Esta sección es para los blogeros con ganas de quejarse, con necesidad de dar rienda suelta a las provocaciones del día a día…para lo que necesiten expresar…En esta gacetilla tienen su sitio. Enviar a : siguelashuellasdebadajoz@gmail.com
Hay tres sitios de Badajoz, que sin ser monumentos, por eso no se si tendrán cabida en estas páginas, a mi me encantan y me atraen mucho.
Uno de ellos es la Librería Universitas. Esta librería forma parte de mi vida desde que yo tenía 15 años y llegue a esta ciudad para estudiar. Es sitio obligado para encontrar lo que no se encuentra en ningún sitio. Como siempre esta llena, sus dueños y empleados, te dejan pulular por ella, revisar y registrar libros y libros sin mucha preocupación y molestia (bastante tienen ellos con atender a los que traen las cosas claras). Esto me ha permitido a mí, estar allí horas y horas, abstraerme de todo y mirar y mirar libros. Al final siempre me traigo dos o tres, o termino recurriendo a algún empleado, para que me ayude a localizar el libro que buscaba desde el principio y que no tiene nada que ver con los que me llevo. Recuerdo cuando estudiaba, cerca de allí. También recuerdo, en esta etapa de mi vida, como con el dinero que mis padres me daba el fin de semana y que yo no gastaba, iba haciendo una hucha y cuando tenia suficiente me pasaba por allí a comprarme un libro. Durante el curso almacenaba cuatro o cinco libros, que debido a las obligaciones de estudiante, no podía leer y leía después en verano, en las largar y tediosas tardes en un pueblo sin mucho que hacer y con un calor que no te dejaba hacer. La afición a la lectura me viene por la pasión que tenía mi madre por ello y que supongo transmitió sin querer. Es cierto que los hijos hacen lo que ven hacer. Mi madre que se lo leía todo, hasta el papel de periódico, con el que entonces, nos envolvía los plátanos, en la tienda. Yo los sacaba de su envoltorio rápidamente para comerme el primero. Mi madre me decía: “no tires el papel de envolver”. La recuerdo alisándolo bien con las manos y lo guardaba cuidadosamente, luego yo la veía leerlo. Era una hoja del periódico “Hoy” atrasada, sabe Dios noticias de que día.
El otro sitio de encanto y especial para mi es la Pastelería Ansorena. Allí es como si el tiempo se parara. Su dependienta, una señora mayor, me recordaba a mi abuela. Siempre estaba y está tan bien peinada, con clase, con su ropa blanca y pulcra. Los pasteles y pastas de su tienda me han acompañado en algún que otro recorrido por las calles próximas a ella, desoyendo los buenos consejos de mi madre, aquello de que: ¡por la calle no se come!. Me han acompañado en la recuperación de alguno de mis partos, cuando mi compañera me llevaba pastas, que me sabían a gloria. A día de hoy cuando salgo de mi casa, tengo la impresión de que ya me huela a dulces y a pan recién hecho, el olor inunda toda la zona y a mi particularmente me lleva como hipnotizada hasta su puerta. En más de una ocasión en las tardes de domingo, he salido de casa en chándal y zapatillas, con la excusa de dar un paseo y al llegar a ella encontrar a otros como yo, vestidos igual y supongo que anhelando alguna golosina de tan peculiar lugar, como yo. Después, he regresado a casa, con una bolsa vacía de sultanas, que me fui comiendo por el camino y que me han costado más de una indigestión nocturna.
Próxima a esta pastelería esta la Librería Zurbarán, lugar lleno de libros, con una dependienta simpatiquísima. Es una librería pequeña y con unas escaleras que bajan del nivel de la acera como si te llevarán a otro mundo, como haciendo un punto y aparte entre el bullicio de la calle comercial y el silencio de los libros, como si tú, pobre mortal, descendieras de tu vida mundana, al mundo de los sueños, las ilusiones, las historias bien contadas, apiladas en innumerables libros.
