Posteado por: siguelashuellas | diciembre 25, 2011

Molinos de Badajoz

Restos del Molino de Ballesteros

Molinos de Badajoz

Los inviernos lluviosos y el Guadiana crecido formaban tan parte de esta ciudad como los molinos de sus orillas. Las aguas de nuestro río, este que nos lleva –que diría el gran José Luis San Pedro- además de arrancar rabia y lamentos por culpa de su caudal tantas veces desparramado, también sirvieron para dar de comer a numerosas familias que vivían, a veces malvivían, y otras subsistían, de él: imposible no volver a nombrar a aquellos barqueros que se hicieron imprescindibles para el día a día, a los pescaores buscándose el jornal en los peces…y muy especialmente, a los molineros.

El trasiego diario en aquel austero y compactado Badajoz impregnado del olor de la última pólvora vertida, de mulos, carretas, y arrieros tirando de bridas, llenando las calles de voces y arreos, yendo y viniendo en busca del molino más cercano, no podría ni imaginar que un par de siglos después, de aquellos espacios que eran su pan de cada día, sólo la estructura de un par de ellos sobreviviría para recordarnos que una vez formaron parte de una época y una vida en la que fueron absolutamente imprescindibles.

El Guadiana, a su paso por Badajoz, estaba salpicado de molinos, y casi todos harineros. Entre los más destacados: el de Ballesteros, el del Moscoso, el de Aceñas, Aranda, y el famoso, la Tarasca, todavía en pie aunque a duras penas.

Hay que echarle algo más que un poco de imaginación para verlos rodeados de gente afanadas en tareas cotidianas. De todos los que formaban parte y arte de la imagen que devolvía el río, sólo el del Moscoso aún conserva erguido su esqueleto. Lo vemos desde los puentes más cercanos al canal de los Ayala manteniéndose en pie de manera milagrosa, casi en un sorprendente equilibrio, echándole un pulso a relojes y calendarios, dibujándole fantasmas al aire que lo abraza, o intentando contarnos desde esa soledad en la que ha quedado, que en su juventud fue algo más que uno de los grandes. Fue, como los barqueros, un imprescindible. Ahora, la demostrada robustez de sus piedras será recompensada por la Confederación del Guadiana reconvirtiéndolo en zona museística.

Echándole de comer un buen rancho a esta imaginación que a veces nos desborda, también podemos ver el de Ballesteros, que cual San Borondón pacense, un poso de sus piedras de vez en cuando aparece enredado entre nenúfares. Emerge misterioso, casi resistiéndose al olvido. Si vamos sobrados de tiempo, apoyados en las barandillas del Puente Real, en la margen izquierda, especialmente en los días de verano cuando el caudal del río merma, no es difícil verlo destacando en el azud como un perejil en el medio de una salsa mayonesa.

También el de Aceñas recibía carretas y bestias de carga, pero de este ya no queda ningún resto; estaba situado en los alrededores del Puente de la Universidad… y el de Aranda, entre la unión de los cauces del Rivilla y Calamón, del que tampoco queda ni rastro. De su existencia se sabe gracias a documentos del Archivo Histórico Provincial.

Y por último el de la Tarasca, al que hay que hacerle un punto y aparte muy especial. De él también nos queda un pellizco de su estructura…puede verse junto al puente de la antigua NV a su paso por el Rivillas, y como el del Moscoso, también su esqueleto aguanta como buenamente puede. Se sabe poco de su construcción, aunque algunas fuentes dicen que pudiera tener origen romano…

El exiguo caudal del arroyo no permitía que pudiera ser usado en otra época del año que no fuese invierno. Se sabe que quedó en desuso en 1760, y es el único de estas características que aún queda en pie.

En un documento de 1713 se alude a este molino con el nombre de Gordillo y dice que se arrienda por tres años a Francisco Hernández Patadas, que lo describe como que se encuentra en el camino de San Gabriel en la ribera de Valdesevilla, y que tiene tres piedras molientes y corrientes (en esta época se denominaba Valdesevilla al Rivillas).

