo era motivo de risas escandalosas…al final, llegaba la hora de los muñecos y yo, noche tras noche intentando terminar y prometiendo que mañana sería diferente.
Durante esa época, mi padre se propuso enseñarme la hora, quiero decir, se propuso instruirme en los entresijos y misterios del reloj, como no eran digitales había que saber como iban las agujas, confieso que era torpe o no le ponía la suficiente atención, me enseñaba con una perfecta réplica de cartón fabricada por él. Mi querido maestro cambiaba las agujas, que eran unos palillos, a voluntad, tratando de enseñarme todas las incógnitas de las horas…¡no había manera! odiaba los relojes, creo que tardó algunos meses en hacerme entender los embrollos de los cuartos, la medias, las enteras…movía los palillos y me preguntaba que hora era… yo, de rodillas sobre la silla miraba la tele de reojo, disimuladamente vigilaba a ver que hacia mi hermana, miraba un millón de veces hacia la cocina a ver si mi madre ya me tenía listo el Cola Cao, a mi gato Moni que dormitaba bajo la mesa…cualquier cosa me distraía, albergaba la esperanza de que se abriese la puerta de la calle y entrase mi abuela a por sal, a por azúcar, a decirle a mi madre que si se había enterado de tal o cual cosa, de que se había muerto fulanita o menganito…lo que fuese con tal de acabar con la lección del reloj… si llego a intuir la proximidad de la era digital ¡a buenas horas pierdo el tiempo!…
El mío y el de mi padre, que buena paciencia le echó al trabajo, que buenos sudores y ganas de darme mas de una colleja tuvo que contenerse y que por supuesto mas de alguna me dio, ¡pero ni por esas!…mi mente estaba en otras cosas…en ver si podía quedarme un poco mas, en que me dejasen ver el estudio uno, en pensar en una ruta alternativa para ir al colegio sin pasar por la puerta de Marisa, donde cabía la posibilidad de que me pillasen sus hermanos para ajustar cuentas por algún mal entendido con su hermanita, que a mi parecer era la niña mas protegida del pueblo, si le hacías algo y salías vencedora, al día siguiente tendrías que vértelas con ellos, los vengativos superprotectores hermanos…así que, mientras mi padre me explicaba, mi cabeza ideaba esa ruta alternativa o, el vestido que iba a ponerme al día siguiente o, donde iba a ir con la bici, o si iba a tener tiempo de patinar un rato o, lo que echaba en falta un hermano mayor que me protegiese… aunque tampoco me fue tan mal, unas veces con mi fuerza, otras con mi ingenio y otras con la velocidad de mis piernas no tuve demasiadas dificultades y cuando las tuve, supe afrontar humildemente las derrotas. El reloj sin embargo fue una aburrida pesadilla que tardé bastante en dominar, y eso que mi querido maestro dejó para mas adelante la versión con números romanos, menos mal que con el tiempo aprendí a centrarme en las explicaciones…quizás jugase a favor los minutos y las horas que corrían al amparo de su persistencia a la vez que me alejaba a pasos agigantados de ese mundo lleno de pájaros en la cabeza, de fantasías de niña…
- Lapriana
OLVIDANDO UN MUNDO, DESCUBRIENDO OTRO (XVIII)
También hacia inversiones culturales, una buena parte de los ahorros y ganancias que obtenía con los recados de mi abuela iban para cuentos infantiles, muchos de ellos comenzaban con….Erase una vez…Había una vez.. Yo creía firmemente en que una vez todas aquellas historias fueron ciertas, creía en un país muy lejano con brujas que volaban en escobas, en que las princesas solo por el echo de serlo eran bellas, rubias, con el pelo lleno de tirabuzones sedosos, creía en las hadas, soñaba con encontrarme a una, sabia que habitaban en los bosques encantados, que eran sus lugares predilectos para vivir, estaba convencida de que no las veía por una cuestión circunstancial de mala suerte…aquellas historias que leía tenían que haber sido reales, en algún lugar muy lejano vivía Juan sin miedo, Pulgarcito, Pinocho, la Ninfa de la espuma…pero claro…en mi pueblo no había lagos como los de los cuentos, rodeados de piedras donde las ninfas saliesen a mecer sus largos cabellos, donde pudiesen esconderse entre los nenúfares, donde jugar bajo la espuma que originaban las cascadas de aguas cristalinas…
Una vez, revolviendo por mi casa, me encontré un libro en un trastero de difícil acceso para una niña, aquel hueco donde mi madre guardaba el cochecito de cuando nosotras éramos unos bebes, donde la cuna descansaba apoyada por unos ganchos en lo alto de la pared, donde un sin fin de objetos inalcanzables para mi corta estatura se me antojaban trofeos obtenidos por mi padre en alguna incursión a aquellas lejanas tierras…aquel viejo libro de tapas ajadas, con hojas apenas sujetas por hilos que amenazaban con desprenderse en cualquier momento, fue el pasaje a aventuras menos infantiles, más exóticas, fue el secreto que supe mantener oculto durante una larga temporada, no podía decir que había asaltado aquel trastero porque mi madre nos lo tenía prohibido, en mi fantasiosa imaginación daba por cierto que allí se ocultaban grandes misterios, en la prosaica realidad, mi madre odiaba el desorden y las manos de una niña en un hueco de medianas proporciones abarrotado de trastos era una bomba a punto de explotar, así que, mantuve mi incursión y el alijo oculto, en aquel libro esperaba encontrar algún dato significativo y esclarecedor de ese mundo que solo encontraba en los cuentos, algún dato sobre las heroicidades de mi padre, algún viaje de los que por alguna extraña razón yo le atribuía…
Así que, con el botín entre mis manos me acomodé en una habitación donde se guardaba el picón para el brasero, donde había un viejo baúl con un candado, unos bidones con aceite para cocinar, una moto destartalada que estaba allí desde antes de nacer yo y a la cual otorgaba innumerables episodios…me senté en el suelo, bajo la tenue luz que se filtraba por una pequeña claraboya y leí la primera página del Misterio de la Jungla Negra de Emilio Salgari, aquel libro del que solo recuerdo algunos pasajes y del que doy fe que volveré a leer, me abrió una puerta a otro mundo, empezó a alejarme de mis fantasías infantiles e hizo que el corazón me latiese a toda velocidad con aquel héroe al que le puse cara, voz, cuerpo…cada día buscaba un hueco para leer un rato a escondidas, cuando mi tardanza se hacía evidente mi madre me llamaba a voces diciendo con un retintín sospechoso “no estarás liando alguna de las tuyas”…yo estaba convencida de que estaba infringiendo alguna norma, no quería ser pillada y poner al descubierto el asalto trasteril…un tiempo después, mi abuelo Eugenio me pillo in fraganti tratando de ocultar el libro, lo cogió, miró la ajada tapa, ante mi asombro me lo devolvió sin darle importancia, diciéndome que, cuando lo terminase me dejaría otros del mismo autor, que no sabia donde estaban, que los buscaría, que probablemente mi padre tuviese alguno en casa.
No dije donde había encontrado aquel, nadie preguntó, deje de esconderme para leer lo que creía que era un libro de adultos, esclarecedor de los misterios de la vida… a partir de entonces, los cuentos, las ninfas, los gnomos, las brujas…empezaron a diluirse en el tiempo, aquel encuentro con Emilio Salgari. fue decisivo, mas tarde, junto a mis amigas del alma, descubrimos a Julio Verne, a Dumas…después… nuestra infancia se esfumaba a la misma velocidad que nosotras olvidábamos los cuentos de hadas….
- Lapriana
La Señá María y La Alameda (XVII)
Nunca vi. a la Señá María enfadarse ni meternos prisa ante nuestras infinitas indecisiones, ante los continuos titubeos y cambios de opinión sobre lo que íbamos a comprar, preguntábamos el precio de todas las chuches para terminar llevándonos siempre lo mismo, pipas y chicles, que era lo mas barato y lo que más duraba…ella siempre permanecía calladita, mirando, soportando serenamente los índices estirados apuntando al objeto de nuestro deseo, preguntando …¿y eso cuanto cuesta? .
Siempre fue discreta ante nuestros torpes gestos de contabilidad, paciente ante la lentitud y las veces que recontábamos las monedas a la espera de que por obra y gracia de un inesperado milagro se multiplicasen para poder llevarnos una buena cantidad de aquellas delicias del mejor puesto que nunca hubo en el pueblo. Estaba situado debajo del templete de la música, frente a la Plaza de España, lugar estratégico de paso para las laderas y al lado del paseo más importante del pueblo, la Alameda, precioso y coqueto rincón donde se daba cita cada día multitud de personas, desde mamás con sus niños, a parejas, pandillas de jovencitos….todo el mundo en sus salidas de ocio terminaban encontrándose en este concurrido, coqueto y bullicioso paseo, en primavera y especialmente en las noches veraniegas era un continuo trasiego de gente, las señoras les daban mil vueltas mientras charlaban animadamente agarradas del brazo, a nosotras en época estival nos dejaban hasta la hora de la cena o hasta que el hambre te hacía volver a casa, se nos pasaban volando las horas jugando a patinar, esquivando hábilmente a las mujeres agarradas del brazo, las cuales parecían tener siempre que hacerse un millón de confidencias, una estampa muy de la Alameda, si hubiera que definir este paseo, sería ese, el de las confidencias amigas..
En invierno era algo triste, solo los domingos y días de fiesta se veía con tanta gente como en las noches veraniegas, el resto de la semana, especialmente por las mañanas, era tierra y dominio de jubilados, mi abuelo Eugenio adoraba la Alameda, si por alguna razón había que buscarlo a causa de algún imprevisto, era tarea fácil, todos los días a la misma hora en el mismo lugar, bajo el sol, junto a sus amigos, su garrote y su eterna sonrisa cuando te veía aparecer, con cierta frecuencia solía dejarme caer como quien no quiere la cosa y… el solía darme alguna pesetilla que yo invertía sabiamente en el puesto de la Señá María (como estaba mandado).
Hoy, después de tanto tiempo, reconozco que apenas visito mi pueblo pero, las poquísimas veces que voy, cuando paso por la Alameda siento como una punzada en mis entrañas, un dolor que atenaza mi garganta, es triste tener que controlar las emociones que me asaltan cuando miro el rincón de mi abuelo y me resulta tan cercano su recuerdo, es como si solo un rato antes hubiese estado sentado allí, tomando el sol de invierno o de primavera junto a sus amigos de juventud, cuando paso por ese rincón, cuando mis sentimientos están en el ojo del huracán de mis mas tiernos y agradables recuerdos, cierro mentalmente los ojos y le estampo un beso a el, después cortésmente saludo a los acompañantes.
Es mi rito, mi liturgia de lugar…. a continuación miro las escaleras situadas al lado del templete de la música y veo a una niña bajando a toda prisa a invertir el dinero en chicles Bazoka, en pipas o en cromos de algún álbum que causara furor en aquellos días.
Este es mi pequeño homenaje a una señora que nos endulzó la vida y el carácter. Que nos enseño sin ella saberlo que la esperanza y la ilusión van unidas de por vida…. Nuestros sueños infantiles eran de una sencillez abrumadora, durante años soñamos con hacer una cata de todos los productos que allí se vendían, nos hicimos mayores con la esperanza de poder conseguirlo…
- Lapriana
El Mejor Teatro Y El Mejor Ambiente (XVI)
Por cierto, que pase muy buenos momentos en el gran teatro Talía, ya se que no tenía edad para ir a ver obras teatrales no infantiles, pero mi abuelo Eugenio adoraba las tablas y en aquellos días no había muchas oportunidades para disfrutar de este arte, a mi abuela no le agradaba demasiado y a él no le gustaba ir solo, por lo que siempre me llevaba, entender de que iba la cosa, yo no entendía mucho, pero me gustaban aquellos señores hablando continuamente sobre el escenario, me gustaba mirarlo a el y verlo tan atento, riéndose o aplaudiendo, o emocionándose…yo lo observaba de reojo y, si el aplaudía pues yo también, si el reía, pues yo reía, si el se emocionaba, entendía que algo importante estaba pasando….supongo, que gracias al rechazo de esa soledad impuesta aprendí a disfrutarlo de una manera especial, siempre que voy al teatro lo recuerdo con mas fuerza, lo siento mas cercano, se que de alguna manera está acompañándome, creo que gracias a el disfruto mas intensamente como espectadora…
Hubo una obra que de niña me impactó, repito que no entendía ni de connotaciones, ni de ironías, ni de dobles sentido, ni siquiera la trama la tenía clara la mayor parte del tiempo, pero él me explicó que íbamos a ver la Malcasada (de Lope de Vega) y ¡oye! me gustó, hubo momentos en los que me reí no por imitarlo a el, si no por haber entendido lo que contaban, fue todo un descubrimiento, ese día me enamoré del teatro, de las historias que se vivían sobre las tablas…fue un día especial.