Este sábado, en los cortos paseos que me permite mi recuperación opte por dos de estos sitios favoritos para mí. Entre primero en la librería, me compre un libro para mi y otro para regalar a una amiga, que pronto cumplirá años. Estuve un tiempo curioseando entre lomo y lomo. Después entre en la Pastelería y me compré una bolsa de sultanas ¡que llegaron a casa!, (olvide el pan). Por la tarde cuando me senté a leer en la tranquilidad de mi casa, inicie un ritual para mi maravilloso, abrí lentamente el libro, abrí lentamente la bolsa de sultanas y empecé a saborear pensando que realmente necesitaba poco para ser feliz y que no cambiaba aquel momento por nada.
Ahora entiendo que el encanto de ciertos lugares lo dan las experiencias, las vivencias que tenemos en torno a ellos, los recuerdos y los buenos momentos que nos proporcionan. Realmente no necesitamos tanto, para sentirnos bien.

Abstenerse de esta lectura los que nunca han tenido mascota…abstenerse los insensibles, los que tienen el alma mas curtida que el cuero, los que no tienen sentido del humor, los recelosos y huidizos del caramelo mas dulzón, aviso y ya se sabe lo que se dice del que avisa,,,,pero es que este post se lo debo al que yo llamo de mil maneras diferentes cada día, hoy puede ser mi gordito favorito, mi príncipe peludo, mi patizambo encantado, mi obeso mas guapo, mi pesado puñetero, el que hace que me levante del sofá un millón de veces seguidas porque quiere agua…o porque se esta quedando con poco pienso en el comedero, o porque quiere salir a la terraza, o porque le encanta que le preste atención y sabe que nunca voy a negarme a sus ojos redondos e inmensos, a veces me enfado cuando se afila las uñas en sitios indebidos, tarea inútil, el no se da por aludido, es tan presumido que cree que le estoy diciendo lo guapo que es, lo gordo que esta, y es que es tan listo que hace mucho tiempo que se dio cuenta de que el auténtico dueño de la casa es el, el gran Farony, puede que el nombre, escogido de un personaje de una novela de nuestro escritor Alburquerqueño, Luis Landero, le haya imprimido carácter, le haya dado seguridad y aportado inteligencia, porque a mi gato solo le falta hablar (esto no lo había dicho antes nadie ¿verdad? ) y ni siquiera descarto que alguna vez lo consiga, alguien dijo que el mundo de las mascotas se divide claramente en “gatistas” y “ perristas”y en mi casa pertenecemos sin lugar a dudas al primer grupo ¡como quiero al gordo de mostachos gigantes! como me gusta su indiferencia cuando no necesita nada de mi, me encanta como busca la fuente de calor que mas calienta, como busca el sitio mas cómodo, como nos ignora cuando no quiere jugar y osamos interrumpir su sueño y su merecido descanso, me gusta cuando está juguetón y te da pequeños zarpazos intentando reclamar tu atención…y sobre todo, me sorprende lo antipático que se ha vuelto con las visitas, parece que es la reencarnación del gran Houdine, desaparece a la primera de cambio para aparecer de nuevo en cuanto la casa vuelve a la tranquilidad que el conoce y que tanto le gusta…lo cogeré entre mis brazo y le leeré esta dedicatoria, seguro que mi Farony entenderá lo que me inspira, lo preocupado que hemos estado este invierno cuando parecía que nos dejaba huérfanos de su presencia, superó una parálisis en las patitas traseras y ahora a consecuencia de su enfermedad se ha vuelto un poco más mandón, más exigente, mas dueño de sus posesiones, entre las que se encuentran este piso, en el que vivimos sus allegados y servidores de por vida, para ti, mi príncipe peludo, por lo bien plantaos que los tienes.
Como una figura esculpida por Dioses, dándole formas reales como a un fantasma y a cada cincelada la esculpían a su semejanza, sin dejar de trabajar en la figura, le construyeron un camino para no perderse, observando las emociones, los sentimientos… que crecían alrededor de la tierra blanda, cada vez eran mas y mas emociones, crecían con el tiempo como si fuera hierba entre la que a veces había hierbajos, pero hay estaban para arrancarlos de cuajo o con mucha paciencia si estaban bien enterrados.
