05 Mayo

AngelaMi Viaje

Pues sí, mi querida Dori, todos los que hemos ido a Roma tenemos una foto en la Fontana di Trevi, en la Piazza de Spagna, o al ladito del Coliseo. Pero de la misma manera que quien haya estado en Venecia ha montado en góndola (con o sin gondolero a rayas cantando, eso puede variar según nuestro humor y presupuesto), o cualquiera que pise París sube a la torre Eiffel o se planta delante de la pirámide del Louvre para inmortalizarse allí y dar fe de que efectivamente se estuvo también en ese lugar.

Porque podremos apreciar o no el periodo orientalizante en la escultura grecorromana tardía, o la utilización de la luz en el tenebrismo de los seguidores de Caravaggio, pero lo que es cierto y verdad, que yo me he tomado unas cuantas pintas en los pub de Londres, me he fotografiado al ladito de una cabina de las rojas, he montado en camello en el desierto y comido marisco en Galicia. Porque digo yo, te recorres los cientos de salas del Louvre y te atiborras de pintura inglesa, francesa; pagas la entrada (cara, muy cara) de la National Gallery y te engulles todas las momias, sarcófagos y tutantamones, fruto del expolio de años colonizadores; pero ¿qué sentido tiene ir a Amsterdam si no entras en los coffes shop o no visitas el Barrio rojo, con sus escaparates de mujeres? Es como ir a Cuba y ….no tomar un mojito, o ser inglés y veranear en Mallorca sin apiparse por las noches y dormir la mona por el día.

Yo, muy disciplinada, pongo en práctica todos los ritos de allí donde me encuentre, por eso de “donde fueres haz lo que vieres”; así que, en Roma, he visitado todo lo que tuviera pinta de antiguo, he caminado unas 8 rutas de dificultad alta del Club del Caminante, he subido miles de escaleras por eso de las 7 colinas, he recorrido doscientos museos hasta llegar a la Capilla Sixtina y entre tropecientos panolis como yo, entrever la maravilla que allí plasmó Miguel Ángel, he cenado en el Trastevere, me he sentado en la Plaza de España en el mismo sitio que Audrey Hepburn en Vacaciones en Roma con mi Gregory Peck puesto, he maldecido las santas madres de los motoristas y automovilistas romanos (cruzar una calle es un acto de pura valentía), he criticado a Berlusconi, me he colado en el bus, he chapurreado el italiano dándole patadas a su diccionario, he reconocido la ventana por donde saluda el Papa entre las miles que conforman el Vaticano, y me he hecho cientos de fotos de las que yo salvaría unas cuatro. Todo, como se ve, como una irreprochable turista, a la que, por cierto, le ha encantado Roma.

  • Salma

EL JARDÍN

J. HidalgoLlueve, hace frío. “Que día más triste”, dice Fermín sentado en su sillón frente a la ventana de su alcoba. Desde que dejó su trabajo por motivos familiares, sale poco, el jardín es casi su único escape. Lo cuida, lo mima, es su mundo exterior. En él desborda toda su imaginación y creatividad. Hoy no puede salir, pero no solo la lluvia se lo impide, sino también su padre. Fermín vive con él. Vuelve a mirar el jardín, hoy no podrá sembrar la buganvilla que le había traído Maria, la señora que cuida de la casa y también de que ellos estén bien atendidos. Viene todos los días del pueblo cercano, hasta las cinco de la tarde. Les prepara la casa, les hace la comida y la cena, les lava y plancha la ropa, en fin todos los quehaceres de una casa, para que Fermín pueda estar con su padre. ¡Que pena, ya tiene pensado donde va ha ponerla! Hace días, había preparado el rincón mas soleado, junto a la valla, para que pueda ir trepando por toda ella. Es una buganvilla de flor amarilla, una especie un poco rara. Pero bueno, ya dejará de llover, y allí estará su sitio esperando.

La casa donde viven es la casa familiar desde hace muchos años. En ella nació y se caso su padre; nació él y vivió hasta que a sus dieciocho años se marcho para estudiar en la universidad. También era a la que solo regresaba en vacaciones de Navidad y en verano. Ahora que le ha tocado volver, no sabe por cuanto tiempo, se da cuenta lo que la echaba de menos. Es grande, inundada de sol, que entra por los grandes ventanales que hay en todas las habitaciones y salones de la casa. A él le gusta, nunca cierra las cortinas, le gusta ver su jardín, su obra de arte como él lo llama.

A su padre también le gustaba, bueno quizás le guste todavía, aunque no sea capaz de expresarlo. Fermín sufre con la enfermedad de su padre. A veces no lo reconoce, cree que es su padre, su abuelo, y le llama por su nombre. El ha tenido que aprender a convivir con la enfermedad, no ha sido fácil, le ha costado muchas lagrimas convencerse de que no puede hacer nada, solo estar con él y ayudarlo en lo que pueda hasta que llegue su final, que espera muy lejano. Cuando eso ocurra, se quedará en su jardín para siempre.

  • Juani Hidalgo

Respuestas

  1. Juani, no sé si tengo hoy la lágrima fácil o qué pero se me ha hecho un nudo en la garganta. Fermín debe de ser un gran hombre y su padre, en su enfermedad, tiene mucha suerte por tenerlo como hijo y por poseer ese jardín.

  2. Mucha suerte en la inauguración de tu Exposición fotográfica en las Casas Mudéjares. Conociendo la calidad de tus fotos ( menos las mías y no por el fotógrafo si no por la modelo), seguro que la muestra es estupenda, su ubicación la más adecuada y que te habrá costado un montón seleeccionarlas porque son fantásticas. La gente que la vea disfrutará un montón con ella. Te auguro un éxito.
    Un beso, Inspector Gadchet!

  3. Con algo de retraso…feliz feliz viaje (ya sabes..).
    Ese día que tu estabas en Roma nosotros estábamos en el Mesón San José acordándonos de ti, festejábamos un especial VivI y Angelitos ausentes…pero Roma bien merece una ausencia.
    Tus historietas viajeras me han traído muy buenos recuerdos, para que te hagas una idea de los kilómetros que anduvimos, Macgiver solo uso botas de montaña…
    ¡bueno niña! para consuelo tuyo VV ha aplazado su especial, así que, habrá doblete….BESOS

  4. Viajar es uno de mis mayores placeres, tengo la suerte de conocer todos los lugares a los que te refieres, en Roma he estado en cuatro ocasiones y siempre he descubierto algun rincon que no habia visto la vez anterior. Grandiosa ciudad, a mi tambien me encanta.

  5. En mi viaje a Roma fuí además una despistada y confiada turista, padecí igualmente el “típico” robo en la estación de Termini,con caravinieris y todo ¡imagina la cara de idiota que se me quedo! menos mal, (ahora me arrepiento ) que el pasaporte estaba en hotel y pude “salir ” de Roma ¡que lástima!.

  6. Bueno, tu relato de Roma es como el mio y creo que como el de todos los que la visitamos. Nosotros cuando creiamos que terminabamos, y digo bien, pues aquello tiene para dias y dias. Repetiamos y elegimos a una sola voz la Fontana de Trevi y la Pza. Navona. En el Vaticano me sentí realmente pequeña y llore. Y si no fuera por la bronca con aquel romano, la Pza. Venecia sería un primor, junto con esa cena en la Pza. de las Flores. Como ves, también muy típico lo mío.


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