Cuenta la leyenda que en este molino se escondía un extraño animal llamado Tarasca, largo como una serpiente, patas de oso, caparazón de tortuga, y un gran aguijón en la cola. Sólo salía en las noches de tormenta, y lo hacía para devorar a la población…corría el año 1480 cuando una noche oscura y lluviosa en la que caían rayos y truenos, fueron a buscar a su casa al médico judío Cohen. Lo necesitaban en la Albuela para atender al porquero. Cohen se negó, pero los setecientos maravedíes que le ofrecieron terminaría convenciéndole, a pesar de que su esfuerzo de poco sirvió pues el enfermo murió dulcemente después de tomar las hojas de Dedalera que el médico le administró. En el camino de vuelta, sus acompañantes y él aflojaron la marcha para descansar en las cercanías de la ermita de los Mártires (cerca del puente de las Brujas y de la Fuente de los Alunados) cuando escucharon un ruido sobrecogedor. Los caballos comenzaron a relinchar dando saltos de una manera tan enloquecida que Cohen, que no era buen jinete, cayó al suelo en el mismo instante que un extraño animal, parecido a un dragón, lo apresó ante los asombrados y atemorizados ojos de los testigos que nada pudieron hacer cuando vieron como el médico era arrastrado en dirección a la fuente de los Alunados, donde más tarde apareció ahogado. Los acompañantes del judío decían haber visto al bicho huyendo a su guarida: un molino cercano.

Fue en aquellos días cuando se convirtió en costumbre que después de la procesión del Corpus, los mozos, para envalentonarse, y antes de marchar camino del molino en busca de la Tarasca, bebieran buenas cantidades de alcohol. Después, al cabo de las horas, eran legión los que aseguraban haberlo visto…

  • María Penís
Posteado por: siguelashuellas | noviembre 14, 2011

PUENTE DE PALMAS

PUENTE DE PALMAS

Arriba, la alcazaba oteando el horizonte. Debajo, el Guadiana, casi como perro guardián.

Y entre ambos, una época en la que no había puentes. Sólo agua y curtidos barqueros ganándose la vida trasladando mercancías y personas de un lado al otro. ¡O vadeabas o embarcabas!, no había más opciones.

Desde Portugal, Cáceres, San Vicente, Alburquerque…en aquellos lejanos días el comercio dependía de la figura del barquero; hasta que, según Nicolás Díaz Pérez, en 1460; según Juan Solano de Figueroa y Altamirano, en 1511, alguien decidió que el futuro estaba en la construcción de un puente.

Nicolás Díaz Pérez siempre sostuvo que la fecha que él aportaba era la auténtica. Mantenía que en el arco de salida hacia Portugal existía una inscripción en la que aparecía ese año, y que desapareció durante la riada de 1545, por lo que su palabra y su fecha es la que históricamente se ha dado por buena.

El Puente de Palmas, que ha llegado hasta nuestros días prácticamente con la misma estructura de su estreno, jamás cobró derecho de portazgo, por ello, hubo un tiempo en el que también fue conocido como Puente Bobo

Si aparcáramos el stress y nos paráramos a observarlo sin la mirada de las prisas, seguramente veríamos casi lo mismo que vieron los ojos de aquellos paisanos de antaño, a pesar de ese Guadiana invernal convertido en acérrimo enemigo de la ciudad empeñado en destrozarlo, llevándose, cuando pasaba enfurecido, sus piedras una y otra vez.  Hiriéndolo de muerte y condenando a sus habitantes de nuevo a la era de los barqueros. Tanto fue así que la desesperación llevó a creer que para darle solidez y luchar contra esas fuerzas naturales nada mejor que instalarle cañones y otros objetos pesados. Creencia popular que el propio Guadiana se encargaba de desmentir pues contra su paso desenfrenado y enfurecido no existían objetos pesados capaces de plantarle cara, y al final, el agua terminaba arrasando piedras y arrastrando las trampas que los ingenuos hombres le colocaban.

La primera gran riada fue en 1545. Desaparecieron tres arcos que fueron reparados de forma provisional con un paso de madera. Y entonces –como ahora- los mandatarios también se tomaban sus tiempos: ¡50 años estuvo así!

Corría 1596 cuando por fin volvió a lucir impecable, aunque poco le duró, pues siete años más tarde otra gran avenida arrancó dieciséis arcos, y otra vez, de nuevo, hubo que volver a reconstruir.
Pero nuestro puente era un ave fénix renaciendo de sus cenizas una vez, y dos…y hasta siete veces más: 1709, 1758, 1766, 1814, 1833, 1871, 1876.