El tiempo pasaba por el camino…. se notaba, llegaban días de frió, de miedo, de tristeza, de no saber como seguir ni por donde porque de la nada aparecían piedras que obstruían la maravillosa senda, pero ya se encargaban de quitarlas por mucho que pesaran, inconsciente al esfuerzo hecho proseguía el camino, a veces se perdía pero de pronto veía señales, flechas pintadas en las nubes que le ayudaban a escoger el buen desvío.
Seguía andando, no sin que tuviera algún pequeño problema, ¿como salto este vació? se preguntaba y mientras pensaba en una respuesta ya le habían levantado un puente para que pasara.
Sin preocupaciones reanudaba su lindo viaje, si estaba triste sonreía por los besos dibujados en las cortezas de los árboles que al pasar veía en cada uno, si lloraba, cada lagrima la convertían en gotas de felicidad para llenar la fuente del camino. Ajena a tanto mantenimiento, tanta ocupación sin descanso todo iba creciendo en el camino, la peregrina y sus emociones iban madurando, cuando necesito calor, los Ángeles le respondieron_ lograras sola hacer un fuego_ y así fue, cuando necesito que construyeran un puente los Ángeles le respondieron _ aquí tienes los materiales, comienza a trabajar_ y así lo hizo, consiguió proseguir su camino con lo aprendido a cuesta y sabiendo un poco mas de lo que mas adelante le ira esperando, eso si, siempre protegida por sus eternos Ángeles.

Sin pretender espetar un rollo magistral o académico, como profana en la materia, utilizo esta ventana para acercarme, tímidamente y con todo el respeto del mundo hacia los eruditos en la materia, a todo una figura que, si bien no es demasiado lejano en el tiempo, es confuso hasta en la ubicación de su lugar de nacimiento, un hombre que ha sido objeto de mucha literatura de todo signo por lo enigmático y lo interpretable de su personalidad y que, bien por estar en el sitio preciso en el momento oportuno, por su habilidad en las distancias cortas o por sus dotes amatorias, llegó al poder en una de las épocas más convulsas de este país.
Vino al mundo en la calle Santa Lucía de Badajoz el 12 de mayo de 1767, como bien se hace saber en una placa en la fachada de la casa que lo vio nacer y que, a su vez, lo convierte en pariente de Matusalén. Vayan a verlo y adivinarán por qué digo esto, y de paso disfrutarán de la vista de una de las calles con más encanto, sabor, color y solera de Badajoz. También se sitúa su nacimiento en Castuera, mi pueblo, aunque nunca hemos presumido mucho de ser paisanos de este personaje al que las biografías al uso resaltaban su carácter de trepa, ambicioso, valido sin escrúpulos, gobernante nefasto y hombre faldero y de bragueta floja; si bien estos adjetivos poco a poco se han ido revisando y se han puesto en su justo lugar.
Hijo de José de Godoy, regidor perpetuo de Badajoz, de familia castuereña, y de doña Alejandra Antonia Álvarez de Faria, de origen portugués. Ambos eran de la nobleza, pero de hacienda mediana y en su mayor parte heredada.
Guardia de Corps en Badajoz, pidió el traslado a Madrid. En la capital pronto se granjeó fama de mujeriego; una de sus primeras amantes fue, hacia 1788, Pepita Tudó. Pero también atrajo la atención de la reina Maria Luisa de Parma, esposa del rey Carlos IV.
A los 90 años cuenta Pepita a un periodista:
Godoy sólo conoció un amor, interminable y desesperado, la reina María Luisa.
Los rumores y la historiografía tradicional atribuía su ascenso al favor de la reina María Luisa y a su presunta relación amorosa: belleza e inteligencia fueron las virtudes que la soberana apreció en su protegido, y la idea que llegó a forjarse del talento político de Godoy logró infundírsela también a su esposo. Su supuesta aventura con la reina contribuyó al desprestigio de la monarquía, como demuestran estas coplillas que circulaban en aquella época:
Mi puesto de Almirante
me lo dio Luisa Tonante,
Ajipedobes la doy,
considerad donde estoy.
[...]Tengo con ella un enredo,
soy yo más que Mazarredo.
