YIN Y YANG…PERO SOBRE TODO, MUCHO YANG
Tarde nublada, grisácea y de ventolera; ni pintada para enredos de juegos mentales mientras sentada en una sala de espera se echa un vistazo al reloj: dígitos perezosos y eternizados.
Llevaba una década – ¡o hasta puede que dos!- sin aparecer por el médico de cabecera.
La consulta hasta la bandera y sólo había que echar una mirada para darse cuenta que todos íbamos con las mismas o parecidas dolencias: toseando, moqueando, bronquiteando…en fin, un engorro pero nada que no pudiera solventar el alivio de un fonendoscopio, unas palabras de ánimo, palmaditas en la espalda y una poderosa y esperanzadora receta antibiótica.
Faltaba poco para atravesar las puertas que acabarían con un par semanas de insomnios provocados por la pesada banda sonora que se había colado en mis pulmones cuando hizo su entrada ella, monologista por excelencia y antigua conocida: saludos –muac muac- y comienza el monólogo. Su aburrida actuación hizo que de cinco minutos de escucha me sobraran cuatro para decidir rebautizar el Yin y el Yang con nombres de mujer…y probablemente porque Yin me suena a vago e impreciso le puse su nombre –nombre que, evidentemente ni a punta de pistola desvelaría-
La monologista y sus dolencias, la monologista y sus lumbalgias –extraña lumbalgia que le permitía moverse sin un gesto de malestar cuando la exaltación del relato de sus sufridos dolores llegaban al punto más álgido- y sus toses –más especial y más intensa que la de cualquiera de los que nos encontrábamos esperando y esparciendo virus a diestro y siniestro-, y sus tensiones, y sus pastillas bajo la lengua…y ella, siempre ella, sufriendo lo indecible con enfermedades y dolencias tan nimias que, la respuesta a la cortés pregunta del ¿que tal estás? no merecería más allá de un: ¡nada, un puñetero trancazo! y a otra cosa mariposa.
Aguanté –mientras Yin monologaba- aparentemente impertérrita imaginándola como la protagonista de una película: Las locas aventuras de Yin por los centros de salud.
No me resultó difícil dejarme a mi misma de cuerpo presente y sacar la mente de paseo, lejos de aquella barahúnda vírica y lejos de Yin gris, Yin contra los sanos, Yin en busca de la medicina perdida, días de Yin nublados…hasta que de pronto un inoportuno fundido en negro dejó mi imaginación en dique seco… ¡mecaguenlaimaginación!
La espantada de mis musas me hizo reaccionar: contraataqué buscando desesperadamente a Yang y con sabio criterio deduje que si a Yin le había puesto nombre de mujer, Yang también tendría que serlo: se llama Pilar, tiene titantos años y desparrama energía, simpatía, alegría y todos los ias imantados por la misteriosa fuerza que desprenden los rayos de sol, los cielos claros, los mares en calma, el olor a tierra mojada después de una tormenta de verano, las montañas solitarias, el arrullo del agua, el color de las primaveras extremeñas, los silencios buscados y los mejores bullicios de la gente de buenas pasiones…Pilar Yang nunca se cuestiona dejarse atrapar por la pereza de las sábanas calientes de un día borrascoso de invierno – María, eso ni se cuestiona- me dijo una vez que mi cuerpo y mi espíritu andaban desinflados.
Yang es Pilar y Pilar es Yang: rubia, cantante de duchas y vestuarios, radio olé de amplísimo popurrí, eterna provocadora de risas y sonrisas, exagerada imitadora de la Montiel, Mata-Hari de un minuto y, mil personajes más que inventa y reinventa mientras su radio de acción repele cualquier mala energía que pudiera habérsenos adherido.
Los médicos, además de antibióticos cuando se necesitan, también deberían recetar amistades Yang. Amistades Pilaricas, ineludibles para aprender a vivir siempre en positivo.
Doy fe de que si ella quisiera también podría poner una mueca de pena en su cara, el problema es que tendría que tener una pizca de Yin, y de momento ha conseguido tener lo que quiere: Yang para dar y regalar envuelto en mucho sentido del humor y mucha y sobrada inteligencia.
¿Quien dijo?: ¡arriiiiba… no sé quien! Pues ni caso, el dicho es arriiiiba y por siempre Pilarica Yang y sus iguales.
- Marí Penís
Operación Bañador
Nunca tantos usuarios de un gimnasio han estado tan unidos y sus opiniones han sido tan unánimes como las que ha provocado un artículo: la operación bikini llena los gimnasios.
