06 Junio

LUNA Y PANCHO

maeHabía sido un fin de semana entrañable, agotador, divertido…celebrar la Comunión de un hijo trae consigo todo un barullo de emociones, de familia, preparativos, para que todos podamos disfrutar del día y estemos a gusto.
Por eso, cuando después de toda la agitación del acontecimiento del sábado, llegó el domingo por la noche, nos parecía mentira que la casa estuviera tan en silencio, los niños acostados, nadie en la calle… la noche estaba cálida, con una luna de principios de Mayo casi llena que iluminaba el cielo.

A las 12 menos cuarto, él salió a la puerta de casa pero no llegó a abrir la verja de fuera. Me llamó:

- Ven, ¿puedes salir?… Mira lo que tenemos aquí.
- ¡Pero, por Dios!… Es?…

Allí estaba, acurrucada, hecha un bolo, la perrita más bonita que uno pueda imaginar, pequeña, indefensa, adormilada, casi inmóvil, abandonada.

Miramos fuera, a la calle y salimos intentando averiguar si el que la había dejado allí se había quedado para asegurarse de que la recogíamos. Nadie.

La estuvimos mirando un rato, sentados en las escaleras, sin querer cogerla ni despertarla. Hablábamos bajito, ¿qué hacíamos con ella?, ¿qué dirían los niños cuando se lo contásemos al día siguiente?, habría que llevarla al veterinario, ¿era coincidencia o alguien sabía que el niño había hecho la Comunión?, habría que darle de comer y de beber, habría que…

De pronto se espabiló un poco. Aprovechamos para rescatarla de ese sueño que la mantenía medio atontada y bebió mucha agua. Fue entonces cuando muy suavemente la acariciamos y comprobamos si era “él” o “ella”. Era preciosa, tenía un pelaje color canela y como un collar de pelo blanco que le recorría gran parte del cuello; y en las patas delanteras el mismo pelo blanco como el “Calcetines” de Bailando con lobos, hocico negro, rabito gracioso. No tendría más de 3 ó 4 semanas.

Para entonces ya habíamos llamado a las personas más amantes de los perros de este mundo, de la familia, claro (no eran horas), y enseguida se encariñaron con ella, se enfadaron con quien hubiera dejado en un portal a un animal a su suerte, vieron de qué raza podía ser, parecía un cruce, y ella mientras tanto mirándolo todo, dejándose acariciar, robándonos el corazón, implicándonos a todos en  la tarea de buscarle un hogar a la que de repente había llegado a nuestras vidas y nos había revolucionado aquella noche de luna.

Se la llevaron a casa. Al día siguiente, veterinario, vacunas, mimitos… estuvo vomitando…parecía que la noche antes le habían dado algo para dormirla.

LUNA tiene ya dos años y ha resultado ser una “alfa”, una líder. Por supuesto se quedó en la familia, vive en el campo, es fuerte, viva y guapísima, con sitio para correr y compartir con su compañera, otra preciosidad de ojos brillantes.

No habían pasado seis meses desde que Luna entrara a formar parte de la familia, cuando apareció en nuestra calle, un perro de las mismas características que Luna, pero de color negro, de la misma edad, que se iba detrás del que le mirara, que nos acompañaba desde el comienzo de la calle hasta la puerta de casa, (¿mi calle es la calle de los perros abandonados?). Parecía tan perdido, nos daba pena…

Tres días estuvo vagando por allí y antes de que la perrera viniese, otro amante de los perros vino, estuvo jugando con él, se lo llevó y le dio un hogar a PANCHO.

Admiro a quien tiene un don natural para comunicarse con los animales, a quien viene a clase con las manos arañadas después de haber jugado con su gato, a quien “cuela” en el fútbol a su perrita para no dejarla sola, a quien hace un alto en la carretera para admirar a un milano. Me gustaría ser uno de ellos pero me conformo con seguir salvando perros abandonados. Confieso mi fobia por “ciertos” animales (no son serpientes, ni ratas, ni cucarachas ni nada parecido), por eso, de momento, sólo tengo dos tortugas.

  • Mae

Una de Salvamento y Contratiempos

laprianaMe encontraba en pleno campo,  desconectada de todo menos de la bicicleta cuando suena el móvil, paro y jadeando por culpa de una preciosa cuesta contesto, casi sin aliento escucho a mi hermana contándome no se que historia sobre un gato que necesitaba ayuda urgente… ¿que si sabía a cuanto ascendía el servicio de bomberos por un rescate de animales?…¡que de cualquier manera los iba a llamar!,¡ que era solo para tener una idea aproximada!, el entendido en la materia le dice que es un servicio gratuito… ¡vale pues mejor!…

Nosotros, que éramos tres, seguimos con nuestra ruta y volvimos a centrarnos en bancos de arenas, piedras sueltas, subidas, bajadas y en la copa que con seguridad íbamos a ganar…unas cervezas frías, ¡el mejor premio!.