[...]Y siendo yo el que gobierna
todo va por la entrepierna
En 1788 la “reina lasciva”, como era llamada por el pueblo, tenía 37 años. Según Galdós era graciosa, elegante, poco agraciada y tan ligera y petulante que amargó la vejez de Carlos III. Por su parte, el embajador ruso la describe como una vieja amarillenta y desdentada, como consecuencia de sus ya diez hijos y cuatro abortos. Su marido, pese a los rumores, siempre defendió su dignidad.
Fue la primera reina española que dio a luz gemelos; fue tal el interés que despertaron los infantes reales que los colocaron en la misma cuna para exponerlos ante la gente. La precaria medicina de la época no pudo salvar ni a Carlos Francisco ni a Felipe Francisco de Paula, que fallecieron a los pocos meses.
Los amoríos del protegido con la reina eran vox populi, hasta el punto de atribuir a Godoy la paternidad de alguno de los infantes.
En sus Memorias, Godoy protesta contra los que atribuyeron al galanteo y a las tonadas las preferencias de los reyes:
En mi vida entendí de guitarra, ni de cantar, ni podía acudir a esas habilidades, que no tenía, para sostenerme en la corte. Yo diré pocas cosas sobre esto, y observaré el decoro que requiere su memoria, como conviene entre españoles.
En la última edición de las Memorias del Príncipe de la Paz, el doctor Carlos Seco admite la posibilidad de amores con María Luisa, pero les da una importancia secundaria. El origen del fervor de ambos soberanos -no sólo de la reina- habría que encontrarlo en la búsqueda, cuando eran príncipes de Asturias, de alguien que se lo debiera todo a ellos, para contraponerlo a los omnipotentes ministros de Carlos III, con quienes no simpatizaban.
La muerte de Luis XVI en la guillotina hizo inevitable la guerra con Francia, desarrollada con varia fortuna hasta la paz de Basilea, en 1795, lo que valió a Godoy el título de Príncipe de la Paz. Durante esta alianza, Godoy dirigió la victoriosa guerra contra Portugal, cuyo resultado fue la anexión de Olivenza conocida con el nombre de Guerra de las Naranjas, por una carta de Godoy a la reina en la que cuenta:
Las tropas me han regalado de los jardines de Yelves dos ramos de naranjas, que yo presento a la reina.
La reina María Luisa intentó que se separase de su amante Josefa Tudó, para lo cual le había hecho casarse en 1797 con María Teresa de Borbón, Duquesa de Chinchón, prima hermana de Carlos IV. Según el embajador alemán, Godoy, tras cobrar la dote de cinco millones de reales por el matrimonio con María Teresa, tiene la osadía de llevarse a su amante Pepita Tudó a vivir a su casa y de ocupar el lugar preferente, junto a él, en sus actos públicos y privados. Al mes de casados Jovellanos sintió vergüenza ajena al almorzar en la casa de Godoy sentado a la misma mesa con la esposa y la amante de este.
Godoy llego a pegar a María Teresa sádicamente en la convicción de que así acabaría con su frigidez hacia él, cosa que no consiguió. María Teresa sufrió un aborto y volvió a quedar embarazada. Por orden de la reina, pasaron ambos a residir en el Palacio Real de Madrid y cuatro lacayos la llevaban en una silla de andas, para que no le fatigara la preñez pisando el entarimado o los mármoles del palacio.
El mismo año de su matrimonio, entra como titular de justicia Jovellanos y después, en hacienda, Saavedra, e intentan ambos retirar a Godoy del Consejo. En un debate sobre un campamento militar en la frontera portuguesa, Carlos IV termina por apoyar a Saavedra y Godoy presenta, el 28 de marzo de 1798, su renuncia irrevocable. Carlos IV ante las presiones del directorio francés y la disgustada María Luisa (ahora con un nuevo amante) acaba aceptando la dimisión.
Pero el rey sigue dispensándole honores:
Manuel, cuídate, pues te necesitamos -le dice en una esquela-, pues eres el único amigo que tenemos, y quédate, tuyo como siempre.
Saavedra dimite en agosto de 1798, junto a Jovellanos, por el desgobierno administrativo en que cayeron. Fueron substituidos por Urquijo (también amante de la reina). Y volvió Godoy.
