Contrabando, (entre aromas de café) 2ª parte
Cuando el trabajo de los mochileros concluía, otra anilla comenzaba a engancharse…
Atentos a la contraseña del jefe la cuadrilla permanecía expectante, vigilantes, alertos al mínimo detalle. Se encontraban en la recta final de la aventura diaria con los pies cansados y la espalda dolorida por un largo trayecto soportando treinta kilos de peso en sus espaldas, agazapados en los cercanos campos esperando que la bombilla que el patrón debía encender en lo alto de su terraza alumbrase de manera natural, sin artificios. Si por el contrario la luminaria desprendía tonalidades rojas había que seguir agachados entre la protección que ofrecían los matorrales, esperando a que el peligro pasase…
El perfecto engranaje del contrabando ponía sobre aviso que la Guardia Civil merodeaba por los alrededores. Poco importaba que la ropa estuviese mojada, o que los dientes castañeasen de frío, o que los pies latiesen por un descanso; las circunstancias obligaban a seguir agazapados hasta nueva orden…
Si por el contrario todo salía bien, el siguiente eslabón de la cadena ya calentaba motores…
Los varios cientos de kilos de café llegados a casa de Ramón eran distribuidos en una perfecta y rápida sincronía entre las casas vecinas, por supuesto con el consiguiente beneficio económico, de manera que si un chivatazo, o un sorpresivo registro los cogía desprevenidos no encontrasen más que unas pocas bolsas en la casa registrada. Hasta en los tejados y bajo las tejas escondían los alijos.
Cerca de un centenar de hombres distribuidos en cuadrillas de hasta treinta salían de los barrios de Badajoz a buscarse la vida…desde el Gurugú, Las Moreras, Cañada, Pardaleras y San Roque cruzando a diario la frontera por los campos de Cantillana, Las Mesas, La Liviana y El Lopo para recoger la atesorada carga…El Camelo, La Estrella, Cubano, El Barco, La Jirafa y El Sello. Todos se distribuían y vendían en la misma proporción. El más barato, El Sello, que era molido y el de peor calidad, pero también el más demandado por los pobres, -como bien dice Agustín- estaba hecho de los residuos que sobraban en el tueste; pero todos tenían salida y todos movían dinero, especialmente la auténtica joya de la corona, El Camelo, conocido por todos los habitantes de estas latitudes.
No había rivalidades entre las diferentes cuadrillas. Les unía una corriente de solidaridad respaldada por un trabajo cuajado de dificultades y un objetivo común… llegar a buen puerto, salir con bien de cada aventura y no toparse con las temidas batidas.
Y es que en el turbio y brumoso camino, cuando la Guardia Civil les echaba el alto la primera reacción siempre era huir en desbanda dispersándose como podían, huyendo del destino bajo la escasa luz de un manto estrellado, saltando las piedras casi a ciegas, con el corazón desbocado, corriendo campo a través, intentando conservar la carga que veces se hacía demasiado pesada y no quedaba más remedio que desembarazarse de ella, aunque hacerlo significara perder un plato en la mesa. En otras ocasiones conseguían esconderlas y rescatarlas después del peligro.
En palabras de Agustín –El quebranto era tan doloroso…aunque, lo que verdaderamente importaba era mantener la libertad- muchos estaban reclamados por la justicia y el temor les impedía pensar con cordura; por eso, en la locura de la huida, entre el coraje y el miedo se echaban al río tratando de huir entre sus aguas sin pensar que el Guadiana en invierno bajaba indomable y deseoso de lamer en sus corrientes todo lo que caía en él. Incluso vidas, que más de una se llevó.
Me cuenta que a pesar de todo, lo que más respeto daba era la Guardia Republicana y sus batidas a caballo, si caían en sus manos eran detenidos y llevados a las “cuadras” de Campomayor, de allí trasladados a Elvas y embarcados en tren hasta Badajoz. Cuando esto sucedía, y aún cuando todo parecía estar en contra, seguían sin rendirse…el traslado a España se hacía en tren y a pesar de que decididamente la suerte les había dado la espalda hubo intrépidos que lucharon por su libertad sin desaliento a la esperanza, tirándose del tren en marcha…
-Lo pobres tenían miedo a la cárcel- dice Agustín como excusando la intrepidez de los hombres de su padre.
Pero quizás sus más terribles pesadillas venían del llamado Grupo Negro, una brigada de la Guardia Civil especializada y dotada con feroces perros lobos. Cada miembro llevaba el suyo propio, unos ocho o diez en total, entrenados y atentos a las órdenes, ávidos de atrapar presa.
Aún siente escalofríos al recordar los relatos que su padre desgranaba despertándole una amalgama de sentimientos sobre recuerdos dormidos…las capas de los agentes de la ley meciéndose al viento en las crueles noches invernales, batiendo las botas al compás de los ladridos que en la holgura de las dehesas parecían tronar, con reflejos de luna sombreando los contornos de sus cuerpos…
Por eso su padre, el patrón, solo elegía a los más recios. Procuraba además que fuesen conocidos, gente de confianza, poco dadas a traiciones. Necesitaba que sus valientes pisaran sin titubeos, desafiando el dudoso destino de frente.
En Badajoz el contrabando dolía en los pies, (palabras textuales de mi contador de historias) en los pueblos sin embargo había más posibilidades de hacerlo a caballo y a plena luz del día. Le pregunto que como era posible; desde mi punto de vista corrían más riesgos de ser vistos, pero él, tolerante contesta…– ¡Anda y que no hay campo pa correr a lomos de un caballo!
Sonríe ante mis dudas y ante esos recuerdos que se le vienen atropelladamente; Agustín ya está metido en faena; el café, el brasero, las sayas de la camilla y una entretenida consecución de palabras y minutos que se escapan demasiado deprisa nos convierten en viejos conocidos.
De pronto, otra historia acude a su cabeza y vuelve a levantarse para interpretarnos cómo sacaban el cargamento de la ciudad…
- María Penís

















que casualidad ,el sabado estuve en la fabrica de cafe delta de campomayor,haciendo una visita ,y nos explicaron todo esto,es alucinante como se arriesgaban ,todo muy curioso me gusta
Por: vicen el mayo 13, 2010
a las 10:22 pm
Como siempre fastastica.
No se si seria posible, que pudieras contar la historia desde el punto de vista de la mujer de alguno de estos hombres que arriesgaban su libertad e incluso su vida para llevar un plato de comida a su casa?.
Seria interesante conocer las angustias que ellas supongo pasarian cuando sus maridos o parejas hacian ese trabajo. Supongo que sera dificil, igual ya no queda ninguna que lo pueda contar.
Enhorabuena . Deberias pensar en escribir un libro con todas tus historias, igual que te hicieron con los cuentos. un beso.
Por: J.Hidalgo el mayo 14, 2010
a las 9:46 am
¡Gracias Hidalgo!…se una historia increíble, pero esta relacionada con las mujeres que arriesgaban no solo su vida, si no mucho más que eso. No puedo contarla sin el permiso de algunos de sus descendientes. O la de todos los más directos…ni siquiera cambiando el nombre, ellos sabrían y bajo ningún concepto…en fin. Con todo esto del contrabando he aprendido mucho, pero es que he tenido la suerte de encontrar a un auténtico contador de historias que ha disfrutado contando tanto como yo escuchando.
Por: Lapriana el mayo 14, 2010
a las 12:10 pm