Una amplia fotografía a color, varias filas de bicicletas y muchos usuarios sobre ellas daban pie a un artículo asquerosamente machista y manido; y eso sin nombrar el recurso facilón y previsible de la puñetera operación a la que todos los años recurren telediarios y periódicos que no saben con que rellenar páginas en blanco o minutos de pantalla.
Se da las circunstancias de que la totalidad de los que aparecemos en la fotografía de portada haciendo spinning ni buscamos operaciones milagros ni somos temporeros de gimnasio. Algunos de los que aparecen en esa foto tienen sobre sus dorsales treinta años de entrenamiento diario. Razones: vida sana, superación personal, formas de vida, placer por la adrenalina que produce el ejercicio físico y sobre todo, alergia a la poltrona y a la vagancia muscular.
Deduzco que al ser imposible separar bikini de mujer, sólo somos nosotras las que buscamos embellecernos en dos meses –dejando al margen la insultante estupidez o ingenuidad que nos otorgan al convertirnos en incautas tontainas capaces de creer la chorrada que lleva implícita el jodido titular-. En cualquier caso sería operación bañador…que yo sepa todos los gimnasios son para uso y disfrute de entrenamientos de hombres y mujeres; en fin, ni una palabra más porque no las merece, sólo que: ha sentado mal; por eso para la próxima hemos decidido que en cuanto veamos aparecer un fotógrafo salimos pitando y que la foto se la haga a las bicis vacías y de titular ponga: Badajoz no necesita gimnasios, el aire de la ciudad los pone en forma.
- María Penís
LA ESENCIA, ( de María Penís “Lapriana )
Un desacuerdo le arrancó la venda de los ojos. ¿Cómo pudieron deshacerse de todo lo que atesoraba el interior? ¿Cómo pudieron –diez años atrás- desprenderse de tanto y seguir viviendo como si tal cosa? …el dinero, -pensó Dana- el maldito dinero capaz de envilecer hasta los sentimientos más nobles.
La casa no era gran cosa, no lo fue nunca, ni siquiera cuando las goteras aún no habían hecho mella en el techo del desván, pero fue la casa familiar durante toda una vida, y sus herederos, cuatro gatos que prefirieron evitar divergencias vendiéndola al mejor postor: los adinerados vecinos que únicamente la querían para adosarla a su ya enorme mansión y, además de agrandar las habitaciones del servicio, hacerles una entrada directa a la cocina.
La llave de la puerta sólo guardaba paredes vacías, a excepción de la sala del balcón donde aún colgaba un calendario amarillento por el paso de más de una década anclado en el pasado: Pescadería Paco. Alburquerque 1990; y el espejo del zaguán que ya era viejo cuando ella nació.
Dana forcejeó luchando contra la herrumbre de la vieja llave y también contra el defecto de fabricación del bombín de la cerradura, que según su abuelo lo compraron barato y por eso nunca fue bien,… pero como en vida de ellos la puerta nunca se fechó, ¡poco importaba!.
Sentía los latidos del corazón demasiado rápidos; sabía que eran emociones a punto de ser devoradas por una casa que jamás debería haber salido del seno familiar: -estás loca; no tienes sentido común; la vida es así y ya te enterarás… las casas son eso, casas que cuando los dueños mueren pasan a otras manos y san se acabó…- sus padres no quisieron escucharla diez años atrás cuando murió Jordana y ella pidió –rogó- que no la vendieran, que la compraran por ella, que llegaran a un acuerdo con sus tíos, que les estaría eternamente agradecida y en cuanto trabajara y pudiera permitírselo, les devolvería el dinero… -No sabes lo que dices mocosa, sólo tienes quince años y virutas de serrín en la cabeza, ¡esta casa necesita mucho dinero encima, y total para que, si apenas vienes al pueblo!… ¡que sabrás tu de la vida!, ¡y de cualquier manera, cuando llegue el momento en que puedas ganártela, verás que hay prioridades, y por mi experiencia puedo asegurarte que este cuquero no lo será, y si no, tiempo al tiempo!- aseveró convencido su padre.