Esto solo sucedía durante las ferias, algunas veces venían compañías menos conocidas pero, no tenían la calidad del gran Talía, (eso decía mi abuelo). El circo era otra de nuestras aficiones, como yo era su nieta mayor pues gozaba de ciertos privilegios que no tenía mi hermana, así que, también nos íbamos juntos a ver el que se instalaba a las afueras del pueblo, de vez en cuando, fuera de ferias venían algunos más pequeños y, por cierto que mi madre y el resto de las vecinas tenían especial cuidado por esos días en no quedar las puertas de casa abiertas, por lo de los forasteros en el pueblo…
Mi afición al contorsionismo, al trapecio y al mundo circense, se lo debo a mi abuelo, a las horas de circo que pasamos en el gallinero del mismo ¡que suerte tuve de que su parte de niño, la que dormía durante el resto del año, despertase de manera intensa durante aquello días!
Las demás atracciones las visitaba y disfrutaba con mis amigas, especialmente las que eran a plena luz del sol, como la cucaña, todo un espectáculo de fuerza, destreza y habilidad….los jóvenes del pueblo participaban en aquel juego que favorecía especialmente a los mas fibrosos, la cosa consistía en subir por un palo (nosotras decíamos que estaba untado con jabón, pero es posible que solo fuesen deducciones nuestras ) muy pulido y llegar hasta arriba donde coronaba un jamón, imagino que además del prestigio conseguido, el jamón también ejercía una atrayente influencia.
La coronación de la reina era todo un acto social, cientos de vecinos se agolpaban para ver a aquellas chicas guapísimas vestidas como autenticas princesas, todas estaban preciosas y el ambiente era tan festivo, venían gente del campo, de otros pueblos, volvían tantos vecinos que por necesidad habían tenido que irse a vivir a otras ciudades que, el pueblo se llenaba de caras desconocidas para mi pero muy conocidas para los mayores, todos se saludaban, los hombres se abrazaban dándose golpecitos en la espalda, las mujeres no paraban de darse besos y de hablar del tiempo, de cómo pasaba, de la vida, de los hijos, de cómo crecían, de sus tiempos de juventud, de otras ferias de antaño, hablaban de cómo Dios propone y la vida dispone, y los niños mientras tanto saboreando el bullicio de aquellos días, de aquellas tardes, de aquel perfume a fiesta, de aquellos vestidos estrenados para la ocasión, de los zapatos nuevos… hasta el cielo tenía un color diferente, los atardeceres eran tan cálidos que las alturas se cubrían engalanándose de rojo, al anochecer miles de cohetes llenaban los cielos y la gente lo inundaba todo, la plaza, la alameda, las laderas, el anden de Don Daniel…a mis ojos, solo en mi pueblo todo era tan bonito, tan cercano, tan rebosante de magia cotidiana, estaba claro que eran las mejores fiestas del mundo…imposible competir con tanta perfección, sería como intentar competir con un puesto de chuches mejor que el de la “seña María” , eso sería casi sacrílego, su puesto era el mejor del pueblo y ella…la mas dulce y la más paciente….
- Lapriana
Siguen las Ferias…y los Cabezudos(XV)
Las de mi pueblo seguían siendo especiales, seguían siendo mágicas, a pesar de haber conocido la inmensidad de las de la capital, a pesar de que la recorrías de punta a punta en un ratito…seguían siendo especiales.
Solo una cosa las deslucía a mis ojos… a media mañana salían en tropel unos seres horripilantes, con unas cabezas deformes sobre unos cuerpos pequeños vestidos con unas túnicas de colores feísimas, con unas manos diminutas, desproporcionadas en comparación de las cabezas, eran grotescos, con unas muecas en sus rostros coloreados que se me antojaban de un terrible sufrimiento, con unos ojos enormes, abiertos de manera exagerada que te miraban como si fuesen a devorarte o ha convertirte por un sortilegio en seres tan extraños como ellos…mas de un zapatillazo de mi madre me llevé por la histeria que me producían si de manera casual me encontraba con ellos, si me miraban, si intuía que podían acercarse era capaz de correr una maratón en tiempo record, mi pesadilla recurrente era que alguna de esas alimañas me perseguía.
Normalmente me quedaba en casa hasta que pasaban, en alguna ocasión incluso llegué a esconderme debajo de la cama, lo peor es que no sabía a que hora se recogían del pasacalles, hacía mis cálculos pero, mas de una vez me despisté y me encontré con los deformes por sorpresa y de sopetón, como el día que mi madre me mandó a casa de la abuela Clementa a por leche, con lecherita incluida y todo, cuando volvía de regreso a casa, a mitad de camino los vi venir calle abajo, con aquellos andares saltarines que parecían demonios en estado frenético, monstruos con malísimas intenciones, me paré en seco, los ojos inmensamente abiertos, sin entender como podía estar pasando aquella tragedia, alcé los brazos mientras emitía un sonoro grito, tiré la lechera y corrí de vuelta a casa de mi abuela para poner a salvo la vida, corrí sin mirar atrás, atravesando calle, gritando desesperadamente, saltando piedras, llevándome por delante cualquier cosa que se interpusiera en mi camino, gritando con los brazos abiertos, corriendo y gritando. A quinientos metros de mi drama mi madre se enteró de que cabía la posibilidad de un desagradable encuentro, salió de casa a toda prisa, rezando para llegar a tiempo y evitarme la pesadilla que me producían aquellos monstruos que de manera antinatural e incomprensiblemente convivían con los humanos durante unos días… al llegar a la esquina donde tuve la mala suerte de verlos entendió que llegaba demasiado tarde al observar la lechera abandonada y la leche derramada, huellas delatoras de la brutal crueldad de mi encuentro, fue terrible, casi no lo cuento.
La verdad es que no se como pude tener ese descuido porque, cuidaba al milímetro que esos dramáticos encuentros no sucediesen, no entendía que atractivo podían tener para los niños ver a esos espantajos horrorosos, aunque algunas veces, la curiosidad me podía y escondida detrás de la persiana del balcón los observaba… siempre llevaban una legión de niños risueños detrás ¡me asombraba tanta alegría, tanta valentía ante aquellos esperpentos!….mi madre, tratando de hacerme entrar en razón me contaba que eran personas, que la cabeza era de cartón y que se guardaban en el Ayuntamiento durante el resto del año… la explicación la entendí a mi manera, conforme ella hablaba yo deducía que lo que pretendía era que fuese caritativa con la desgracia de los engendros, creí entender que una vez al año los dejaban salir para que se aireasen y viesen el sol, así que cuanto más trataba de convencerme, más miedo y más repulsa me causaban.
Tardé mucho tiempo en no formar un espectáculo lamentable cada vez que los veía y…sinceramente sigo sin verles ningún atractivo pero, puede que no sea objetiva al respecto, puede que el subconsciente me traicione y el pánico que me daban no me deje ver con claridad lo lindos que son… ¡en fin!…
Esa era la única parte desagradable de la feria, lo demás era sencillamente perfecto…la cucaña era todo un espectáculo…el petitorio, todo un acto social…la elección y coronación de la reina de las fiestas y su corte de damas de honor era uno de los actos mas concurridos, el teatro Talía toda una institución, por cierto que…
- Lapriana
Los Zapatos de flamenca (XIV)
Cuando la vi. me quede impactada, ni en mis fantasías mas exageradas podría haber imaginado una feria tan grande, con tanta gente, con tantas cosas para subirte, para mirar, para querer, para comprar, para pedir…durante muchos minutos permanecí en silencio, (ante la extrañeza de mis padres) observando, no tenía prisa por llegar a ningún sitio pues todo era inmensamente colorido y alegre, no quería nada en especial, sobre todo porque no me daba tiempo a procesar tanta información en mi cabeza… mirar con los ojos como platos, desear subirme en todo, mirar de nuevo con asombro, no saber que pedir, quererlo todo, mirarlo todo y, …de pronto algo hizo que me girase con los ojos haciéndome chirivitas, me fijé en algo que me dejó con la boca abierta y un deseo incontrolable… unos zapatos de lunares con unos tacones preciosos, lo llevaban las niñas de Badajoz, había muchísimas vestidas con trajes de gitana, en las ferias de mi pueblo no existía esa costumbre, ninguna de mis amigas se vestía de flamenca, así que el traje, aunque bonito, no era mi objetivo ¡sin embargo los zapatos!…me los podría poner todos los días para salir a la calle, para ir a comprar los recados de mi madre, para ir a ver a mi abuela Clementa, para jugar a la goma, a la comba… .Ya me veía con ellos puestos a todas horas, hasta para ir al colegio.
Miré a mi madre y le pedí que me los comprase, ella se paró en seco desafiándome desde su altura – ya empezamos…primero, hacen daño y estropean los pies y segundo..no hay zapatos- asunto zanjado (de momento, pensé)…no insistí porque no me daba tiempo a pedir y a la vez mirar donde poder montarme, a asombrarme ante la cantidad de casetas de miedo, de laberintos, de espejos encantados, aquella noria que casi tocaba el cielo, aquellas atracciones que nunca había visto…. aquello era inmenso, tenían razón mis amigas, era tan grande como el pueblo entero, esa fue la percepción que tuve…entramos en donde los espejos mágicos deformaban, alargaban o engordaban a la gente, me encantó ver a mi padre (que por esa época estaba tirando a gordo) convertido en un hombre delgado y altísimo, nos montamos en el tren de los escobazos, en una imitación del barco vikingo para niños, en…mil sitios mas, sin embargo lo que me fascinó fue cuando visitamos la parte mas recóndita del circo, donde estaban los animales, allí esperaban para su momento estelar los leones y los monos, estaban tan cerca que podía olerlos, mirarles a los ojos, en ese momento me olvidé de los zapatos y quise un mono, deseaba mas que nada en el mundo tener uno, sería como un compañero de juegos, como la mona Chita y Tarzan, no me separaría jamás de el, me quedé absorta mirándolos, menuda suerte tenían los niños del circo, además de ser unos artistas geniales podían disfrutar de la compañía de aquellos animales exóticos, volví a sentir que mi casi olvidado deseo de ser contorsionista volvía con todas las fuerzas, solo que ahora además sería domadora.
Un rato después, al volver al bullicio de la feria me olvidé casi de inmediato de la mona Chita, de Tarzan, de las contorsiones y de domar, volví a ver a multitud de niñas con zapatos de flamenca y volví a recordarle a mi madre que me comprara unos, ella volvió a decirme lo mismo que hacía un rato y yo volví a olvidarme por otro corto espacio de tiempo para centrarme de nuevo en los cacharritos, en los churros azucarados, en el algodón de azúcar, en todo lo que colgaba de las tómbolas, en los puestos, en las luces y farolillos, en el olor que desprendía aquella marea humana, en la cantidad de gente que se apretujaba en todas las direcciones, en volver a subirme en aquellas fantasías que no paraban de girar, en lo bonito que era todo, en aquel ambiente alegre, casi tanto como los domingos que en mi pueblo tocaba la banda de música, en lo grande, grandísima que era aquella feria ….
Y así, casi sin darme cuenta me fui rindiendo, primero fue mi hermana que lloraba porque estaba cansada, después yo empecé a perder fuelle a la hora de reivindicar los zapatos de lunares y precioso tacón, el cansancio se fue apoderando hasta de mis impetuosos deseos de taconear, no hice ni un solo intento de escaparme de las manos de mis padres, el bullicio y la multitud me acobardaron, cuando nos dirigíamos al coche para volver a casa hice un nuevo intento para ablandar a mi madre recordándole el partidazo que le sacaría a los zapatos, ni siquiera recuerdo que me contesto, estaba tan cansada que me dormí nada más sentarme, tampoco recuerdo como llegué ese noche hasta la cama, al día siguiente me desperté en mi habitación pensando en todo lo que había visto, en todo lo que tenía que contarles a mis amigas y en la suerte tan grande que había tenido de no encontrarme con esos seres terrible de enormes cabezas que a todo el mundo parecía encantarle y que yo odiaba con todas mis fuerzas, los feísimos cabezudos que me amargaban año tras año las ferias de mi pueblo…
- Lapriana
La Feria de Badajoz (XIII)
Madre mía, que era aquello… ¿Qué era? Mis ojos apenas pestañeaban, era incapaz de cerrar la boca, el cuello me dolía de tanto girarlo mirando fascinada hacia un lado, hacia otro, me aferraba a la mano de mis padres completamente hechizada por tantas cosas bonitas, por tanto ruido, tanta música, tanta gente, ni siquiera traté de zafarme de sus manos como hacia siempre en el pueblo, allí era diferente, aunque me perdiese, siempre podía volver sola a mi casa y sentarme en el umbral de la puerta hasta que volviesen ellos, o siempre podía irme a casa de mis abuelos o de mi vecina Felisa, o Marcela o….
