Sin ser de ciencias –y sin tener ni pajolera idea de ella- en la ecuación verano más vacaciones siempre me sale el mismo resultado, y además jamás fallo: descanso.
Por prescripción médica durante un par de meses desbloggearemos aunque, eso si, dejando entre páginas una leyenda y un juego para entretener las tediosas siestas y agradecer las numerosas visitas.
¡Buen verano! y bienvenidos a la leyenda de los bosques encantados que alguien una vez me juró –no sé si con los dedos cruzados- que era absolutamente cierta…
Bosques Encantados
Parecía un gigantesco lunar descolorido, una mancha amarillenta en medio de un lecho esmeralda; en medio de llanos ondulantes semejando volantes de gitana; en medio de un verde intenso y extenso de hierbas malas y buenas; un mar de tierra y de cambiantes colores; un lunar terroso o blanquecino según los caprichos del reloj o del calendario. Lo sabía todo el mundo.
Lo sabía todo el pueblo: los niños chicos, los niños grandes, los viejos e incluso algunos forasteros que de tanto ir por el pueblo ya no eran ajenos a sus misterios.
El lunar había estado ahí desde siempre. Despoblado de hierbas y rastrojos; despoblado de árboles, despoblado de vida… aunque lleno de dudas, conjeturas, e historias de campamento.
Una vereda serpenteante cuajada en sus orillas de jara y romero llevaba al caminante al lunar mágico también llamado claro de las mil dudas.
Una vereda cubierta de tierra marrón evocadora a cacao, café, y a veces también a regaliz, seguramente porque un millón de perpetuas crecían por todas partes: detrás de las piedras, rodeándolas, en las cercanías de los árboles, en los pliegues de las hojas caídas, de las brillantes bellotas, en las zanjas y en los surcos de la tierra, en la sequedad marrón, en el frescor verde de la hierba, en los ondulantes volantes de la falsa llanura…
Una perpetua no huele, dos probablemente tampoco, pero miles de ellas desprendiendo su mansa fragancia consiguen que el aire de los campos libre dura batalla con otros aromas más intensos, y al final resulta que es verdad que la unión hace la fuerza pues su perfume dulzón despunta entre romeros y albahacas y poleos, y oréganos y jaras en flor atestando los alrededores del lunar abierto en la tierra como volcán lacio, triste, apagado y muerto desde hacía ya mucho tiempo.
Es una puerta de entrada al bosque encantado –coincidían todos los del pueblo-
Una puerta natural y misteriosa que viene a decir: no pasar. Peligro de quedar atrapados como Hansel y Cretell y otros muchos que se atrevieron a adentrarse entre marañas de ramas y árboles tan llenos de vida e ingenio como los dos niños que supieron vencer a la desalmada y hambrienta bruja…
Las historias, los cuentos y las leyendas corrían como las aguas cristalinas del helado regato que serpenteaba estrecho como una culebra atravesando de lado a lado el bosque encantado. Y todos coincidían en lo mismo: el lunar era la barrera, el claro que advertía que a partir de su sequedad y de su quietud se abría un abismo verde y tupido con poderes sobrenaturales: dentro, soñar despierto era posible y fácil. Viajar al mundo de los hermanos Greem resultaba tan hacedero que sólo se necesitaba sentarse durante una hora en alguna piedra mágica y después, tibiamente abrazar un árbol cualquiera, daba igual gordo que flaco, lleno de sabia o seco y absorbido por la tierra humedecida, el efecto era el mismo y casi siempre, inmediato: paz interior y energía traspasando la barrera de la piel, colándose por cada poro, expandiéndose en cada célula, quedándose a vivir en la cabeza y llenando sus ramales de la sabia necesaria para conseguir ver durante unos minutos los misteriosos y legendarios pobladores de los bosques…
Se cuenta que cada barrera en forma de lunar o media luna franqueando tierras de jade, conduce con total seguridad a imperios hadados.
Dicen que todos los que narraron cuentos, que todos los que un día se sentaron a escribir sobre niños perdidos y hallados o misteriosamente envalentonados en bosques, tuvieron que cruzar la quieta sequedad de un trozo de tierra yerma para después adentrarse en espesuras color esmeralda, descansar un rato sobre una piedra, abrazar un árbol cualquiera y a continuación pacientemente esperar a que la magia depurada fabricara los caminos secretos e internos capaz de abrir las puertas y arrastrar dulcemente al más simple y seco de los humanos hasta los fantásticos e invisibles seres que habitan y pueblan los auténticos y genuinos bosques encantados.
- María Penís












Que disfruteis de este merecido descanso los dos, pero que pronto volvais pues a mi por prescripcion medica debo leer vuestro relatos cada cierto tiempo.
Un saludo y feliz verano.
Por: Paco Carreres el julio 21, 2011
a las 6:08 pm
VERDADERO PASIAJES QUE INSPIRAN A TOMAR EL PAPLE Y CARBON…SALUDOS
Por: Esmeralda el julio 21, 2011
a las 9:29 pm
Hola el paisaje es precioso y lo que has escrito tambien se lo que se siente este verano encontre algunos parajes preciosos ,¿ donde se encuentra esto?
Por: nuria el septiembre 24, 2011
a las 7:50 am
Hola Nuria; las fotos del cuento están tomadas en el Calero del Mundo (Albacete). Es una zona de ensueño, lugar idóneo para que los duendes puedan ocultarse de nosotros…ja ja. un saludo.
Por: Lapriana el septiembre 25, 2011
a las 9:53 am
hola, las fotos estan hermosas pero…me gustaria saber mas sobre el lugar donde las tomaron.Porias ayudarme? te lo agradecería muchisimo.
Gracias
Por: camii el enero 13, 2012
a las 12:25 am
Hola Camii, menos una de las fotos todas son del Calar del Rio Mundo, un saludo
Por: siguelashuellas el enero 15, 2012
a las 9:35 am