A Dana le temblaban las manos mientras torpemente intentaba girar la llave herrumbrosa; en su cabeza los recuerdos se atropellaban, saltaban de niña a mujer, de la impotencia de sus quince años ante un injusto e insensible acuerdo -precisamente en el mismo zaguán que de un momento a otro volvería a ver después de una década de dedos cruzados por una esperanza que nunca perdió, y de un sueño que hoy tocaba techo-.de ver su casa de esencias en otras manos. Salvaron una coqueta, un par de mesillas y poco más, el resto lo dejaron para que se fundiese con los escombros cuando fuese derribada, ignorando que adheridos llevaban mixturas de abuelos. Jordana y Chalín. ¿Qué quedaría de aquellos viejos muebles, habrían sobrevivido a la carcoma y al tiempo?…
Ahora, la casa era suya. Y su teoría sobre el poder de las piedras y la impronta que dejan en ellas algunos seres, una realidad. Diez años vacía, diez años en manos ajenas negándose a ser habitada por otros: una repentina enfermedad de la nueva dueña, una larga convalecencia, un aplazamiento por una boda imprevista, una separación, unas vacaciones, una anemia, tiempo lluvioso, una muerte, desgana…
La casa esperó a Dana, y cuando Dana pudo, volvió a ella, mucho más vieja y con urgentes necesidades, especialmente en los tejados que ya se estaban viniendo abajo pero, la compró, aún en contra del deseo de sus padres, que no veían nada mágico en los hechos, sólo encabezonamiento de niña joven y soñadora con muchos pájaros en la cabeza.
Por fin cedió la cerradura y, un chirrido que a otros les hubiese parecido tétrico, a ella le arrancó una amplia sonrisa; la casa y sus fantasmas le daban la bienvenida. Al abrir, un repentino dolor le atenazó las tripas: la humedad había levantado los hermosos baldosínes del zaguán formando pequeños montículos; las encaladas paredes parecían tener debajo de cada desconchón un millón de burbujas de aire; el espejo del zaguán, donde su abuela se atusaba el moño antes de salir a la calle, se encontraba descolgado y tan picado que costaba reconocer la borrosa y desdibujada imagen que devolvía; la barandilla, que Jordana pintaba de color plata dos veces al año, había perdido la pátina y ya no quedaba más que pequeños pegotes semejando diminutas isletas de caprichosas formas. Dana, inspirando con fruición el fuerte olor a rancia humedad, se deleitó en cada paso dado entre pergaminos de cal, apartándolos con el pie mientras recorría las habitaciones que tan bien conoció de niña, y en las que tanto jugó cuando llena de voces y vida parecía que el paso del tiempo nunca podría silenciarlas. Paseó la mirada por la barandilla y después, con manos temblorosas por la emoción, las deslizó suavemente en una prolongada y lenta caricia: -No se te ocurra resbalar por ella, eso sólo es posible en las películas- Dana levantó la vista buscando la voz de su abuela pero en las escaleras sólo había cal y un millón de excrementos de pájaros. Miró el techo: la claraboya también estaba rota, ¡como no!…se encogió de hombros y pensó que poco a poco iría devolviéndole el aspecto que nunca debió perder.
Pescadería Paco; Dana cerró los ojos rememorando el momento en el que su abuela colgó el calendario unos días antes de morir. La sala del balcón siempre tan llena de luz parecía más desmantelada que el resto de la casa; ¡la ausencia de Jordana empequeñecía tanto la habitación!… por unos segundos dudó si no tendrían razón sus padres, pero inmediatamente, dando media vuelta desechó pensamientos inoportunos y siguió subiendo escaleras hasta llegar a la última planta, la del desván, la de las mil historias de Chalín, su abuelo el contador de cuentos, del que decían que nadie en el pueblo recordaba su autentico nombre.
La puerta negra había triplicado los agujeros de carcoma, pero seguía en pie, tan cerrada a cal y canto como cuando la casa aún no había enfermado y todavía por sus paredes corría la sabia de vidas llenándola de ropa tendida, cagadas de gatos en la terraza, perfumes de croquetas recién hechas inundando las tres estrechas plantas…
Dana, mordiéndose el labio, plantada ante la puerta negra, inspiró decidida empujando con tanto ímpetu que un polvillo blanco sobrevoló fantasmagórico por encima de su cabeza haciéndola toser; un tufo a humus, a podrido, a humedad, a rancio y a olvido, le dio de lleno en la cara. Paseó la mirada por los cientos de bultos desparramados por todas partes: techo –con un par de boquetes abiertos al cielo raso- paredes, rincones, baúles…todo copado por lo que en otras épocas tuvieron su momento de fortuna. Chalín decía que eran tesoros olvidados por el tiempo, que a fin de cuentas no era más que el jefe de una banda de ladrones capaz de arrasar con todo: casas, amores, odios, temores, sueños…menos con la esencia, su acérrima enemiga…-ni el jefe de los ladrones puede con ella, aunque tampoco es seguro que arraigue en todo lo que nos rodea, si así fuese, el mundo estaría lleno de lugares mágicos, y no es así, ¿verdad?