Pero esto era diferente, ya me habían advertido, no trates de correr como una cabra loca, no trates de escaparte, si te pierdes no tendrás a nadie a quien recurrir, esto no es como en el pueblo… en mi mente esas advertencias sonaban como siempre exageradas, mientras las escuchaba no tenía muchas intenciones de cumplirlas, en las ferias del pueblo siempre lograba escaparme de ellos, aún sabiendo que después me encontrarían y mi culo sería el mas perjudicado , pero es que no podía evitarlo, no podía ver tantas cosas bonitas e ir a ese ritmo pasmosamente lento, yo quería correr, verlo todo, subirme en los pocos cacharritos que había pero que a mi me parecía una infinitud de cosas preciosas, llenas de colores, lo quería todo, el algodón de azúcar, las manzanas acarameladas, las pelotas con una goma ¡esas si que eran buenas! nunca se perdían, quería correr sola, mi madre se ponía tacones, estaba guapísima pero andaba despacio para mi gusto, me reñían porque iba tirando de ellos todo el tiempo, lo quería todo y ellos parecían no tener prisa, se paraban a hablar con todo el mundo, dos pasos y parada, dos pasos y parada, yo tiraba de sus manos, ignoraban mis prisas… sinceramente no se de que se extrañaban cuando en un descuido aflojaban sus manos y yo me desprendía corriendo como alma que lleva el diablo a un mundo de magia, de sensaciones sorprendentes, no sabía porque se enfadaban tanto, solo pretendía ganar tiempo, llegar cuanto antes a todo lo que quería ver, tocar, admirar, saborear, cuando corría sola entre la multitud presintiendo detrás a mi madre con sus tacones, intentando darle esquinazo, no pensaba en los injustificados enfados de mis padres, solo pensaba en llegar ¡llegar ya!..
Mi padre se enfadaba muchísimo, siempre decía lo mismo, si te vuelves a escapar nos vamos a casa y se acabó la feria, en ese momento pensaba ser buenísima, obedientísima pero…es que se me olvidaba al instante ante tantas cosas bonitas… recuerdo un día que nos encontramos con Agustina y Francisco, los padres de Angelines, mi amiga iba suelta de las manos de sus padres, todo un signo de madurez, de confianza, así que yo, aprovechando que nos paramos a hablar con ellos pedí también los mismos derechos, mi padre directamente ignoró mi petición pero, mi madre al menos me dio una explicación – es que ella no se escapa y tu si- con lo cual no me quedó otra opción que recurrir a mis artes disuasorias, después de llorar durante un tiempo considerable, después de taladrar los tímpanos de todos los presentes, mi madre se agacho y dándome un voto de confianza me dijo -vas a ser buena como Angelines, verdad?
Yo contentísima asentí con la cabeza mientras me secaba las lagrimas con el dorso de la mano y, medio segundo después de soltarme corría como una loca entre la gente, no pensaba en el después, no entendía de promesas, la feria y las atracciones me atrapaban como un imán, la inquietud de llegar me obnubilaba los sentidos, digo yo que sería eso, porqué la verdad no era una niña especialmente desobediente, era en situaciones como aquella cuando no pensaba con la cabeza, cuando era incapaz de razonar mas allá de la ilusión que me producía la música, el ambiente en general, así que, cuando antes de llegar a Badajoz me empezaron a predicar con el sermón de siempre, yo asentía con la cabeza e ignoraba con el corazón, quería llegar ya, pero ese maldito viaje era tan largo y pesado, a cada rato preguntaba si ya estábamos llegando, a cada rato preguntaba cuanto faltaba, y ellos a lo suyo…ni se te ocurra perderte, ni se te ocurra soltarte, y mi mente puesta en la ilusión de la feria, tenía amigas que ya habían estado y decían que era muuuucho mas grande que la del pueblo, así que cuando la vi.….
- Lapriana
El Campo del Abuelo (XII)
Las murmuraciones hirientes, la reputación intachable, sin mácula que empañase el pasado, el presente y el futuro siempre recaían como una losa sobre ellas. Si tenían novio y por las razones que fueren la cosa no funcionaba, mal asunto, las posibilidades de no volver a tener otro se multiplicaban, ellos buscaban una chica de inocencia constatada y, una con un ex novio en su currículo ya no ofrecía garantías…
Las hijas en edad de merecer debían ser acompañadas al baile por las madres, las pobres mujeres se sentaban en sillas dispuestas para tal menester alrededor del salón, a vigilar que todo estuviese en orden, a esperar que terminase el baile, ¡chico tostón¡ mi abuela en ese tiempo debió de estar terriblemente cansada de la vida social que las circunstancias le obligaban, con cuatro hijas, supongo que pasó muchas tardes de domingo sentada en una silla del “Socokin” patrullando con sus escrutadores ojos cualquier anomalía que pudiese afectar la intachable reputación de sus retoños.
Mientras tanto, el resto de la semana transcurría con total normalidad entre las tareas del campo y las ventas de la leche en el pueblo, aunque la distancia era mínima siempre utilizaban los burros, (las bestias, decía mi abuelo) especialmente para transportar la carga que llevaban…
Aunque yo aún era una niña cuando mi abuelo José decidió dejar el campo, recuerdo perfectamente todas las sensaciones que se producían en torno a el…el calor del camino, las chicharras cantando entre la hierba seca, las paredes de piedra que encajonaban la vereda que llevaba a la finca, el cansancio de mis pies, y es que normalmente nos íbamos dando un largo paseo, probablemente no mas de tres o cuatro kilómetros, el sombrerito de paja para protegerme del sol, mi madre animándome a hacer un ramillete de flores para regalárselo a mi abuela, yo varios pasos por delante saltando despreocupada, sabiendo que me esperaba un día estupendo sin horarios, un día de juegos en el regato de frías aguas cristalinas que estaba a dos paso de la casita de campo, la que solo se utilizaba para dormir porque el resto de la vida se hacía en la choza que servía de cocina, la choza que siempre olía a café porque perennemente en el fuego había un puchero dispuesto para saborear el de por la mañana, el de media mañana, el de la tarde, el de media tarde, ellos vaciaban aquella vasija roja a cada rato, la llenaban y volvían a dejarla que fuese haciéndose lentamente, dispuesta para el siguiente momento…
Cuando venían mis primos todo era más divertido, había una piedra gigante muy cerca de la casa, mi primo José Antonio me dijo una vez que era un caballo, que antes había sido un caballo, ni siquiera lo puse en duda, seguramente se petrifico por arte de magia…a partir de aquel día cabalgué durante horas sobre el duro lomo de aquel jamelgo, estaba harta de ver aquella piedra y sin embargo fue todo un descubrimiento saber que podía recorrer medio mundo sobre ella, aquel campo era como un inmenso parque de atracciones, nos dejaban corretear por todas partes, el instinto de supervivencia con el que nacemos no me dejaba acercarme a las vacas, a los caballos, a ningún animal que tuviese una altura considerable y una boca grande, sin embargo martirizábamos a las pobres ovejas y a sus crías, a las gallinas y a los polluelos, aunque salí escarmentada una vez que un gallo me atacó y mi abuelo tuvo que rescatarme de entre sus garras, aquel día mientras comíamos, el no dejaba de repetir-este ya no volverá a cacarear mas.
En aquel inmenso parque de atracciones también había peligros, estaban los pozos artesanos a ras del suelo, sin embargo nunca nos acercábamos demasiado a ellos, la historia de la “mano negra” era la mejor valla protectora… y para que íbamos acercarnos al miedo si el regato de aguas frías que solo cubría un poco mas arriba de los tobillos calmaba nuestra sed de chapoteos… ¡que bien lo pasábamos! Casi tanto como cuando llegaban las ferias del pueblo, que por cierto eran las mejores del mundo, las más coloridas, las más ruidosas, las más bulliciosas, eso pensaba… ¡hasta que vi! Las de Badajoz ¡Dios mío!…que era aquella inmensidad…
- Lapriana
La pantaruja (XI)
Según los más reflexivos, solo eran vecinos con alguna promesa que cumplir, según los mas avispados, podría tratarse de amantes amparándose en el miedo o en la superstición para encuentros clandestinos, según otros, eran autenticas apariciones envueltas en un alo de misterio y esoterismo y, según muchos, eran gentes con ganas de divertirse, de dar que hablar, de reír y de asustar… el tema daba para una ponencia con mucha controversia pero, daba miedo, nadie quería ese tipo de encuentros en una calleja poco o nada iluminada.
Mi padre contaba que, en su época de noviazgo con mi madre, una noche viniendo del campo de mis abuelos, a la entrada del pueblo, agazapada en la oscuridad de la noche vio una sombra que por momentos le pareció un hombre, sin embargo en los escasos segundos que pudo observar sin detenerse demasiado, la impresión cambió y tuvo la certeza de que podría ser una mujer, por lo visto todo fue muy rápido, el siguió su camino y conforme se alejaba la percepción del avistamiento cambiaba por momentos, fue extraño, la figura no dijo nada, lo miró y se hizo un ovillo amparándose en la oscuridad, mi padre siguió su camino sin saber como calificar lo que había visto, después de muchos años llegó a pensar que incluso pudiera haber sido un contrabandista esperando el alijo.
La otra historia directa fue la vivida por mi tío Feliciano, el también venía del campo, también de visitar a su novia, pero, en la calleja del camino que llevaba al pueblo empezó a escuchar pasos que se paraban cuando el dejaba de andar, pasos que volvían a oírse al compás de los suyos cuando iniciaba la marcha, pasos que se prolongaban a lo largo del camino en la oscuridad de la noche, en la tierra suelta de la pista resonaban como una amenaza que presagiaba peligro, el siguió andando, comprobando los ecos misteriosos que precedían a sus pisadas, aligerando, intentando llegar a la tenue luz que iluminaba el pueblo, muy poco antes de salir de la oscuridad propia de la noche en un camino de campo, una voz lo llamo por su nombre, el aseguraba que era espectral,( yo creo que la oscuridad contribuyo de manera desfavorable en el timbre vocal ) de cualquier manera, apenas pudo ver mas allá que unas vestimentas extrañas y una voz amenazante…el no tenía empacho en reconocer que corrió mejor que cualquier velocista profesional, ni dolor de flato tuvo, como un autentico campeón llego a su casa y en el umbral de la puerta se juró a si mismo que las visitas a su novia no se prolongarían mas allá del atardecer…en casa había opiniones para todos los gustos, desde que pudo ser mi abuelo para hacer que el futuro yerno llegase a casa a horas más razonables, a, algún amigo con ganas de gastarle una broma o puede que… verdaderamente fuese una Pantaruja.
El pueblo necesitaba brujas para temas de conversación, necesitaba imaginación para divertir la cotidianidad que la calma hacía aburrida, los novios necesitaban Pantarujas que demostraran sus capacidades heroicas y protectoras, las novias una disculpa para arrimarse al mozo, una disculpa que permitiese agarrar la mano o acercarse al chico sin ser duramente cuestionada por su ligereza, actitud que por otra parte podría dar que hablar y arruinar la reputación de una persona para el resto de sus días, y es que esas costumbres de hacer juicios de valor sobre alguien era como el pan nuestro de cada día, eran historias que podía perseguirte siempre, estigmatizarte para casi una eternidad….
- Lapriana
De vez en cuando (X)
Nos regalaban relatos alucinantes de juventudes e infancias tan diferentes a las nuestras que, en el silencioso fresquito nocturno no nos resultaba difícil vivir con nuestra imaginación esas historias que se nos antojaban remotas en el tiempo, nos reíamos hasta con los ojos y el alma de las aventuras infantiles que ellos vivieron, nos parecían auténticos Robinsones, o casi bandoleros de películas…ellos si sabían disfrutar de la genuina libertad que a nosotros nos vedaban, ellos no tenían horarios, jugaban hasta cansarse en las laderas del castillo, donde por esa época no había ni luces que espantaran las sombras de la noche, si era necesario correteaban a oscuras, sin miedo a los fantasmas, eran valientes y… extraordinariamente brutos, uno de sus juegos favoritos era recrear batallas dentro de la fortaleza y en sus alrededores, lo hacían con piedras de verdad ¡se lanzaban auténticas pedradas! Los muy bestias sufrían heridas de guerra verídicas, no fingían.
Escucharlo por boca de sus protagonistas era mejor que vivirlo, (y mas seguro) pero, que pocas veces nos concedían esos momentos ¡con la de cosas que tendrían para contar! Aunque, cuando las circunstancias brindaban la ocasión, éramos los mejores espectadores, los mas fieles seguidores, nos sentábamos donde podíamos, en alguna silla que quedara libre, en el umbral de la puerta, en el bordillo de la acera…si era necesario, en el suelo y, a recrearse con el viaje directo al pasado de nuestros padres, o de nuestros vecinos, aquello era mejor que la tele, mejor que las películas del único cine que había en el pueblo, mejor que los cuentos que leíamos…aquello pintaba bien, hasta los grillos participaban aportando la banda sonora para que nosotros visionáramos con facilidad las imágenes que se iban formando en nuestras retinas.