En 1800 nació su hija Carlota Luisa (1800-1886) y los reyes vinieron desde el Escorial para apadrinarla en una ceremonia celebrada por el gran inquisidor en la propia habitación del rey. Fue condecorada también con la Orden de María Luisa, reservada exclusivamente para infantes. La reina María Luisa la quiso siempre pero María Teresa se distanció de su hija hasta el punto que llegó a afirmar:
Aborrezco a esta criatura, porque con su sola presencia me recuerda que es hija de Godoy.
Mientras tanto, Fernando, príncipe de Asturias, comienza a aglutinar a los elementos descontentos de la política de Godoy, creando una oficina clandestina de propaganda política con el único objetivo de desacreditar a Godoy y a los reyes. Se confeccionaron carteles, algunos de los cuales, sobre todo los pintados por Goya, presentaban a los reyes y a Godoy en obscenas posiciones.
Godoy revela a Napoleón el odio que le profesa Fernando y le solicita la regencia de Portugal. El 27 de octubre de 1807, mediante el tratado de Fontainebleau, Portugal es repartida entre Francia y España y Godoy se reserva la parte meridional con el titulo de Rey de los Algarves (poniéndose así a salvo de un negro futuro con Fernando como sucesor de Carlos IV). La invasión de Portugal debe ser llevada a cabo por tropas españolas y francesa pero, al poco tiempo, un ejército francés toma Irún y Godoy tiene noticias de que Napoleón proyecta entregar el trono de España a su hermano José. Pero desde el 22 de diciembre de 1807 nuevos contingentes franceses penetran en España, sin permiso del gobierno español.
La corte abandona El Escorial camino de Sevilla, haciendo escala en Aranjuez. Se corre la voz entre el pueblo de que Godoy ha vendido el país a Napoleón para impedir que Fernando ocupe el trono. El rumor altamente propagado por los servidores de Fernando da lugar al famoso motín de Aranjuez.
Al anochecer Godoy comparece en Palacio y cuenta a Carlos y María Luisa los rumores. Carlos, paternal le dice:
Duerme en paz por esta noche; yo soy tu escudo, Manuel mío, y lo seré toda la vida.
(Cuentan que Godoy, que debía ser incansable en materia sexual, pasó el día del motín dedicado a juegos de cama con una dama cuyo nombre ha ocultado pudorosamente la historia).
Al acabar la Guerra de la Independencia, Carlos IV abdicó definitivamente en su hijo Fernando VII, a cambio de ocho millones de reales. Los monarcas se instalaron en el exilio en Roma. Fernando VII también consiguió que Manuel de Godoy fuera desterrado a Pesaro (Italia); le persiguió constantemente, obligándole a renunciar al título de Príncipe de la Paz y al principado de Bassano, concedido por el Papa.
En el exilio, la fidelidad de Godoy a sus antiguos soberanos es digna de encomio. Su esposa le abandonó, cansada ya de su constante infidelidad con Pepita Tudó, a la que Godoy había conferido los títulos de condesa de Castillofiel y vizcondesa de Rocafuerte con el fin de que pasaran a sus dos hijos bastardos que había tenido con ella. Al morir su esposa legítima Godoy se apresuró a regularizar su unión con su amante, aunque finalmente ésta también optó por dejarle.
Instalado en París en 1832, Luis Felipe de Orleans le concedió una modesta pensión, con la que pudo dedicarse a escribir sus Memorias. Durante el reinado de Isabel II se le devolvieron todos sus bienes (aunque fueron retenidos hasta después de su muerte), títulos y honores, salvo los de Príncipe de la Paz, generalísimo y gran almirante. Con ochenta años, Godoy pudo por fin volver a la patria, pero no se decidió.
El 4 de octubre de 1851 falleció sin que su desaparición apenas interesara ni en Francia ni en España. Fue enterrado en una modesta sepultura del cementerio del Père-Lachaise. De la condesa de Chinchón le sobreviviría su hija, Carlota Luisa, heredera del condado y duquesa de Sueca, que se casaría con Camilo Ruspoli.
En 2008 el Ayuntamiento de Badajoz pretende devolver sus restos a su ciudad natal para enterrarlos en la plaza de San Antón, donde se encontraba el Seminario donde estudió el valido.