Mientras me recreaba con mi afición y después descansaba de ella, mi heroica hermana andaba tramitando y coordinando un salvamento.

Se entera a primera hora de la mañana de que un gato ha caído en el patio de luz de una casa del casco antiguo, que desdichadamente lleva allí una semana, que nadie ha hecho nada por mover los hilos necesarios para sacarlo de su infierno, ¡ni comida le habían procurado!…los vecinos se quejaban de sus aullidos pero no hacían nada por el pobre felino…

Primera actuación – pide permiso a la dueña del piso más cercano, una mujer mayor que seguramente no le apetecía que nadie invadiera su casa.

  1. la convence para que la deje pasar
  2. se asoma al patio y desesperada ante el sufrimiento del animal trata de bajar.
  3. Es imposible
  4. Llama a los bomberos, avisa a la mujer de que cuando lleguen irrumpirán en su oasis de tranquilidad con escaleras y cuerdas
  5. La calma y se ofrece a arreglarle la casa, a limpiarle lo que ensucien, a ir a por el pan…¡lo que sea con tal de amparar al minino preso!.
  6. Llegan los bomberos, por la situación de la casa, por la estrechez de la calle…las escaleras tienen que entrarlas por el balcón, bajan al patio y el gato asustado se cuela por una pequeña abertura de una ventana de la casa de abajo, los dueños viven en Barcelona y los de salvamento necesitan orden judicial o permiso para entrar, como no tienen ninguna de las dos cosas se ven obligados a marcharse mientras se tramitan las oportunas autorizaciones.

GatoA todo esto ya son cerca de las dos de la tarde, la heroína de felinos lleva en el asunto desde las diez y media de la mañana, vuelve a su casa, pone a cocinar la comida de su gente… ¡a pesar suyo, pero entiende que además de salvar un gato su familia necesita alimentarse!…ella con el disgusto no tiene apetito, vuelve a casa de la mujer con un cubo y una cuerda, le baja agua y comida al preso. Le pide a la dueña que le facilite el numero telefónico de la vecina ausente, la mujer se niega, mi hermana la  convence casi suplicándole, al final accede, llama a Barcelona, la dueña no está pero consigue hablar con su hija, la hija le facilita el numero de la madre, después de algún intento fallido y casi extenuada porque apenas ha probado bocado consigue hablar con ella, la mujer le da todos los permisos, vuelve a llamar a los bomberos, estos regresan con toda la parafernalia,  el gato que al olor de la comida  había salido de la casa prohibida y vuelto al patio,  se cuela ahora por otra ventana, esta vez por una abatible ¡la cosa está jodida!… para liberarlo tendrían que romperla,  mi hermana se ofrece a pagarla…los bomberos, por una pequeña abertura intentan al más puro estilo Macgiver y con el espíritu del Santo Job abrirla, después de un tiempo de demostraciones de grande dosis de paciencia y  profesionalidad, hace ¡chasss!  ¡y se abre!.

Desde el piso de la mujer mayor, asomada a la ventana, bajo un silencio expectante mi hermana observa y ante el feliz desenlace ofrece un espectáculo de aplausos y ¡vivan los bomberos!… Entre llamadas telefónicas, idas y venidas, intentos de salvamentos con cuerdas e incluso sábanas, ganas de llorar por la impotencia de ver a un ser vivo privado de libertad, de agotamiento mental en busca de alternativas, de dejar su trabajo para más tarde, de agradecer a los bomberos el suyo…las seis de la tarde se habían echado encima con un final feliz.

¡Querida hermana, si no existieses habría que inventarte

  • Lapriana

Yun  II

J. HidalgoLos días previos a su marcha, Yun, se sentía inquieta, no paraba  un  momento y dormía poco, Elena, trataba de que la niña estuviera lo mas tranquila posible, aunque le resultaba un poco difícil conseguirlo.

Le preguntaba constantemente como eran todas las cosas y todos los lugares de los que le había hablado, a sus cinco años era una niña con una gran inquietud por aprender, Elena le leía cada día alguno de los pocos cuentos con los que contaba el albergue, a ella le encantaba escuchar como Elena le relataba aquellas historias de príncipes y princesas, que vivían en lejanos lugares de los que ella nunca había oído hablar.

Yun había llegado al albergue con tan solo tres años,  en compañía de una de sus hermanas de diez años. Ambas fueron rescatadas de un hogar y de unos padres que, y muy a su pesar las utilizaban para prostituirlas, a Yun al ser tan pequeña aun no le había llegado el momento, pero habría pasado por lo mismo de no haber sido sacada de allí.