Lo que mas risa nos causaba era cuando les fabricaban zapatos a los pobres gatos con las cáscaras de las nueces, los pobres animales se resbalaban, intentaban andar y se espatarraban una y otra vez, cuando lo conseguían parecía que estaban haciendo patinaje artístico sobre un firme lleno de aceite, también vivían mil historias cuando iban a por agua a las afueras del pueblo, que si una culebra gigante, que si un lagarto enorme, que si el burro se espantaba y se ponía a correr sin control, que si tenían que desplazarse un montón de kilómetros campo a través para ir a la huerta del padre, o para ir a la era…
Pero, había una palabra con poderes casi hipnóticos que a nosotros nos cautivaba, nos quedábamos como petrificados, el miedo y la curiosidad hacía que contuviéramos la respiración, La Pantaruja, una extraña aparición que buscaba las callejas mas oscuras en las largas noches de invierno, la pantaruja era el miedo en estado puro, en mi infancia desgraciadamente ya no se aparecían, se ve que los tiempos modernos no les gustaba, así que teníamos que conformarnos con las historias que nos contaban sobre ellas…en las noches mas oscuras, en las sombras mas recónditas, en las callejas menos transitadas podía acechar una, apenas eran visibles por la rapidez con que desaparecían de la vista, eran fantasmas con cadenas incluidas, escurridizas figuras espectrales en las sombras nocturnas.
Nosotros queríamos saber si ellos, los contadores de historias, habían visto alguna vez una…y, bueno, mi padre tuvo una experiencia aproximadamente probable de avistamiento y, mi tío Feli, aseguraba haberla visto, según mi padre….
- Lapriana
La Quietud del Fresquito (IX)
De la noche, de las largas tertulias nocturnas a las puertas de casa, después de la cena el pueblo volvía a llenarse de sosegada vida, todo un mundo de sensaciones placenteras para los niños, de sociales momentos deliciosos para los adultos, se formaban grupos en torno a la puerta de algún vecino, no era nada premeditado, sencillamente se salía uno a la calle después de llenar la panza, si el de enfrente ya estaba tomando el fresquito se le daba las buenas noches, el te invitaba a coger una sillita y a sentarte un rato a su vera, aceptabas cortésmente y poco después se unía otro abonado diciendo algo como- ¡que bien estamos!….-pues vente “paca” Andrés. Y Andrés se acercaba, y el seño Miguel, y mi padre….
De esta manera se formaba casi a diario una reunión con los dos o tres o cuatro vecinos más próximos, esto sucedía en casi todas las calles, incluso en las mas céntricas (como la mía) dándole al pueblo esa sensación de relajante y merecida quietud, preludio de un nuevo día, para los niños era solo una satisfactoria prolongación de juegos a la luz de la luna, una especie de lotería de verano que siempre tocaba, aunque tus padres decidiesen quedarse en casa viendo la tele, tu salida nocturna estaba garantizada por obra y gracia de los padres de tus amigas que si habían salido, era una ley no escrita, pero ahí estaba y no fallaba nunca…
Pocas veces nos uníamos a los adultos, sus conversaciones no nos interesaban excepto cuando contaban cosas de fantasmas o, relacionadas con la juventud que ellos vivieron, entonces, los niños nos sentábamos en el suelo encandilados con las fábulas de los mayores, ellos eran nuestros narradores favoritos, entonaban como nadie, teatralizaban sus historias…lo malo era que esto sucedía muy de tarde en tarde, algunas veces les instigábamos a que nos entretuviesen con sus cuentos y no nos hacían ni maldito caso, nos decían ¡anda ir a jugar! y tampoco nos hacíamos mucho de rogar…pues ala, a jugar hasta que sea hora de irse a la cama, el objetivo principal era aguantar hasta que el último niño se recogiese, entonces ya sin remisión y con mucha pena nos íbamos a dormir…
Una noche que mis padres se quedaron en casa, mi hermana y yo como fieles cumplidores del decreto ley veraniego que obligaba a salir después de la cena, nos fuimos a la calle “un ratito, eh “ y, al poco alguna vecina avisó a la matriarca de una travesura de la enanilla de la familia, la niña y sus amigas estaban jugando a fumar con las colillas humeantes que encontraban en el suelo, según contó la enana después, no chupaban el cigarro, según las vecinas delatoras ¡vamos que si lo hacían¡ el caso es que aquella noche pagaron justos por pecadores y yo fui parte de los daños colaterales de la travesura de la rubia, tuve que recogerme cuando todavía quedaban niños en la calle ¡fue todo un drama!…que si por tu culpa, estúpida, que si te vas a enterar…que si…hasta que mi madre nos escuchó y dijo las palabras mágicas –como suba la que os va a enterar soy yo- . Silencio y a farfullar entre dientes por lo bajo…te vas a enterar, te vas a enterar, te vas a enterar…
Aquella noche el juego terminó inesperadamente temprano, la puerta de la casa se cerró antes que de costumbre en las noches veraniegas, aunque cerrar no sea la palabra mas adecuada para definir el momento, en la mayoría de los hogares las puertas no se aseguraban, solo se encajaba, sin seguro, sin miedo a ladrones, sin temor a intrusos, puede que los mas modernos echasen las llaves, pero la casa de mi abuela jamás se fechó de noche, jamás, y como ella la inmensa mayoría…
Fue todo un lujo vivir la infancia en un pueblo, marca el carácter de una persona, se hace sociable a fuerza de la costumbre de convivencia cercana con los vecinos, de compartir tiempos, de no saber donde termina tu casa y donde empieza la colindante porque, las más cercanas estaban tan unidas a tu vida diaria que formaban parte de ti, los mayores eran respetados, escuchados, y sus historias nos encantaban, ellos de vez en cuando nos regalaban un pasaje directo a otras épocas y nosotros sabíamos apreciarlo…..de vez en cuando…
- Lapriana
JUEGOS DE PUEBLO (VIII)
Como aquel puñetero juego donde una marea humana de niños se agarraba de las manos y todos a una, al paso de una solitaria niña cantaban—a cortar la calle, que no pase nadie— y efectivamente cortaban la calle de lado a lado, riéndose y martirizando a la pobre victima que no sabía donde meterse, alguna vez conseguí zafarme del cordel escapando por debajo de sus manos enlazadas unas a otras como si fuesen eslabones de una cadena…cuando veías a un grupo medianamente numeroso, lo mejor era optar por dar media vuelta y buscar otra alternativa al camino que llevabas.
Los niños tenían juegos mas brutos (al menos en mi infancia) de todas formas, muchísimas veces compartíamos en buena armonía algunos, como”guardias y ladrones”, donde un par de capitanes elegían dos grupos y recreábamos por todo el pueblo persecuciones que podían prolongarse en algunos casos durante varias horas, en vacaciones, si tocaba jugar a este invento se nos podía hacer fácilmente de noche.
De cualquier manera había una especie de segregación de sexos, la cosa iba por temporadas pero, la mayor parte del tiempo la división era evidente, la culpa la tenía el tirachinas y sus objetivos, que lógicamente no eran los nuestros… a nuestros ojos ellos eran bruscos, toscos…les divertía perseguir animalitos indefensos, buscaban lagartijas para cortarles el rabo y ver como después de ser seccionado del cuerpo seguía retorciéndose misteriosamente, meaban en las grilleras para hacer salir a sus habitantes, lanzaban con el tirachinas a cualquier cosa que se moviese…¡no eran nada divertidos, no sabían pasarlo bien!, nos rompían el corro de la patata, rara vez accedían a jugar con nosotras a este juego y cuando lo hacían eran incapaces de coordinar la rueda, se torcían, corrían mas de la cuenta y al final nos destrozaban la diversión, si jugábamos a la comba nos interrumpían constantemente solo por fastidiar…eran un rollo, encontraban divertido asustar a gatos y perros o perseguir a niñas con algún reptil en las manos, me temo que estas maneras eran comunes en el sexo opuesto en todas partes porque, aquí en Badajoz, mi amigo Manolillo reproducía las mismas aficiones.
Una noche de verano, entre jarra y jarra de cerveza nos contó que en su infancia (que fue en la misma época que la mía) jugaban por los alrededores del Perpetuo Socorro con los restos de medicinas que tiraban del hospital de cualquier manera (eran otros tiempos, se ve que el Ministerio del Medio Ambiente aún andaba en pañales) y hacían pruebas de medicina también con las pobres lagartijas, les inyectaban los restos que quedaban en las jeringuillas para ver cuanto tardaban en morir o para ver si sobrevivían, o para ver que reacción tenían…ellos eran así en cualquier parte…tenían fijación con los animalillos, buscaban ranas para luego soltarlas en sitios inverosímiles para las pobres criaturas, en una calle donde jugábamos un montón de niñas o, en un paseo donde la gente descansaba placidamente…solo por el placer de ver correr o gritar a las victimas ante lo inesperado de la situación…
Recuerdo un día que los niños de mi calle estaban arremolinados en torno a algo que yo no podía ver desde donde estaba, así que despacito y como quien no quiere la cosa me acerque con cautela y disimulo para ver que era aquello que tanta expectación despertaba en los bárbaros…los jodidos pequeños forajidos habían capturado un lagarto enorme y le habían puesto una correa como si fuese un perrito faldero, no pude ver mas porque al percatarme de lo que sucedía corrí calle arriba como alma que lleva el diablo a la seguridad de mi casa, no les di tiempo a que reaccionasen de manera malvada y aunque lo hubiesen hecho, con total seguridad que yo hubiese sido mas veloz que cualquiera de ellos ¡ cuestión de miedos!…y así, entre peleas de amigas, enfrentamientos con el sexo opuesto, juegos compartidos en perfecta armonía… trascurrían los días de veranos en la tranquila quietud cotidiana de mi pueblo…pero si aún me queda por contar….
- Lapriana
Cosas de Niños (VII)
Estando Angelines y yo en la calle, a mitad de camino entre su casa y la mía, exactamente en la puerta de Baldomera, vimos aparecer un cortejo fúnebre, encabezaba la comitiva don Hipólito, uno de los curas del pueblo que además era vecino nuestro, nunca nos habíamos encontrado en una situación parecida, hicimos un alto en nuestro juego e inocentemente nos miramos sin saber cual era el protocolo a seguir en un caso como el presente, mi amiga que era rápida en madurar soluciones dijo que lo correcto sería arrodillarse cuando pasaran por nuestro lado y…así lo hicimos, cuando el cortejo formado solo por hombres que avanzaban despacito detrás del féretro llegaba a nuestra altura, nos arrodillamos en el borde de la acera con las manos en posición de oración a la altura del pecho y, con gesto de absoluta concentración respetuosa paseamos nuestras serias miradas circunspectas buscando la aprobación del cura y del resto de dolientes, mantuvimos los ojos abiertos mirando con curiosidad un mundo desconocido para nosotras, por supuesto que sabíamos de que iba aquello, alguien había muerto y nosotras creíamos necesario presentar nuestros respetos, queríamos demostrar que ya éramos unas personas responsables.. lo más probable es que ninguno de los presentes se hubiese encontrado jamás en una situación similar, todos, incluido el cura empezaron a hinchar los carrillos, todos nos miraban y acto seguido con los mofletes apunto de explotarles giraban la cabeza hacía el lado contrario, intentando concentrar la atención en algún punto que les hiciera olvidar la comicidad que sin pretenderlo estábamos originando, no nos debió llamar demasiado la atención ver a los presentes con lagrimas en los ojos intentando ocultar las risas porque no le dimos importancia al hecho … algún tiempo después me enteré que don Hipólito pasó verdaderos apuros tratando de mantener la compostura que el momento requería, nosotras aguantamos de rodillas, con la espalda erguida y las manos juntas a la altura del pecho hasta que pasó el último acompañante del duelo, después nos sacudimos las piernas volviendo de nuevo a nuestras cosas como si nada, ajenas a la hilarante situación que habíamos creado, convencidas de haber actuado como lo hubieran hecho dos santas de la iglesia
Y es que por esos días a ratos queríamos ser misioneras que salvaban el mundo de todos los males, a ratos pretendíamos ser artistas del circo, por cierto, que a mi el asunto circense me duró una larga temporada desde que una vez vi. a una niña que se hacía llamar “ la muñequita de goma” contorsionarse de manera sorprendente, cada día intentaba lo imposible, cada día me parecía que progresaba de manera asombrosa, me descoyuntaba en mi casa, en la calle, en la terraza de mi abuela, cada día le enseñaba mis avances a la familia, a mis amigas… y cada día aumentaban mis esperanzas de poder salir de gira por el mundo como una consumada artista….cuando se me paso la perra de las contorsiones me entraron las de trapecista, aunque también cada Domingo cuando salíamos de misa quería ser monja, o monaguillo o como he dicho antes, santa de las misiones, no se exactamente en que consistía la labor pero me veía con túnica y una aureola luminosa sobre mi cabeza andando por la selva curando enfermedades, también quería ser maga, sobre todo para conseguir todo lo que se me antojara ¡menuda suerte tenían esta gente¡… si deseaban una bici solo tenían que chasquear los dedos, para las chuches les bastaba con sacarlas de las orejas, para combatir el aburrimiento que producía la soledad podían jugar a voluntad con un conejo o una paloma solo con levantar un sombrero , con el dinero lo mismo ¡menudo chollo¡…en fin, deducciones de niños, cosas de niños, como aquellos juegos que tanto les divertían a ellos y que nosotras odiábamos….