La historia se ensañó con Godoy, en especial por el origen de su rápido encumbramiento. Los últimos estudios empiezan a mostrar una imagen más positiva y revelan cómo la propaganda francesa manipuló y tergiversó la realidad para poner el pueblo en contra de Godoy y los Reyes.
Aunque en el aspecto ideológico actuó a veces de forma vacilante, como gobernante fue un decidido partidario de las Luces, suprimió censuras, dejó entrar los libros enciclopedistas, puso trabas a la actuación de la inquisición (aunque a veces la utilizara a su favor) y autorizó el regreso de los judíos a España.
La herencia educativa y cultural de Godoy es muy superior a la de cualquier otro periodo: creación del Real Colegio de Medicina, el Cuerpo de Ingenieros y Cosmógrafos, las escuelas de Veterinaria, Medicina, Sordomudos, Relojería, etc., el Observatorio Astronómico, el Jardín Botánico, los museos de Industria e Hidrográfico, ordenó el primer reglamento para médicos y farmacéuticos, apoyó publicaciones y expediciones de estudios botánicos, creó el cuerpo de Ingenieros cosmógrafos, etc.
Fue también un gran mecenas: protegió a Goya, Meléndez Valdés, Moratín, etc. Parece que fue él quien encargó a Goya las famosas “Majas” (Museo del Prado).
Además, había algo innegable en la manera de proceder de Godoy con respecto a sus adversarios: la ausencia de crueldad o de rencor. Moratín, al subrayar en un elegante elogio poético esta bondad esencial del denostado Príncipe de la Paz señala:
«El poder no en violencia se asegura, ni el horror del suplicio le sostiene, ni armados escuadrones; pues donde amor faltó, la fuerza es vana. Tú lo sabes, señor, y en tus acciones ejemplo das. Tú la virtud oscura, tú la inocencia amparas. Si olvidado el mérito se vio, tú le coronas: las letras a tu sombra florecieron, el celo aplaudes, el error perdonas, y el premio a tus aciertos escribiste en placer interior que el alma siente…»
Con motivo del bicentenario del estallido de la Guerra de la Independencia, Enrique Ruspoli, descendiente directo de Manuel Godoy, publica la primera versión abreviada de sus memorias.
Según Ruspoli, Godoy “hizo mucho por la España ilustrada pero como era un hombre de honor, mantuvo su palabra y a petición de Carlos IV no publicó sus memorias hasta 1842. Durante estos treinta años de silencio sus adversarios sí que publicaron escritos que le tachaban de “paleto aldeano” y “choricero”".
Pero esta no era la opinión de historiadores y la Historia lo ha puesto en su lugar. El propio Godoy relata en sus Memorias su lucha por mantener el reino intacto ante la agresividad de las potencias europeas, incluida la Francia de Napoleón, en una época convulsa, además de reivindicar su papel de gobernante ilustrado.
He aquí, pues, un paisano, el que más altas cotas de poder ha alcanzado en la Historia de España y al que apenas conocemos. Podemos seguir ignorándolo o bien aproximarnos a su figura; lo que nos llevará a comprender buena parte del siglo XIX en el que, una vez más, se enfrentaban las dos Españas.

Referencias bibliográficas.-
• C. Pereyra, Cartas confidenciales de la reina María Luisa y de don Manuel de Godoy. Madrid, 1935.
• E. Rúspoli, “Godoy: La lealtad de un gobernante ilustrado” Ed. Temas de Hoy, 2002
• Emilio La Parra López, Manuel Godoy: la aventura del poder. Prólogo de Carlos Seco Serrano, Barcelona: Tusquets, 2002
• Emilio La Parra López; Miguel Ángel Melón Jiménez. Manuel Godoy y la Ilustración. Jornadas de estudio (Ed. Regional Extremadura).
• Wikipedia
• La Herencia Española
• Curiosidades de la Historia de España
• Diario digital Siglo XXI. 14 de marzo de 2008
• Manuel Godoy retratado como vencedor de la Guerra de las Naranjas, por Francisco de Goya. Real Academia de San Fernando, Madrid, comentado por Alicia Vizcaíno Pallero