En la gran riada de 1876 quedó doblegado a merced de las embravecidas aguas casi por completo…corría el 6 de diciembre cuando las lluvias hicieron crecer su caudal hasta quedar la ciudad totalmente aislada, y el puente, cual Atlántida, sumergido. Cuando la crecida comenzó a remitir se pudo observar que junto con otros muchos daños, siete arcos habían desaparecido. El alcalde quiso mandar un telegrama para avisar a Madrid del desastre, pero el telégrafo se encontraba en la estación de ferrocarril, al otro lado del río, así que, otra vez los barqueros volvieron a jugar un importante papel; el texto del telegrama decía: “El Guadiana se ha ido y ha llegado el océano”

Cuatro años duró la reconstrucción; tiempo para barqueros, pues su labor en esos años volvió a resurgir.

Las obras, llevadas a cabo por el ingeniero Manuel Cervera Royo, se dieron por terminadas el 10 de octubre de 1880, resurgiendo de sus cenizas con cuatro arcos nuevos, llegando ahora a los treinta y dos. En esa reconstrucción también se le abrieron doce ojos de buey de un metro y medio de diámetro. El mismo ingeniero levantó las dos garitas de granito que marcan el ecuador del puente (si, esas mismas que ahora no hay formas de verlas durante grandes espacios de tiempo sin garabatos ni pintadas).

El puente en su parte derecha termina en un hornabeque. Construido durante la Guerra de Restauración Portuguesa sobre el 1642, en 1869 se le da continuidad con dos arcos más para acceso a la Estación de Ferrocarril.

El 19 de julio de 1909, bajo el hacer del ingeniero Ramón Sánchez Moreno, comienza el ensanche con pretiles para peatones, que no eran más que dos aceras voladas de hormigón protegidas con barandillas de hierro, y que son de las primeras realizadas en España con esta técnica. Durante el año que duraron las obras, un bando prohibía el transito de carruajes y caballerías desde las once de la noche hasta las cinco de la mañana, pues eran las horas en las que se realizaban los trabajos. En mayo de 1910 los vecinos de Badajoz ya podían pasar por los pasos volados, y así fue hasta que los vanguardistas de tesoros viejos decidieron que esas aceras no tenían ni razón de ser, ni estaban amparadas por valores históricos. ¡Adiós aceras adiós!, y con ellas, partes de la hermosa barandilla de hierro fabricada en el taller San Antonio de Sevilla por la empresa Pérez Hermanos. Otro dato curioso es que en 1926 lo iluminaron con columnas laterales…

Es nuestro puente. El puente de Badajoz con más carga histórica y probablemente al que más se le note la desidia que sufre en alumbrados, y el que más ensañamiento sufre por parte de gamberros incontrolados y, el más desprotegido, y el gran olvidado de la tecnología, (para preservarlo y ahorrarnos disgustos y dineros, bastaría con poner cámaras en Puerta Palmas) y el que más historias tiene para desgranar…

Su hornabeque, y el Fuerte de San Cristóbal, fueron decisivos durante las guerras con Portugal…, 1658, Badajoz sufre uno de sus múltiples asedios; era la víspera de San Juan y las tropas portuguesas efectúan un ataque sorpresa que duró toda una noche, consiguiendo ocupar la cabeza del puente. El Tercio de la Armada consiguió rechazarlo, aunque a costa de muchas vidas –y esto es sólo una pequeña pincelada histórica de las muchas vividas en el puente más antiguo que tenemos-. El Puente de Palmas de Badajoz. Si fuésemos exigentes tendríamos que pedir que fuese nombrado “perla de la ciudad”, especialmente para que fuese tratado como se merece.

  • María Penís

Posteado por: siguelashuellas | octubre 13, 2011

Antonio Juez

Antonio Juez      “el artista autodidacta”

Esas cosas que pasan…de pronto descubres a un artista absolutamente polifacético y te dices… ¡que vida y cuanto arte, y yo sin saber nada de él!

Sólo he visitado una vez el bellísimo parque Guell de Barcelona pero confieso –y es absolutamente cierto- que unos minutos después de traspasar sus puertas sufrí lo que en un primer momento me pareció un deja vu aunque, apenas medio minuto después entendí que quizá se trataba de que no me resultaba del todo desconocido, aquel parque me recordaba algo pero no sabía qué…

Ya en Badajoz, en nuestro parque infantil de Castelar me pasó lo mismo pero a la inversa, ahora era este el que me recordaba el de Barcelona, y de inmediato, casi de un segundo para otro supe lo que era: las piedras y la bajada de la entrada, la fuente –ahora reseca- de la entrada, el arco de la entrada, los bancos que reposan sobre la pared de la muralla, el altar que acoge a la Patrona de Badajoz y a la antigua portada de la ermita de la Soledad…

¡Ningún deja vu, sólo algo tan sencillo como una simple asociación de recuerdos!