- Lapriana
La vida cotidiana (VI)
El agua se repartía con burros, no era un capricho del Alcalde, es que aún no había llegado el agua corriente…¡parece mentira!… la quietud del pueblo se veía alterada a cada rato por alguien voceando….
- El aguaooooo
- El afilaoooo
- El pregoneeero
- Dulces y mantecaaaoooos….
De las “Valerianas” que eran casi un ejercito de familia vendiendo sus exquisitos dulces caseros (y que hoy por fortuna siguen con la tradición convertida en un próspera negocio… larga vida a toda la familia y a sus exquisiteces). Parece que estoy viendo esa cesta de mimbre hasta arriba de bolluelas, mantecados, rosquillas, empanadas, magdalenas, cubierta con un inmaculado paño blanco y apareciendo milagrosamente siempre a la hora del café de la tarde ¡todo un lujo!….las vecinas al oír la rica cantinela que anunciaba el preludio del “te de las cinco a la española”, salían a comprar y a toda prisa se entraban en sus casas a cumplir con el ritual.
A Raimundo, a su padre y a su hermano no les faltaba trabajo, cada día tenían que dar varios paseos a las distintas fuentes que había a las afueras del pueblo, a mi mente viene la más conocida, la del caño, ( pero seguro que había más) llenaban los cantaros que después transportaban en burros y repartían por todo el pueblo, la gente al escucharlos vocear, salían a las puertas a pedir los que necesitaran para ir recebando las tinajas de barro, de ella se abastecía la familia para beber, para cocinar…
El baño y la limpieza se hacía con agua de pozo, casi todo el mundo tenía uno en sus casas…mi amiga DB, que además hemos compartido pueblo (aunque por esas fechas no nos conocíamos) me contó una anécdota vivida en su casa con las tinajas de protagonistas… su padre al llegar de trabajar se despojaba de la ropa sudada de todo un día de trabajo, después se aseaba y su madre se ocupaba de lavar el traje de faena, un día echó en falta un calcetín, lo buscó, no lo encontró y lavó como de costumbre todo el equipo, aquella ropa hizo el circuito completo para volver de nuevo al armario y del calcetín desaparecido se olvidaron, al cabo de un par de semanas cuando el aguas de la tinaja necesitaba ser recebada de nuevo, pudo verse que en el fondo de la misma yacía el objeto desaparecido misteriosamente, uno de sus hermanos lo deslizo dentro en un alarde de extraña travesura y durante todo ese tiempo la familia bebió agua enriquecida con ADN paterno…
Pasaban estas cosas y otras por el estilo, como por ejemplo todo lo que se cocía alrededor de la ”mano negra” que vivía en los pozos… era increíble como atrapaba niños, solo atacaba a niños, se alimentaba de ellos, los engullía, siempre a los desobedientes que se aventuraban a asomarse al borde de los pretiles…yo temía a esa mano que en mi mente veía claramente de gigantescas proporciones, negra como una noche de tormenta, la temía y me atraía como un imán, los momentos mas intensos de desafío a lo desconocido los viví cuando mi madre me dejaba con muchísimo cuidado asomarme al borde de un pozo y comprobar por mi misma los misterios que se escondían en sus profundidades, por lo visto la “mano negra” era terriblemente cobarde y jamás se dio el caso de atrapar a un niño acompañado por un adulto, las veces que desafiaba al monstruo buscaba de puntillas sobre mis pies con los ojos francos de la inocencia algún rastro de la mano cobarde, jamás conseguí ver nada mas allá del cubo o caldero que reposaba en la superficie de sus aguas cristalinas, a fuerza de escrutar sin apenas un leve pestañeo alguna vez logré vislumbrar sombras, pero la mano no se dejaba ver, no se me pasaba ni por la imaginación que aquello pudiese ser una patraña de los mayores para proteger nuestras vidas, ni era tan perspicaz ni tan valiente como otros niños que aseguraban que esa mano no existía y que ellos se asomaban al peligro cada vez que les daba la gana…¡ni loca!…
Ya era poseedora de una incipiente delantera cuando me aventuré por primera vez en solitario a asomarme al borde, tímidamente convencida de que al final iba a ser verdad que toda aquella increíble historia era un ardid de los mayores, hasta que me cercioré de la farsa les estuve echando un rodeo a todos los pozos públicos que había repartidos por el pueblo…cosas de las costumbres cotidianas, del saber popular que sabía protegernos o adelantarse a posibles accidentes con mucho ingenio, sabiendo aprovechar la inocencia de un niño para evitar males mayores o irreparables… y es que esa inocencia infantil podía crear situaciones comprometidas para los adultos…como aquel día que…
- Lapriana
Miedos y Fantasías (V)
Verdaderamente es muy posible que no fuesen viejecitos, lo más probable es que no llegasen ni a los sesenta años pero a los ojos de unas mocosas con la imaginación bullendo a cada minuto del día ellos significaban la personificación de nuestros cuentos infantiles. Todos los indicios apuntaban a la corroboración mas absoluta de nuestras sospechas…vivían a un par de kilómetros del pueblo, en las faldas de un cerro entre pinares, en una casita pequeña y sospechosamente escondida y alejada de cualquier núcleo de población, eran viejitos, estaban arrugados, y él, la mayor parte del tiempo lucía la cara tiznada de negro, todo era extraño, se parecía mucho a alguna de esas fábulas que leíamos, releíamos y comentábamos, desde luego nuestras ociosas calenturientas mentes los condenaron injustamente a ser objetos de nuestros temores, no consigo ubicar en el tiempo si ellos fueron protagonista de nuestras jóvenes vidas antes de la casa del miedo o coincidieron con nuestra mansión encantada compartiendo espacio tiempo, todo indica a que fue esto ultimo, de esta manera llenábamos mas instantes y vivíamos mas penetrantemente nuestras aventuras de imaginativas infantiles.
La cosa es que a fuerza de verlos y de contar historia sobre ellos, nos creamos unos miedos que hacía que nuestros corazones se acelerasen cuando los veíamos , especialmente cuando nos topábamos casualmente con el hombre y esos ojos en esa cara tiznada nos miraba…un día que Maribel, Angelines y yo jugábamos por las murallas del castillo, a una hora que empezaba a ser peligrosa por la falta de luz diurna, nos lo encontramos de repente por la zona, ( lo mas probable es que estuviese dando un paseo) y las tres, como si fuésemos cabras nos lanzamos a correr por las laderas de la fortaleza como locas poseídas, chillando, sin mirar el camino, sin mirar atrás, sin preocuparse por si alguna de nosotras quedaba rezagada, o se había caído, o perdido…había que ponerse a salvo de nuestros temores, del objeto de nuestras pesadillas…el pobre hombre, ignorante de lo que se cocía en nuestras cabezas, gritó algo, seguro que para alertarnos sobre lo peligroso que era correr de aquella inconsciente manera entre piedras y cuesta abajo, eso hizo que nuestros gritos de pánico se redoblaran y que corriésemos aún mas deprisa hasta llegar al pueblo, a la seguridad que nos daba sus calles llenas de gente.
Apenas habíamos podido reparar en su rostro, pero una vez a salvo todo era decir- te fijaste en si llevaba la cara tiznada,- ¿porqué la llevará así? – ¡que raro, me parece que hoy la llevaba limpia!… ¿porqué ?….
La cuestión era temer, si estaba limpio era sospechoso, si estaba tiznado era sospechoso, si iba solo era sospechoso, si acompañado también lo era, si nos miraba …vivíamos casi milagrosamente y … todo por habitar en una pequeña casa a las afueras del pueblo, en un sitio que para nosotras era un bosque encantado, por tener la mayor parte del tiempo la cara tiznada…y es que en esa etapa de la vida éramos totalmente ajenas a trabajos y profesiones de adultos, ni se nos había pasado por la cabeza que el buen hombre hacía carbón para ganarse el sustento, que sus manos y cara se cubrían de negro cada día por ese motivo, la cruel realidad nos hubiese decepcionado, privándonos además de horas de fantasías, de creer en la transmutación de los cuentos infantiles a la realidad de nuestras calles… en aquellos días, mi pueblo era mágico, cualquier cosa podía suceder y hacerse realidad en el….
- Lapriana
La Casa del Miedo (IV)
Se decían tantas cosas, algunas hasta para nosotros eran poco creíbles, pero eran las menos, normalmente todo lo que circulaba alrededor de aquella mágica mansión eran hechos vividos directamente por algún niño, ellos podían dar fe de las dificultades que podían encontrarse al traspasar aquellos tablones que hacían de puerta…una mañana, Maribel, en las cercanías de aquellas ruinas me contaba que un niño había conseguido llegar hasta las tinajas gigantescas que se veían desde la calle si nos subíamos a lo que quedaba del pretil de una ventana, lo mejor era que además de haber llegado hasta ellas había conseguido salir ileso, lo triste de aquella historia de valientes es que la pobre de mi amiga no conseguía explicar con claridad la identificación del niño héroe ¡que más daba, algún día lo conoceríamos!…
Mientras, nosotras hacíamos un nuevo intento de entrada, la casa tenía dos puertas, por dos calles diferentes y a diferentes alturas, aquella mañana andábamos solas por los alrededores de nuestra inspiración diaria, íbamos a intentar la hazaña, decidimos de mutuo acuerdo que mejor por la puerta de arriba, daba menos miedo, así que con un par ladeamos las tablas como solo nosotras sabíamos hacerlo, estas crujieron y nosotras respiramos hondo preparadas para lo desconocido, ese fue el gran momento de dos valientes, conseguimos avanzar unos veinte pasos, todo un logro teniendo en cuenta las dificultades… vigas en el suelo, restos de paredes parcialmente esparcidas por todas partes, escombros para enterrar a una persona y la tenue luz que se colaba a través de los tablones de la puerta creando sombras inexplicables, llenas de partículas de polvo como si fuesen haces de luces misteriosas y…los ruidos, todo emitía sonidos extraños, como de otros mundos, algo se arrastraba entre los ripios acumulados durante años, seguramente misteriosas criaturas salidas directamente del infierno, nosotras ver lo que se dice ver no vimos nada mas que las sombras recónditas, pero en el aire flotaba el enigma que envolvía aquella casa, así que después de aquellos quince o veinte pasos sufrimos un repentino ataque de miedo o de cordura y corrimos como locas hacía la puerta que nos llevaba de nuevo a la seguridad de nuestro mundo lleno de luz y de sol, ya en la calle, exhaustas después del esfuerzo nos dejamos caer en la acera riéndonos por haber engañado a los fantasmas, por haber sido mas listas y mas rápidas que ellos, un hombre que pasaba en ese momento nos dijo que estábamos locas, que allí no se podía entrar, que algún día pasaría alguna desgracia, que de quien éramos – me da que tu eres de “chalina “-me dijo mirándome fijamente, yo que mentir no sabia opté por callar con la esperanza de que al hombre se le olvidara contar a mis padres mis hazañas heroicas, de todas formas la preocupación me duro unos segundos, los que tardo el aguafiestas en largarse… con su innecesaria preocupación quedaba confirmada una vez más la existencia de los fantasmas, estaba claro que hasta los mayores temían la casa del miedo.
Con los años la mansión de nuestros juegos perdió interés, conforme crecíamos íbamos espaciando nuestros relatos de valientes niños héroes, la casa cada vez daba menos miedo, si acaso, por el peligro que representaba un inminente derrumbe, ahora cuando la veo convertida en una moderna vivienda no puedo evitar una sonrisa al pensar en la de noches que me quitó el sueño…como me lo quitaban aquellos dos viejecitos que vivían en las cercanía de la “Cruz de San Blas”….
- Lapriana
Rumores de pueblo (III)
En aquellos últimos estíos infantiles pasaron historias corrientes, de vidas corrientes, historias anónimas en el punto de mira de todos, historias analizadas al amparo de una sombra en pequeños corrillos, juzgadas en reuniones casuales, yo escuchaba frases entrecortadas, fragmentos perdidos, ojos exageradamente abiertos, asombrados ante el rumor de lo que poco después pasaría a ser real, mucho más tarde supe que tanto cuchicheo tenía relación directa con el clero rural…cosas de la vida, casos de la vida, amores de la vida que en el cine quedan mas romántico, los pájaros espinos son mas lindos vivirlos en la imaginación que en el feroz ambiente de pueblo de los setenta.