-Pues en esta casa arraigó- se dijo Dana paseando la mirada por el desván de los tesoros.
Sonrió moviendo la cabeza de un lado a otro -¿Qué tesoros abuelo, qué tesoro decías que sólo podría valorarlo cuando fuese adulta?
Durante un minuto cruzó los brazos mirando en todas direcciones, después los descruzó y se dirigió al único baúl que aparentemente permanecía nuevo debajo de una gruesa capa de polvo: en una bolsa de plástico transparente miles de folios escritos a mano: Los Cuentos de Chalín…
( Galardonado con el tercer Premio Nacional de Relatos Cortos convocado por la asociación de Mujeres Progresistas de Badajoz )
- María Penís “Lapriana”
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Palmeros de Litrona
Hace unos días una amiga me contó que haciendo una ruta –organizada por un club de senderismo de un pueblo cercano- tuvo un desagradable incidente con una participante que por su aspecto nadie podría imaginar que en su interior portase un almacén de ordinariez y mala educación a partes iguales: caminaban compartiendo ocio, disfrutando de la naturaleza; la muchacha delante de mi amiga participando junto a un centenar de personas de veinte kilómetros de caminos y veredas por bosques extremeños cuando, sin ningún escrúpulo, la niña de buena apariencia tira una botella de agua, -plástico indestructible- a un lado del camino, justamente a los pies de una encina. Al ser advertida de su incívica actitud, la muchacha, mitad indignación mitad guasa contestó que para que coño estaba el campo sino para ensuciarlo, y que no se metiera donde no le importaba…
Mi amiga, mordiéndose la lengua recogió la botella, la metió en su mochila y cargó con ella y con el pesado malestar de tener que tragar sapos y culebras por no estropear la participativa marcha de “respetuosos” amantes de la naturaleza. Kilómetros después, la niña de buena apariencia volvió a la carga: esta vez fue la envoltura de una barrita energética, y más tarde, reincidente y provocadora se regodeó con otros caprichos y chucherias varias.
Viene esta historia porque, horas después de publicar el Rosario de la Escama subí a la alcazaba a dejar el coche en el único lugar donde no hay que dar más vueltas que una peonza para deshacerse de él durante un rato, y en las cercanías, tres muchachos -antítesis macarril- con el maletero abierto y reclinados sobre él, hablaban animadamente aprovechando el calor de una preciosa tarde invernal, litrona en mano, sobre cualquier trascendencia de la vida; a la vuelta, ya noche cerrada, seguían en el mismo sitio pero el paisaje había mutado: tres botellas de cervezas, lanzadas más o menos cerca de sus alrededores, y varias bolsas de fritangas, decoraban sospechosamente las inmediaciones.
Es verdad que no vi como las tiraban pero…no hace falta ser un gran deductor para sacar conclusiones: música, conversación, sol, cervezas y aperitivos en un espacio al aire libre que, por alguna extraña conexión cerebral de un amplísimo sector poblacional, incita a abandonar la basura en cualquier rincón y en cualquier llano. En el Rosario…todos los dardos fueron clavados en la misma diana, pero las dos toneladas de basura recogidas días atrás no pertenecían sólo a los toxicómanos sin techo que se habían apropiado –aparentemente con el beneplácito de las autoridades competentes- de una extensa parte del patrimonio de la ciudad. De aquellos lodos todos fuimos responsables, si el servicio de limpieza recogió dos mil kilos, mil quinientos llevaban la marca de los esclavos del polvo blanco, pero los otros quinientos eran de niños con pinta bien, de paseadores de perros que no temen varitas mágicas, de palmeros nocturnos –los veo cada noche de verano y algunas de invierno- que dejan los envases de hamburguesas para que los recojan los barrenderos al día siguiente, y si al día siguiente los barrenderos no van, pues para la semana siguiente o para cuando toque…
No tuve valor para ir a por las litronas vacías y devolvérselas -con una sonrisa hipócrita- a los dos muchachos mientras le soltaba lo que todo el mundo sabe: que no es más limpio el que mas limpia sino el que menos ensucia…pero, ¿que valiente o atrevido le pone el cascabel al gato cuando por sus maneras ya se intuye que lo más seguro es que este asilvestrado?