Sus padres no tenían ni para comer, no poseían ni un pedazo de tierra donde poder sembrar sus propios alimentos. Vivian en una chabola de madera, levantada del suelo con unos palos para aislarla  y evitar que les entrara el agua y la humedad, dada la proximidad a un campo de arroz existente en la zona.

Por todo ello, prostituir a sus hijas era la única solución que  ellos, igual que muchos otros vecinos encontraban para subsistir y salir adelante. Pero de esta manera los únicos que salían adelante eran los padres y los hijos varones, a los que dedicaban  a trabajar en los campos de arroz. Las niñas quedaban marcadas de por vida y si alguna como la hermana de Yun conseguía salir de ese mundo, nunca encontraría ningún hombre que quisiera casarse con ella, que era el fin de la gran mayoría de las mujeres.

Yun tuvo suerte de ser rescatada a tiempo y de no pasar por todo lo que habían pasado sus hermanas.

A Elena le habían contado que cuando llego al albergue no se separaba de su hermana, no hablaba con nadie ni jugaba con las demás niñas. Pero con el paso del tiempo se fue adaptando y la alegría volvió a sus ojos y a su cara.

Yun, procedía de la provincia camboyana de Sien Riep, situada al norte del país cerca de las fronteras de Vietnan, Laos y Tailandia, provincia en la que se encuentra el conjunto de templos de Angkor, complejo religioso del cual ha heredado la actual Camboya gran parte de su identidad cultural.

Elena se había quedado maravillada cuando en su primer viaje a Camboya, la llevaron a visitar los templos de Angkor, un conjunto de mas de cien  templos budistas, situados en un perímetro de unos doscientos kilómetros, alrededor de un gran templo llamado Angkor, este templo había sido construido en el año 1140 d.c, dedicado al dios Visnu, con casi dos kilómetros cuadrados, es el templo mas grande del mundo. En el se conservan los mayores bajorrelieves que se conocen, en los que se describe toda la historia de la mitología hindú. En 1992 fueron declarados patrimonio de la humanidad por la UNESCO.

En sus posteriores visitas, y habían sido unas cuantas, Elena seguía tan maravillada como esa primera vez, siempre que viajaba a la zona visitaba alguno que no hubiera visto con anterioridad. Le encantaba recorrer sus galerías, en las que siempre descubría algún monje orando, pues siguen siendo lugar de peregrinación para todos los budistas.

Algunos están tan metidos en la selva, que hay que llegar en elefante y acompañados por alguien que conozca muy bien la zona.

A Elena, le daba un poco de pena dejar aquel país que había sido su hogar durante unos cuantos de meses, se sentía a gusto rodeada de gente a la que había llegado a querer y por la que se dejaba querer, gente amable, alegres a pesar de sus miserias, las que daban todo por nada. Ella volvería a su vida, cómoda, teniendo todo lo que desea, incluso ahora a Yun, pero ella no puede cambiar todo eso, aunque, si que le gustaría que todo fuera mas equitativo, que todos fuéramos mas iguales, aun sabiendo que esto es una utopía.
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De lo que si estaba segura, es de que algún día volvería a ese país, en ese viaje llevaría a toda su familia, pues quería que todos ellos conocieran el país que la había echo tan feliz.

La noche ante de su partida Elena y Yun fueron despedidas con una pequeña fiesta, organizada por Juan con la ayuda de todas las niñas del albergue. Cada una de ellas entregó a Elena y a Yun pequeños obsequios realizados por ellas mismas. Prepararon una comida especial, bailaron y se lo pasaron en grande, aunque al final todas acabaron con lágrimas en los ojos.

Se fueron pronto a la cama, tenían que levantarse muy temprano, Juan las llevaría al aeropuerto de Phnom Penh, capital del país que se encontraba a sesenta kilómetros del albergue, y dado el estado en que se encontraban las carreteras, había que salir con mucho tiempo de antelación.

Yun, no pudo dormir en toda la noche, Elena la oyó llorar, pero no le dijo nada, entendía que tuviera un poco de miedo a dejar todo lo que había sido su vida hasta ese momento. Aunque era pequeña, las circunstancias la habían echo madurar mas que a otra niña de su edad. Se le pasaría.

Elena sabía que no seria fácil, que pasarían momentos difíciles, pero no era nada negativa y pensaba que con paciencia y mucho amor superarían todas las dificultades que pudieran surgir.

También era realista y sabía que surgirían. Pero no importaba, solo con ver los ojos de esa niña, que ya era su hija, tenia fuerzas para aguantar todo lo que viniera.