También corrían otras historias que los niños creíamos a pies juntillas, se decía que habían intentado secuestrar a una niña a la salida del colegio, pasó en los últimos día antes de las ansiadas vacaciones, nadie la conocía, pero era absolutamente cierto, nuestras madres corroboraban los hechos aconsejando no hablar con extraños, no dejarse acercar ningún coche demasiado, sobre todo si circulaba sospechosamente despacio, en mi pueblo por esos días pasaba de todo, se aparecía la Virgen en las laderas del castillo, había fantasmas en las casas derrumbadas y nosotros éramos testigos directos de casi todos los hechos…los fantasmas y las apariciones marianas eran poco más o menos como de nuestra familia, el asunto de los secuestros nos tenía algo acogotados teniendo en cuenta que prácticamente vivíamos en la calle, todos los niños soñábamos con identificar al secuestrador, o en el caso de ser victimas derrotarlo y convertirnos en héroes…no me extrañaría que estas rocambolescas historias fuesen salidas de la imaginación de nuestros progenitores para frenar un poco esa libertad de horarios de la que disfrutábamos, para poner una ligera frontera a esos campos que teníamos tan cerca de casa, para implantar una inyección de cordura a nuestra irresponsabilidad y a nuestra sed de aventuras, la cuestión es que durante algunos días surtía efecto…mirábamos a todos los hombres desconocidos con recelo, todos tenían aspecto de malos, todos eran sospechosos, especialmente los que lucían bigotes, con esos eran con los que había que ser más cautelosos, estas actitudes duraban unos días, justo lo que tardaba en aparecerse un fantasma, entonces eso ocupaba nuestras conversaciones mas transcendentales, que aunque éramos niños las teníamos, especialmente de noche, en alguna calleja con poca luz y poco antes de que nos llamaran para irnos a dormir, yo le preguntaba a mi madre, a mis abuelos, que cuantos habían vistos ellos ¡ni puñetero caso! algunas veces mi abuelo con media sonrisa me decía- muchos, mas de los que quisiera haber visto-
Con estas palabras quedaba confirmada su existencia, con la ratificación podíamos llenar horas de tertulias, chismes, hechos acaecidos a algún niño que casualmente era el primo desconocido de otro con el que apenas teníamos relación, también en nuestro mundo infantil hacíamos corrillos, susurrábamos como los mayores sobre historias secretas y nos devanábamos los sesos pensando en que estrategia seguir para investigar los sitios donde estaba confirmado que habitaban numerosos espectros…muy cerca de donde vivía, en la “callejina,” había una enorme casa totalmente desvencijada …esa era la reina madre de todos los males del mundo, en ella había una puerta directa al infierno….este era un hecho totalmente constatado por todos los niños de los alrededores….
- Lapriana
La Batalla (II)
Si, un día que…mi amiga Maribel y yo andábamos algo enfadadas, no recuerdo muy bien porque, imagino que por cualquier minucia, como todos lo problemas que nos quitaban el sueño por aquellos veranos de intensos juegos…solían ser por cosas como…me has roto la goma, ha sido sin querer, si, sin querer pero ahora mi madre no va a querer darme dinero para otra, o… ayer te fuiste con Loli y no me llamaste, es que no me acordé, pues yo no soy plato de segunda mesa, o… que sepas que tu perro es feísimo, feo el tuyo, si, pues dicen que los gatos negros traen mala suerte, eso es mentira mi gato es precioso y.. .
Pues ese día que hoy me ha venido a la mente, Maribel y yo no nos hablábamos, nos habíamos dicho aquello de…aquí tengo una muela, aquí tengo un diente y de ahora en adelante mal para siempre. Terrorífico, eso era lo peor que te podía pasar, cabía la posibilidad de estar enemistadas hasta un día entero, toda una infinitud, era como una sentencia, la cosa podía complicarse si algunas de las otras niñas no te apoyaban, entonces había que buscar asociados o en su defecto quedarse en casa para ver quien iba a buscarte quedando despejada de esta manera los posicionamientos del grupo, otra vía de dialogo solían ser las intervenciones del resto de las amigas comunes haciendo de recaderas ve y diles…el caso es que el asunto se dirimía en cuestión de horas, en el peor de los casos la enemistad podía llegar a perpetuase durante un par de días, mas ya eran casos serios donde se hacían necesarias las capacidades de sabiduría mezclada con un buen chorrito de pacifismo y una buena dosis de razonamientos maternos, pocas veces se llegaba a estos extremos…ese día… decidí ir a por tizas para dibujar en el suelo un” truco” ( aquí en Badajoz y puede que en el resto del mundo, la role ) salí a la calle, mire hacia arriba, miré hacia abajo y dándome igual un camino u otro opté por tirar hacia arriba, al doblar la esquina recordé que había una obra donde no seria difícil encontrar tizas, así que allá que me fui, como a esas horas no había nadie me colé dentro, busque, rebusque y encontré un montón, un autentico tesoro, justo cuando abandonaba el lugar mi amiga ex amiga apareció por sorpresa con aires de dueña que pilla in fraganti a un ladrón, en este caso el ladrón era yo, no le faltaba razones, la obra era de su tío Matías y ella tremendamente ofendida me exigió la devolución del botín, por supuesto me negué e ignorándola con gesto chulesco salí a la calle con mi tesoro por bandera, apenas había pisado la acera cuando sentí un fuerte tirón de pelo a traición …¡Uuy!…ese era el cañonazo de salida para desatar una guerra, la cosa no tenía vuelta atrás, con fuerzas o sin ellas, con ganas o sin ellas, ante esta situación no quedaba más remedio que embestir y yo lo hice, como un toro de miura me volví con los ojos lanzando llamas y nos enzarzamos en la pelea mas bestia que nunca tuve, nos revolcamos en la acera agarradas al pelo, nos dimos patadas directas a las espinillas (y eso que de normal éramos como dos princesitas), cabezazos, mordiscos sangrantes, arañazos en cara y brazos…
Sinceramente no se donde hubiese terminado la cosa si no llega a ser porque el dueño de un estanco cercano intervino separándonos y obligándonos a dejar el combate en tablas …por supuesto nos fuimos a casa cabizbajas, cada una sintiéndose vencedora sobre la otra, con un poco de miedo por si el estanquero contaba los hechos a nuestro matriarcado particular y con un rapapolvo del samaritano que ninguna de nosotras se atrevió a replicar porque en esos tiempos era impensable e inaceptable rebatir a una persona mayor, yo hice la retirada con mi tesoro de guerra y llorando, Maribel llorando y sin el botín reclamado…yo directa a casa de mi abuela a limpiar las huellas delatoras de la batalla (aunque en esta ocasión hubo que dar alguna explicación en el reino de Petra) ella a casa de la suya a lo mismo…y al día siguiente volvimos a ser amigas para siempre porque de la pelea ya ni nos acordábamos, principalmente porque el tiempo lo borra todo y por aquellas fechas veinticuatro horas era toda una vida …
- Lapriana
Últimos veranos infantiles (I)
O penúltimos…veranos de fragancias únicas, de olores a hierba seca, a heno, a calor de pueblo, a calles empedradas, a calles en cementadas, a vestidos vaporosos de batista perforada, a juegos eternizados de horas bajo un sol abrasador, a vacaciones de verano, sin colegio, sin preocupaciones, sin tareas, la única jugar, comer, jugar, sestear por obligación y después jugar, merendar pan con chocolate y después jugar, cenar y después jugar, bajo la luna, bajo el sol, con nubes, con cielo claro jugar, dormir y despertar con el sonido de una conversación casi susurrante en la cocina, la voz de mi abuelo José que ya iba para la plaza a lomos de su burro y hacía la parada obligatoria para tomar un cafetito con mi madre, sus voces eran mi despertador, la señal de que me quedaba poco para el desayuno, aún podía remolonear un ratito mas en la cama, jamás de los jamases me levantaba por propia voluntad, era un poco camastrona…el día comenzaba cuando mi madre entraba en el dormitorio con una bandeja y desayuno para dos, yo estaba convencida de que esta ceremonia diaria era una ley de verano común en todas las casas, y lo cierto es que una servidora la cumplía a rajatabla, mi hermana también era fiel cumplidora del horario estival…ese era el comienzo de una jornada prometedora, el aire que inundaba la habitación aun no era demasiado caliente, mi madre, después del beso mañanero nos repetía cada día la misma cantinela… ¡vamos! que ya han venido a buscaros Angelines, Maribel, Maricarmen…siempre sois las últimas en salir a la calle.
Y es que esa era nuestra única obligación, dejar la casa libre cada mañana para que la gran jefa pudiera trabajar a sus anchas…y ya en la calle.. desayunadas, .limpias, repeinadas y oliendo a colonia fresca, buscábamos a las otras niñas, tampoco era una misión difícil, o estaban a la vuelta de la calle Calzada o un poco mas abajo en un pequeño recodo de la misma, el pueblo a esa hora estaba lleno de vida, la señá Antoñina barriendo la puerta de su casa y hablando a voces desde el otro lado de la acera con Felisa, mi vecina de puerta, mi abuela en la puerta de la suya reclamaba un beso nuestro, Andrés el carpintero y marido de Felisa trabajaba en los bajos de su casa con las puertas abiertas, Baldomera, que vivía por debajo de la carpintería ayudaba a su marido Gabino a sacar las mulas por la puerta falsa, en la peluquería de Juana entraban y salía las clientas y el olor que desprendían la flores de los balcones se mezclaban con algunos excrementos que los pocos mulos que iban quedando en el pueblo dejaban cuando atravesaban la calle, supongo que el burro que mi abuelo utilizaba de utilitario para ir a comprar el librillo al estanco también aportaría su ración de adorno callejero …eran olores de verano, en invierno no se percibían igual, ese olor a pasto, a calor, a sudor de juegos, a chicharras cantarinas, a años setenta mezclados de modernismo con pinceladas añejas, a despreocupación inconsciente, a últimos veranos infantiles, a calles transitadas por coches, burros, caballos y mulos, algún carro y muchos niños jugando a todas horas y, ese olor a vecinas vestidas de negro, de colores, de algarabía sosegada bajo el sol de veranos despreocupados…hay tanto que contar…recuerdo un día que…
- Lapriana



































Preciosos estos cuentos, bonito saber y conocer como era tu infancia en el pueblo, tan diferente, tan distinta a las de hoy en día, eso si que era pasarselo bien y despreocuparse de todo…. me encanta!! recuerdo cuando me empezaste a dejarme salir sola y fue en el pueblo, me dejabas ay con mi amiga, me quedaba a dormir unos días y me olvidaba de todo, me lo pasaba genial, no me preocupaba de la hora ni de nada, de hecho me quería quedar a vivir allí!!
Por: prianita el Julio 6, 2008
a las 11:54 am
Que bien, Lapriana, si ahora fuera tan fácil arreglar los malos entendidos como cuando eramos niños ¿verdad?. Por cierto, Maribel, sigue igual. La reconocerias rapidamente y con el mismo caracter de entonces. Un besazo paisana.
Por: db para Cuentros de Laprina el Julio 7, 2008
a las 6:42 pm
Oye! ¡Es verdad! ¡Os parecéis!
Por: Angela el Julio 9, 2008
a las 11:29 am
¡Que ilusión ver esa foto después de tantos años!aún me acuerdo del día en que nos la hicimos,recuerdo que fué mi padre el que nos montó a todos y que como Tete y David era los peques Raúl y yo tuvimos que irlos escoltando.Creo que me tocó ir en la peor parte del burro porque a medida que éste andaba yo m iba escurriendo y el paseito,aunque corto,a mí se me hizo eterno;además ni que decir tiene que esa noche me estuvo doliendo la parte del cuerpo donde la espalda pierde su nombre.La verdad es que ahora que han pasado unos añitos,tenemos enanos, y ves con él(en mi caso) fotos de esa dulce época recuerdas los largos veranos en el camping,las mañanas en las que desayunábamos esos churritos que con tanto amor hacía una de las personas más buenas que han pasado por mi vida,afortunadamente,los pulpitos que pescaban a primera hora del día mi hermano y mi querido tío y que luego tan bien preparaban mi mamá y mi tía…Recuerdos todos gratos y vivencias que me gustaría que mi enano pudiese empezar a disfrutar con sus primos y tíos tanto como lo hemos hecho nosotros tres.Desde aquí daros las gracias por este buenísimo blog y por trasladarme a un día de playa de hace taitantos años.