Cuando me confundo, y me pongo chula, y la fuerza se me va por la boca, tengo un amigo que suele bajarme los humos diciéndome… -¡Maria, no te metas que sólo eres deportista de parquet y si les dan por repartir te las puedes llevar todas del mismo lado!, entonces recapacito y pensando con la cabeza pacientemente espero a que llegue el cascabelero oficial y que sea el quien se enfrente, ¡que para eso cobra!
Cobardía o cordura…puede que un rato una cosa y otro la otra, pero entre ambas la alcazaba sigue con las puertas abiertas de par en par a guarros, toxicómanos, cuerdos y cobardes, sin vigilantes ni barrenderos de guardias, por lo que al igual que las golondrinas de Bécquer, los lodos que se fueron –sin lugar a dudas, si Dios no lo remedia y si la alcazaba sigue abierta por las noches- volverán los lodos, volverán…
- María Penís














Que razón tienes!!!pero en eso de ensuciar las calles nunca dejare de sorprenderme con el comportamiento de la gente. Como sabes también practico senderismo y al final de una ruta una de las personas que venía con nosotros (era la primera vez afortunadamente)se le podía seguir sin perderte,soltaba al suelo sus pañuelitos despues de usarlos. Este era una persona culta, medico según me dijeron, pero de educación cívica cero patatero. Besitos guapa.
Por: Valeri el febrero 19, 2011
a las 8:14 pm
Totalmente de acuerdo. Debemos poner los medios necesarios para conservar nuestro patrimonio porque va en el interés general de todos los ciudadanos de Badajoz. Esperemos que no vuelvan los lodos y que la Alcazaba forme parte de lo que impulsará esta ciudad a dónde debe estar. Un saludo
@juanbera
Por: Juan Bejarano el febrero 19, 2011
a las 10:29 pm
Buenos días y disculpa que te moleste, me llamo Antonio Uribe Bejarano, mis abuelos y mi madre son de extremadura. A mi madre le gusta el café portugués campo aimor pero nos está resultando encontrar dicho café ya que vivimos en Valencia. ¿Usted me podría facilitar alguna dirección y teléfono para poder hacer algún pedido? Se lo Agradecería mucho.
Muchas gracias.
Un saludo.
Por: Antonio Uribe Bejarano el enero 23, 2012
a las 11:04 am
ya ves ..la varita mágica puede hacer mucho… pero hacen mas, los que deshacen,esto es como el que cocina, tarda una eternidad(compra.. preparativos .etc….) en hacerlo pero se devora en unos segundos…lo que costo que limpiaran ,casi años…, en dos día, unos mal educados, por llamarlos educadamente de alguna manera,lo estropean ,así es la vida..no hay mano que pare esto? o quizás tengan que cercar todo para el bien de unos y el mal de otros …bssss
Por: vicen el febrero 20, 2011
a las 10:28 pm
Pues sí, sabido era que la limpieza duraría poco, y que poco se puede hacer frente a eso. Como tú dices, ¡atrévete a decir nada! que seguro que acabas con la litrona en la cabeza…
Y la envidia que da visitar otros lugares donde semejantes cosas no se permitirían en absoluto. Espero que prospere la idea de cerrar la alcazaba por las noches, que seguro que en algo ayudará. Y qué pena no estar en Badajoz en este momento para dar un paseo por la Alcazaba antes de que la mierda lo cubra todo de nuevo.
Por: Isaac Corbacho el febrero 21, 2011
a las 5:32 pm
No se como serian el primer y segundo relato, pero tu descripción a traves de los ojos de Dana de los sentimentos que rememora en la casa de su infancia, y la exquisitez que usas al describir la casa, nos haces retroceder en el tiempo, buscando nuestras propias esencias. Me encantata, ¡esto de escribir, no lo dejes nunca! Un beso.
Por: Luna el abril 1, 2011
a las 3:02 pm
La casa de la valiente Dana se puede venir abajo de un momento a otro, pero no su tesón y sus ganas de conservar lo que en otro tiempo formó parte de ella.
Me encanta cómo resuelves en dos líneas el relato. Ahora empieza lo bueno para ella… Enhorabuena, María!
Por: Mae el abril 19, 2011
a las 4:31 pm
solo decir que me encanta este comentario de la operación BAÑADOR,nada ke añadir con pocas palabras basta,nosotros a lo nuestro.
Por: vicen el abril 23, 2011
a las 4:01 pm