Fortificaciones y Murallas.- “2ª parte”
La Muralla Abaluartada, se unía a la islámica en la puerta del Alpéndiz con el semibaluarte de San Antonio, descendía hasta el baluarte de San Pedro y bajaba al de Trinidad, Este se unía al baluarte de Santa María, donde está ubicado el colegio público Lope de Vega, enlazaba con el de San Roque, hoy Palacio de Congreso y antaño plaza de toros, continua hasta Puerta del Pilar y llega al baluarte de San Juan, único desaparecido, habiendo sido derribado para ensanchar la ciudad, sigue hasta el de Santiago donde esta la Memoria de Menacho, continua y llega al baluarte de San José, donde se encuentra la Comisaría de Policía, y termina con el último baluarte, el de San Vicente, ocupado por el Instituto Castelar, es el último de los ocho, uniéndose con lienzo de muralla con Puerta de Palmas, la muralla parte de Esta puerta para enlazar con la Alcazaba Almohade en la Torre de los Ahorcados.
La muralla de finales del siglo XVII, tenía las siguientes puertas: Puerta de Mérida, que ya existía y se incorporó a Esta, Puerta de Trinidad, que también existía en la muralla Medieval a escasos metros de la nueva, Puerta del Pilar, que sustituyó a la antigua de Santa Marina de la Cerca Medieval, Puerta de Palmas, construida a mediados del siglo XVI, puerta Pelambres, en la desembocadura de la calle Joaquín Sama llamada también del Río, aunque mas que una puerta, podría englobarse como portillo y puerta de Pajaritos, en la ladera de la Alcazaba, Estas dos últimas fueron sustituidas en 1765 por la llamada Puerta Nueva, situada en las traseras del Palacio de Godoy.
La ciudad disponía de fuertes exteriores, comunicados con la Muralla a través de caminos fortificados, como el fuerte de Pardaleras, convertido en Prisión Provincial, y actualmente Museo Contemporáneo, Fuerte de la Picuriña, hoy prácticamente desaparecido, fuerte de San Roque o Trinidad, hornabeque o fortín de la cabeza del Puente Viejo en estado de abandono y fuerte de San Cristóbal, cuyas murallas aun perduran en buen estado.
Las fortificaciones militares de Badajoz, llegaron prácticamente integras hasta el principio del siglo XX. A partir de 1930 comenzaría el expolio y la destrucción de unas murallas que ni siquiera las guerras habían logrado doblegar.
En el año 1931, el Ayuntamiento pasa a tomar posesión de las murallas y recintos militares de la Plaza, que hasta ese momento, eran competencia del Ministerio de Defensa, de esta manera, sin el mantenimiento militar necesario y sin la concienciación de los Ediles Municipales y de los propios ciudadanos, comenzó la demolición sistemática y continuada de los elementos defensivos de la fortificación, justificadas en pro de la realización de ensanches modernos para la ciudad.
Se derribaron semibaluartes como los adyacentes a Puerta de Palmas, baluartes para la construcción de edificios públicos y privados, lienzos de murallas para ensanches de calles y avenidas como Colón y Huelva, se derribó el fuerte de Pardaleras, para levantar la Prisión Provincial, se derribaron los lienzos entre puerta Pelambres y Pajaritos, en 1964 se destruyó la luneta de san Juan o de Verlé, para construir las 800 viviendas de la U.V.A., pero el destrozo más significativo fue en 1965, se derribó el baluarte de San Juan con sus lienzos laterales y el cuartel de la Bomba dejando mutilada la fortificación en uno de los elementos mas importantes, y por último en los años 70 se fue abandonando los reductos de la Picuriña, San Cristóbal y Cabeza del Puente. En la actualidad, a la Muralla abaluartada, la cual fue esencial en la historia de la ciudad, no se le da el realce que merece.
Referencia:La Fortificación Abaluartada de Badajoz los siglos XVII-XVIII De Javier Teijeiro Fuentes y Alvaro Melendez Teodoro