Por: sonia el Julio 20, 2008
a las 6:35 pm
Gracias Sonia, casi lloro por la mención que haces a mi padre, también a mi me ha venido a la mente el recuerdo tan agradable de aquellos veranos en Conil, cuando todo era mas facil, especialmente para vosotros, lo digo porque, en la infancia todo es mas sencillo y mucho más comodo…y sobre todo porque no faltaba nadie, estábamos todos…un beso prima, nos vemos pronto.
Por: lapriana el Julio 20, 2008
a las 10:08 pm
Eso de la callejita, aunque para ti es” la callejina”, cuantos recuerdos, cuantos. ¡ Parece como si los estuviera volviendo a vivir!
Muchas gracias por hacerlo tan bien. Un beso.
Por: Krispita. el Julio 24, 2008
a las 4:33 pm
Hace tiempo que no me reía tanto leyendo y recordando lo que escribes en el cuento.
y si, me ha venido a la memoria que cada vez que iba a buscar a tu hermana, nunca estaba levantada.
Precioso sigue así, muchos besos
Por: Mamen el Julio 29, 2008
a las 10:00 pm
Cada vez me gustan más!! me encantaria haber vivido en esa epoca mi niñez, es completamente difirente a lo actual, mira que yo de pequeña jugaba…y pasaba horas en la calle con mis amigas fantaseando, pero no recuerdo veranos con esa magia, ni anecdotas tan fantasticas, era distinto, ahora mas moderno todo, ahora ya quien quiere vivir una aventura llenas de miedos e intrigas, para eso estan los juegos de la play, la nintendo ds, el ordenador…ni los jugetes lo quieren!! me da pena que en un futuro vaya desapareciendo los juegos de toda la vida, en mi barrio donde tanto he jugado al escondite, la gallinita ciega, la goma, las tizas, las palmas, el latigo, el coger,el cementerio, el conejo de la suerte…de esto si que guardo un entrañable recuerdo.
Los peques de esta generacion, y se lo digo a mi madre, ya no juegan como antes aqui en el barrio, el otro dia me encontre a dos vecinos de unos 8 años metidos en el portal, con una tarde fabulosa jugando a la nintendo ds, con esto lo digo todo.
Por: prianita el Agosto 12, 2008
a las 12:05 pm
Sobre lo que dices de los niños es verdad. Tú ahora eres muy joven y todavía no tienes hijos, pero si eres consciente de eso, te digo de buena tinta que los niños son mas felices con los otros juegos y que todavía podemos ganarle la guerra a la Play, Nintendo, Televisión y todas esas maquinitas, cuanto más tarde entren en la vida de un niño y si no entran mejor. Nos las venden con juegos educativos, ¡ es mentira! es un engaño para hacerlos adictos. Todo mercadeo y comercio puro y duro. Cada vez más niños gordos, infelices, analfabetos. Si tienen esa forma de jugar fácil, aunque la otra sea más placentera no la buscarán. También hay que tener tiempo para ellos, y para jugar con ellos y enseñarles juegos de siempre. Pero eso es una labor de los padres, que tienen que esforzarse por sus hijos, y darles una educación diferente lo otro ciertamente es más cómodo, pero nada enriquece más que lo que haces con tus manos y tu esfuerzo. Toma nota para cuando seas mamá. Un besazo.
Por: db a Prianita el Agosto 13, 2008
a las 9:07 pm
Lapriana, no se si tú casa del miedo es la misma que la mía, que daba para dos calles y en una de ellas había un pozo. Yo creo que todos los niños del pueblo hemos ido a jugar a ella. Yo hasta de día cuando pasaba por allí, que era casi paso obligado, me cambiaba de acera y la miraba con miedo. También recuerdo jugar en las laderas y en los alrededores del castillo, ¡ mira que era peligrosa esa zona!. Y que libres, salias y volvías y nadie preguntaba dónde estabas, fíjate. Y de la zona donde vivían el matrimonio, que creo es la Cruz de San Blas, recuerdo el ojo del mundo, allí siempre hacía aire, no se por qué. De las pinturas rupestres y que era el lugar favorito para ir a coger musgo en navidad, con el que decorar el belén. ¡ Mamá cuantos recuerdos!. Tenia yo, la infancia dormida y despierta con cada cuento. Sigue así.
Por: db a Cuentos de Lapriana el Agosto 13, 2008
a las 9:17 pm
Gracias amiga por recordarme lo del pozo, se me había olvidado, y si, es la misma casa, se ve que fué el terror de muchos niños del pueblo, yo soñé durante mucho tiempo en entrar y descubrir todos sus misterios, pero, eso lo pensaba cuando estaba alejada de ella, en cuanto me acercaba la cosa empezaba a cambiar y mi valentia se achicaba, lo máximo que me aventuré fué a dar unos timidos pasos dentro de ella y a correr de nuevo hacia la puerta dejando para otro momento mis ansias aventureras…al final crecí y nunca fui lo suficientemente valiente para adentrarme en sus misterios, tengo entendido que fué una bodega…por eso estaba llena de tinajas, nosotras creíamos que eran para cocer a los niños…jajaja, a nosotras si que nos hervía la cabeza de tantos cuentos y tanta imaginación
Por: lapriana el Agosto 15, 2008
a las 6:06 pm
Lo de los pozos te puedo asegurar que a mí aún me tiemblan las piernas cuando me acerco a alguno y más si son de esos que no están tapados; y asomarme ni de coña. La mano negra también existía en mi pueblo; y el hombre del saco; y la Maguña; y el que te sacaba los higadillos; y el que aparecía debajo de la cama si no te dormías; y el doblao de los fantasmas (yo no subo al doblao de mi casa de Castuera sola ni muerta); y el cuarto de las ratas….Mi abuela me atemorizaba con todo lo que de su imaginación salía para que no me alejara de su lado porque yo era bastante gamberrilla.
Me encanta que me traigas estas cosas a la memoria. Algún día haré un post de mis abuelas dos “personajes” alucinantes, una medio bruja y con facciones de judia (si la Inquisición hubiera estado vigente no se habría salvado de la hoguera ); otra una trabajadora inagotable, parlanchina y adorable que me dejó en herencia esta naricita que tengo.
Por: Ángela el Agosto 27, 2008
a las 11:02 am
Espero con ganas ese post de tus abuelas, no te demores demasiado, y ¿que hacia el Maguña?, no lo había escuchado nunca. Por lo demas, se ve que a la gente de pueblo nos unen muchísimos lazos y, mucha memoria común. Un beso “amiga pizpireta”
Por: lapriana el Agosto 27, 2008
a las 3:19 pm
Pues si, tal y como lo cuentas es. Mi hermano, tiene el solo para llenar todo tu libro de cuentos de anécdotas, pues era muy travieso. Mi madre había noches que le parecía raro acostarse sin que nadie hubiera venido a casa a dar quejas de él, incluido el Alcalde, que en aquellos años, era toda una autoridad. Referente a las Valerianas, no se si recordarás que la práctica de llevar en la cabeza las bandejas de mimbre con los dulces, desde el horno hasta su casa y para la venta, les ha dejado en herencia un andar erguido que ya quisiéramos muchas. Todavía, y son algunas mayores, las ves pasar derechas totalmente, mirada al frente, pecho subido y glúteos apretados, para no caer la bandeja. había postales de recuerdo del pueblo, donde aparecían. Y no se si sabes que en el pueblo se dice que las mujeres de Alburquerque tiene el “culo” prieto de subir tantas cuestas. No en valde nuestro pueblo está en una ladera y las calles, sobretodo de la Villa Adentro, son empinadas. Por cierto a ver si tienes recuerdos de esta zona tan bonita. Un besazo.
Por: db en cuentos de Lapriana el Agosto 28, 2008
a las 6:50 pm
Bueno Lapriana, yo cada semana, como si de un folletín por entregas de aquellos de la radio de mi abuela fuera, espero con cariño y curiosidad una nueva aventura. La verdad es fácil, pues conozco, el sitio y los personajes. Por cierto, con Don Hipolito, tuve yo una anécdota; cuando estábamos ensayando para la primera comunión, como yo llevaba una ortodoncia en la boca, se me olvido quitármela y al tomar la comunión, le mordí los dedos, sin querer. ¡ Que mal genio tenia aquel hombre!. Yo le cogí, con siete añitos, tal miedo que cuando me cruzaba con él por la calle me cambiaba de acera. ¿ves? cosas de niña también.
Por: db en cuentos de Lapriana el Septiembre 5, 2008
a las 6:03 pm
Tienes razón, que brutotes eran los chicos. En mi casa que son mayoría, estan señalados en la cabeza con las dichosas “piteras”, de las “pedradas” que jugaban en las laderas. Unos contra otros. Cuando nosotros nos mudamos de la ciudad al pueblo, mis hermanos tenian la obligacion, si querian salir, de llevarnos a mi hermana y a a mi. En más de una “pedrea” participé, y eso que eramos “pan blando”. Hasta que mi madre se percató del tema e hizo precisamente eso que tú dices: división de sexos.
Por: db a Cuentos Lapriana el Septiembre 16, 2008
a las 3:56 pm
Esta costumbre de sentarse a la puerta las vecinas, se ha perdido completamente, pues ya todo el mundo tiene televisión y no hace falta entretenerse con la vida cotidiana del vecino. Ahora nos entretenemos con las intimidades de cama y alcoba de algún famosillo. Recuerdo este tiempo perfectamente. La calle era una fiesta, entre adultos sentados haciendo corrillo y niños jugando. Ventajas de vivir la infancia en un pueblo como tu bien dices
Por: db a la quietud del fresquito el Septiembre 26, 2008
a las 4:30 pm
Cuantas cosas vividas,cuantos recuerdos de niñez,me encantan.
Por: Isidoro el Octubre 2, 2008
a las 10:19 am
¡Dios Isidoro! que feliz me ha hecho saber de ti, aunque solo sea a través de este blog, imagino la cantidad de recuerdos que te habrán asaltado, lo mismo que a mi…supongo que recordarás la casa de mi abuela, tu casa, el patio con el parral gigante, las macetas, el naranjo del patio y el limonero del corral, la cuadra…el pasillo con las lanchas blancas…tenemos muchísimos recuerdos comunes, espero que sigamos en contacto y que alguna vez podamos vernos, vosotros tres formáis parte de mis mejores recuerdos de infancia. Un abrazo para los tuyos, especialmente para tus padres y para ti.
Por: siguelashuellas el Octubre 2, 2008
a las 12:32 pm
Ahora le estaba enseñando las fotos a mi hija la mayor que tiene once años. Madre mía cuando nosotros teníamos esas edades, que manera de vivir mas distintas, jo no puedo dejar de ver en mi mente esa casa, en la que jamas he vuelto a entrar. Aun viviendo unas cuantas mas abajo. Sera que preferí quedarme con el recuerdo de aquellos años. Muchos besos.Nos veremos vale.
Por: Isidoro el Octubre 2, 2008
a las 4:19 pm
¡Me encanta este blog!. Ver las fotos de los abuelos y de mis primos y hermanos e incluso yo de pequeñaja.. ¡es genial!. En una de las fotos enseguida he reconocido a Isidoro (es como uno más de la familia al igual que sus padres), pero he de reconocer que la que no sale muy favorecida es mi prima Pepa ¡con gafas! (casi no la reconozco), ella es mucho más guapa!!!Menudos recuerdos tengo de los veranos cuado iba a casa de los abuelos, me encantaba ver las gallinas de Juana y me pasaba todo el día, mirando si habían puesto huevos, pues para mí eso era una novedad.
A pesar de la distancia y el ajetreo diario, con este blog, a veces me dan las tantas de la madrugada viendo todo lo que colgáis en la web.
A Mari y Manolo enhorabuena por esta idea, y que sepáis que ya estoy buscando fotos para mandaros de “recuerdos del pueblo”.
Me entusiasma los cuentos de Lapriana y tengo que darle la razón a lo que dice mi hermano, que tienes una manera de escribir y narrar las cosas ¡que engancha!!!!, continúa así.
Por mediación de este blog, también he sabido “un poco” de Sonia, desde aquí te mando un beso muy fuerte.
Y por supuesto, a Isidoro, ya que me ha hecho mucha ilusión ver ésa foto que es como yo te recuerdo, jugando ambos en el patio de los abuelos.
La última vez que te ví, acababa de nacer tu niña ¿Te acuerdas?
Un besazo para todos desde Valencia.
Por: CLEMEN el Octubre 3, 2008
a las 11:14 am
Ni me podía imaginar lo contento que me iba a poner al encontrarme con todo esto. Es como cerrar los ojos y recordar todo. Por aquellos años que inocentes juegos,que diversiones mas baratas,juegos en los corrales, con inventos domésticos, y con mucha mucha imaginación. Por eso cerrad los ojos y volver a imaginar. UN BESO PARA TODOS, os recuerdo con mucho cariño.