Durante todo el viaje hasta el aeropuerto, Yun fue asomada a la ventanilla de la furgoneta, sus ojos, mas grandes y abiertos que nunca, miraban todo lo que encontraban a su alrededor, todo para ella era nuevo, nunca había salido del albergue.

Después de dos horas de viaje, llegaron al aeropuerto en el que tendrían que esperar casi tres horas hasta la salida de su vuelo. Volarían hasta Bangkok, y desde allí en un viaje de mas de trece horas hasta Madrid, un viaje demasiado largo, sobre todo para una niña que nunca había salido de un pedazo de terreno, pero tenia la esperanza que el cansancio acumulado por tantas emociones, hiciera que durmiera al menos durante un buen tramo del trayecto.

El tramite de pasaportes fue largo, revisaron papel por papel toda la documentación de Yun, Elena se sentía nerviosa, aun sabiendo que todo estaba en regla, sentía un leve temor que desapareció una vez pasaron dicho tramite.

Mientras esperaban la hora del embarque, Elena enseño a Yun los grandes pájaros que la llevarían a su nueva vida, estaba entusiasmada, no dejaba de mirar y hacer todo tipo de preguntas
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Estaba precisa, Elena le había comprado para la ocasión un kimono de pantalón y camisa azul que le resaltaba con el negro de sus ojos y de su pelo, su piel morena, suave, fina, y unos dientes tan blancos que cuando sonreía parecía como si quisiera comerse el mundo.

El viaje, fue duro, teniendo en cuenta que durante gran parte del vuelo,  Elena tuvo que llevar en sus brazos a Yun, tenia miedo y lloraba, hasta que al fin se quedo dormida.

Se sentía tan feliz  en su compañía que a veces temía que todo lo que le estaba pasando, no fuera más que un bonito sueño. Pero no, todo era real.

Cuando anunciaron el aterrizaje en Madrid, Elena despertó a Yun, para que no se perdiera nada del país que la recibía con los brazos abiertos.

Iba agarrada de su mano, muy fuerte, le sudaban, sabia que la esperaba su nuevo papa y sus nuevos hermanos.

Allí estaban, con un gran peluche para ella. Elena se abrazo a todos ellos sin soltarla de la mano, luego la alzo en sus brazos y le presento a toda la familia. Tímida pero con una sonrisa se dejo besar y abrazar por todos.

Enseguida les dio la mano a sus hermanos y abandonaron el aeropuerto camino de su nuevo hogar.

  • J. Hidalgo

Respuestas

  1. Te aseguro que como la raza de tu hermana no hay muchos, pero yo tengo la suerte de que una vive en mi casa, y conozco ese tipo de peripecias, para salvar a ese perro que está abandonado y le lleva comida regularmente, al que trae a casa hasta encontrar a sus dueños perdidos, o a esa camada de mastines encontrados en un contenedor de basura cuidarlos con biberon cada 3 horas como a los bebes, y darlos en adopcion cuando tenian 2 meses, con un certificado de que van a ser muy bien cuidados por sus futuros dueños.
    Pero dentro del colmo de los rescates , uno fué muy divertido, cuando en la Avenida Villanueva circulando, se encuentra en una cola tremenda sin saber el motivo, y descubre que por culpa de un ave ( todavia no sé de que se trata), muy grande que esta en medio de la carretera.
    El coche que obtaculiza no sabe si invadir el carril contrario, puesto que el animal desorientado no atiende a sus pitidos. Ella ni corta ni perezosa, se baja del coche se acerca al pájaro que dice, tendria alguna enfermedad en los ojos puesto que parecia que no veia. Pero como el gato del relato, no se iba a dejar rescatar facilmente, y le lanzaba picotazos que ella esquibaba ante la mirada de los atónitos conductores.
    Al fín consiguió cogerlo, lo metió en el maletero del coche y lo llevó al campo de su abuelo para ver si podia ayudarlo, este le dijo que era un grajo con pocas posibilidades, a sí que lo soltó, por lo menos en un hábita mas apropiado, ¡quien sabe como habrá acabado!
    Lo cierto es que personas con el corazón tan compasivo ante seres indefensos, tienen mucho que enseñarnos.

  2. La historia a la vez que divertida es entrañable, esta tarde me he acordado de tu hermana, pues en el gim estabas buscando una familia adoptiva para un gatillo pequeño. Un final feliz, al fin ha aparecido alguien que lo ha adoptado.
    Un saludo.

  3. Es imposible no querer a los animales. Para mi es muy gratificante leer artículos como estos. Gracias.

  4. María lo de tu hermana y el salvamento, además de pasión por los felinos es un ejemplo de tesón y de no darse por vencido. “No es porque las cosas son difíciles que no nos atrevemos, es porque no nos atrevemos que son difíciles”. Lo dijo Séneca y no conocía a tu hermana.


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