Por: Isidoro el Octubre 3, 2008
a las 3:33 pm
Isidoro, a finales de este mes seguramente iremos al pueblo, da por hecho que vamos a ir a tu casa, aunque solo sea unos instantes, lo justo para saludaros, siempre vamos con el tiempo contado. Espero con ganas el momento de ver a tus padres y a ti…y con respecto a los juegos…nosotros no teníamos play, ni ordenadores…ni puñetera falta que nos hacía, nos pasábamos el día jugando en la calle, sobre todo en verano…y lo de la casa…yo tampoco he vuelto a entrar, alguna vez pensé en llamar a la puerta y pedirle a los actuales dueños que me dejaran pasar, pero al final me acobardaba, soy demasiado sentimental y no me gustaría tener a nadie ajeno a mi vida cerca en esos momentos, estoy segura de que sería dificil controlar las emociones al recordar a mis abuelos, a vosotros, a nosotros de niños, a mis primos cuando venían en verano, como bién dice mi prima Clemen…las gallinas en el corral, el montón de piedras que daba a la casa de la vecina Martina y a las que nos subíamos para mirar hacía su casa. Mejor como bién dices, guardar el recuerdo de cuando aquella casa estaba ocupada por todos nosotros y como también dice mi prima mis abuelos a ti te querían como a un nieto y a tus padres como si fuesen hijos suyos.
A Clemen, que se conecte al mesenger de vez en cuando y a mi primo Jose Antonio que hay un cuento donde sale el…un poco mas adelante. Besos para todos…
Por: lapriana el Octubre 4, 2008
a las 5:19 pm
Querida Lapriana, cada vez que leo un cuento, vuelvo a la infancia, a la tuya y la junto con la mia, en cada sitio y en cada experiencia que describes. Me han emocionado mucho las fotos de tus padres y se vino a mi memoria una canción, de la que te dejo el enlace y te pido que escuches. Va para ti Lapriana, escuchala con paciencia. La vida es maravillosa y poder contarla mas. http://www.youtube.com/watch?v=gOlW-Ljcgno
Por: db a Cuentos de Lapriana el Octubre 11, 2008
a las 5:40 pm
Gracias db. Ayer noche, precisamente tomamos café con la vida, poquita gente, pero grata compañia…se echó en falta alguna taza vacia ¡otra vez habrá menos huecos entre taza y té!
Por: lapriana el Octubre 12, 2008
a las 11:36 am
A ti Lapriana, jo ya me explicaras que significa, aunque sea un minuto, no dejes de venir a verme, si puedes. Os espero con muchas ganas de estar con vosotros. Besos.
Por: Isidoro el Octubre 22, 2008
a las 5:44 pm
¡Ni lo dudes! el viernes vamos al pueblo, puede que también vaya mi hermana, así que, fijo que vamos a verte, no se la hora, pero lo mas probable que por la tarde. Besos y hasta dentro de nada….
Por: lapriana a Isidoro el Octubre 22, 2008
a las 8:20 pm
Pues que sepas que hace poco apareció otra vez por el pueblo y salió en el periódico y todo. Ahora la versión ¡ viva la pantaruja! para arrimarme a la moza debio de ser en sus tiempos todo un descrubrimiento.
Por: db el Noviembre 7, 2008
a las 10:08 am
Me encanta leer los cuentos de Lapriana!!!!! Sobre el último que has escrito “El campo de los Abuelos” o como familiarmente se le conoce EL HUERTO. no sé que tenía aquel trozo de tierra, pero toda la familia, guarda unos buenos recuerdos del mismo.
Yo por ser la más pequeña de las nietas, nunca estuve allí cuando lo tenían los abuelos (Fuí de mayor, con mi marido y mis primos José, Mari y Manolo) y fuí atraída por todas las anécdotas que se cuentan del mismo. Siempre he oído decir:
-Prunas como las del huerto no he comido nunca.
-Menudas uvas había en el huerto!!!
-Qué higos tenía la higuera del huerto!!!.
- El abuelo siempre se echaba la siesta bajo un árbol del huerto y cuando llegaba cantando…..¡Señal de que estaba muy enfadado!!!
- En el regato del huerto!!!!.
- La abuela se sentaba a coser en un sitio del huerto donde daba el sol y se cobijada del aire.
Mi padres y hermanos siempre hablan del huerto, incluso después de tantos años (mi madre nunca más ha vuelto) aún hoy en día raro es el que no nombre por una u otra razón “EL HUERTO”.
Que si: “Mira Andrés estás flores también estaban en el huerto” ó “Yo aquí en el campo me encuentro también que me recuerda mucho al huerto. o “hecho mucho de menos a mi madre porque sé que ésto le gustaría ya que es como el huerto” o cuando cuenta historias de ella con sus hermanas acaecidas en el huerto.
Hay una en especial que siempre la cuenta: Era mi madre pequeña y por lo tanto tía Petra aún más pequeña y parece ser que los abuelos habían ido al pueblo a vender y se quedaron solas las 2. Tía Petra por aquel entonces (una niña) era un poco miedosa y mi madre (que debió de ser un “trasto”) no se le ocurrió otra cosa que disfrazarse con una toquilla de mi abuela y pintarse la cara de blanco (con cal de pintar las paredes) para asustar a tía y salió corriendo detrás de ella y según palabras textuales: Se dieron un “hartón” de correr huerto arriba y huerto abajo, tía diciendo: Antonia yo sé que eres tú pero me dás miedo!!! y mi madre muerta de risa. Mi madre paró antes de que llegaran los abuelos, pero cuando fué a quitarse la cal de la cara !Ay mi Dios, aquello se había secado y mi madre restregando la misma hasta casi salirle sangre!. Pero a pesar de sus esfuerzos los abuelos llegaron a enterarse, porque parece ser que un vecino le dijo al abuelo: No dejéis más a Petra con Antonia ya que a la pobre cría casi le dá algo del susto que llevaba corriendo y Antonia divirtiéndose de lo lindo.
Bueno y así podría seguir contando, contando….y todo girando en torno al huerto. Qué lástima no haber vivido en primera persona alguna de las aventuras del mismo, como por ejemplo ver la piedra que según mi hermano había sido un caballo y que por tantos sitios llevó a Mari.
¡¡¡¡¡Que pena no haberme montado nunca contigo para recorrer una aventura juntas en el Campo de los Abuelos!!!!!!!
Muchos besos.
Ah! por cierto que os he votado en la pagina de Navegantes de hoy.
¡¡¡¡¡SUUUUUUUEEEEEEEEEERRRRRRRRTTTTTTTTTEEEEE!!!!!
Por: Clemen el Noviembre 21, 2008
a las 1:33 am
!Qué bonito tu cuento del huerto! Me ha recordado cuando en verano, de pequeña, íbamos todos a regar al huerto de mi padre en el pueblo. Sacaba agua con el motor, del pozo que había construido y los surcos iban llenándose a gran velocidad. Con la azada iba dirigiendo el curso del agua por donde él quería. Me gustaba mucho verlo.
Nosotras nos dedicábamos a jugar, a correr, a recoger flores, a buscar piedras, a tirarnos espiguillas secas que se nos enredaban en el pelo, a espantar pájaros…mi madre paseaba y se sentaba con mi hermano pequeño en su hamaca verde a charlar con mi abuela Dolores.
!Qué tardes más bonitas!
Olía a tierra mojada, a higuera, a manzanos, a tomates rojos y a mata verde; a tortilla de patatas, a regajo y a pajote seco. Bebíamos en aquel botijo grande forrado de tela (tipo manta de Curro Jiménez) que mojábamos para que estuviese fresquito.
El sol acababa por ponerse rojo y desaparecer. Seguro que era el mismo que tú veías en nuestra misma provincia pero a más de 170 km.
Por: Mae el Noviembre 22, 2008
a las 3:06 pm
Clemen, me encanta que este blog y estos cuentos te entretengan en tus ratos de ocio, algunos de ellos te sonaran, fué una pena que no llegaras a conocer el campo del abuelo, aquel día de hace unos años que fuimos a visitarlo y no nos atrevimos a entrar ( ¿te acuerdas de tu coche recien estrenado, que apuros, los bajos raspaban las piedras del camino…) la verdad, yo no reconocí nada de lo que guardaba en mi mente como un tesoro de estupendos recuerdos, fué poco tiempo, lo mismo no entramos por la parte que teníamos mas vista, mas pateada, espero volver y, esta vez atrevernos a entrar y volver a pisar por todos los rincones donde tantas veces jugué y, por supuesto espero que mis primos Jose Aantonio y Truki me ayuden a recordar donde estaban los pozos, el campo de Carri, volver al regato…cuando volváis hay que ir, es una promesa en toda regla.
La historia de tu madre con la cara pintada de cal es todo un clasico en las reuniones familiares y, siempre me encanta escucharla, sobre todo cuando la cuenta mi tia, que por cierto, desde aquí le deseo muchas, muchas FELICIDADES (se que con un poco de retraso) por ese cumpleaños tan especial, con esa cifra tan redonda, que espero que no cambie nunca esa forma de ser que tiene, con esas ocurrencias suyas….
Espero que sigas por aquí, que estemos en contacto también a través de este blog, QUE MI PRIMO JOSE Antonio se conecte, o ponga internet, y que muy pronto saldrá en un cuento con algunas de sus continuas travesuras, que también son famosas en las reuniones familiares, claro, que de tal palo…..
Un abrazo para todos mis Valencianos favoritos
Por: lapriana el Diciembre 13, 2008
a las 1:15 pm
Pues en una de esas Ferias de Badajoz, se perdió mi superhermano, el trasto total, el de los calcetines en la tijana del pueblo, no podia ser otro, pero nada más entrar en el recinto. Se acabo la feria, toda la noche buscandolo y el muy listo cogio un bus urbano y se marchó a casa. No te cuento mi hermano el mayor el enfado que llevaba. No dio tiempo a ver todo eso que vistes tú y encima mis padres digeron que no volvian más con 5 niños. Yo creo que esta parte no la cumplieron a pesar de disgusto que se llevarón.
Por: db en Feria de Badajoz el Enero 11, 2009
a las 3:30 pm
Que entrañables tus relatos María!! Me gusta como escribes, con ese recuerdo nítido y plácido de tus años de infancia.
Acabo de leer tus recuerdos de los juegos de niños. Mira que mi generación ya es de los 80, pero nosotros, los niños, seguíamos con las mismas aficiones macabras: lagartijas, ranas, renacuajos… y chinchando a las niñas también. jeejje.
Muchos besos y un abrazo fuerte para Manolo!!
Desde Valladolid.
Por: Roberto el Enero 12, 2009
a las 1:41 pm
A mí también me daban miedo los cabezudos.
En mi mente infantil cobraban vida ya antes de la cabalgata y cuando llegaba el día, con el corazón a cien por hora, salía a verlos; la curiosidad vencía al pánico.
Un día vi a los gigantes en el Ayuntamiento, quietos, enormes, con sus grandes bocas, sus grandes ojos, sus grandes mofletes, los superpechos de superbarbye de la reina, pero… !tenían agujeros en el vestido justo donde llegaba mi mano levantada! Miré dentro y sólo había cuatro palos. Comprendí entonces porqué se paraban de vez en cuando en medio de la cabalgata y se hacían más pequeños.
Por: Mae el Febrero 2, 2009
a las 11:31 am
Mari , hoy leyendo el periódico he descubierto tu gran afición ,me ha sorprendido verte .Cuando se lo he comentado a mi marido ,me ha dicho que el ya te había leído y que seguía todos vuestros pasos en la pagina ,ya que en casa nos interesa bastante todo lo relacionado con nuestra ciudad .Me he metido en vuestra pagina ,la he visitado un poco por encima ,pero me he parado a leer tus cuentos ,me han encantado ,me han transportado a mi niñez , mas o menos seremos de la misma generación .Yo soy de Badajoz capital ,pero ,esa etapa que tu relatas la vivimos todos con el mismo asombro.
Espero que me contestes , y me digas donde puedo conseguir el libro ,ya te la llevare para que me lo firmes . Bueno , no te he dicho quien soy ,voy contigo al gimnasio ,la prima de Carlos ,no se si caerás .Enhorabuena y un saludo.Juani
Por: Juani Hidalgo Piñero el Febrero 12, 2009
a las 4:24 pm
María, D. Daniel y el Practicante, fueron toda una institución en el pueblo. Junto con el Alcalde, el cura y el Maestro, eran las auténticas autoridades del pueblo. ¡que tiempos aquellos!. Igualito que ahora que al médico no se le hace caso, el practicante es un simple pinchón, el Alcalde motivo de criticas, el cura ni te digo y al pobre maestro se le tiene poco respeto y admiración por ese trabajo tan noble que es transmitir conocimientos a otros. “Ni tanto ni tan calvo”
Por: db sobre D. Daniel y .... el Agosto 15, 2009
a las 9:22 am