Y es que el gran Gaudí, a pesar de tener todos los medios y materiales a su alcance, haciendo alarde de su portentosa imaginación también recurría con mucha frecuencia a las sencillas piedras de río; lo mismo que en su momento hizo nuestro Antonio Juez: imaginación y arte al cincuenta por ciento, mas  amor y un gran respeto a la naturaleza le dieron las alas que necesitaba para acercarnos cachitos de naturaleza,  a parques y jardines, transformándolos, para disfrute nuestro, en rincones intimistas, románticos y simbólicos.  

Todo eso era Juez: artista con una vida tan paralela a su arte que podría decirse que fueron tal para cual.

Nació en Badajoz el 7 de marzo de 1893 en la calle Vicente Barrantes numero 16.

Fue un hombre adelantado a su época: rompedor, culto, refinado, asiduo visitante de pinacotecas importantes, contradictorio, elegante en el vestir, exquisito en el trato, bibliófilo, y sobre todo: gran autodidacta.

Colaboró como periodista en el Nuevo Diario, después lo hizo en La Libertad y en el Noticiero Extremeño. Sus ideas políticas conservadoras le permitieron seguir participando en los medios de comunicación franquistas e impartir charlas en Radio Extremadura entre los años 1936 y 1938.

Fue profesor de Colorido y Composición de la Escuela de Artes y Oficios de Badajoz desde 1928.

El autodidacta fue todo un personaje que se formó a si mismo no sólo en los pinceles, sino también en las letras. De su pasión por la lectura brotó su faceta de escritor dejándonos un interesante y amplio ramillete de publicaciones entre los que cabe destacar: Luis de Morales, el Divino, homenaje de admiración y amor a su vida y su obra (1925); Cerebro y Corazón (1936), un pequeño libro de pensamientos; Aldabadas, poesías; La Guarida de la bestia, novela documentada y no localizada; Soy un pobre peregrino, obra de teatro publicada en 1947 y no representada.

Además de cómo escritor realizó incursiones en el teatro como actor, y en alguna ocasión también como director de un grupo de aficionados del Liceo de Artesanos de Badajoz.

Su obra literaria más densa: Por nuestros caminos; es un libro de viajes con carácter autobiográfico.

Pero, volviendo a la pintura…Juez fue, sobre todo, un excelente dibujante de líneas sinuosas y serpenteantes, maestro singular del color. Cultivó poco el retrato, una fuente de recursos segura para los pintores, sin embargo siguió una práctica bastante frecuente en la época que consistía en colaborar en trabajos de ilustración de novelas y revistas.

El paisaje tampoco fue un género preferido, aunque se conoce su particular interpretación de ellos gracias a los fondos de algunos cuadros y de sus famosas ilustraciones de novelas.

Es difícil establecer una clasificación temática de su obra que por otra parte no es muy extensa, aunque sin lugar a duda su tema preferido fue el femenino; le inspiraba la mujer fatal, emancipada de la autoridad del varón, transgresora de la norma establecida, seductora, perversa, burguesa, acomodada, provocadora, sensual, fría y calculadora…, y estos ejemplos femeninos son los que desarrolló en los cinco grandes lienzos apaisados que pintó entre 1936 y 1937 para decorar los almacenes de La Giralda…

En 1948 fue nombrado por el Ayuntamiento de Badajoz Jefe de Parques y Jardines. El nombramiento, a propuesta de amigos influyentes, venía forzado porque tuvo que dejar la pintura a causa de una alergia a los cobaltos. En sus diseños para nuestros jardines contó siempre su gran sensibilidad y su admiración por los jardines portugueses y sevillanos.

A principios de la década de los cincuenta el artista fue apartándose progresivamente de la vida pública pese a los éxitos profesionales y al prestigio conseguido.

Juez murió el 25 de septiembre de 1963. Los últimos restos de su herencia pasaron primero a su compañero sentimental, el portugués David María da Silva y, a la muerte de este, a sus herederos.

  • María Penís
Posteado por: siguelashuellas | septiembre 22, 2011

Jardines de la Legión….(2ª parte)

Jardines de la Legión…(2ª parte)

Dos avenidas principales y una calle en las cercanías de El Corte Inglés homenajean a Antonio Masa, Ricardo Carapeto y Antonio Juez; los dos primeros, alcaldes de Badajoz cuando el artista diseñó algunos de nuestros jardines con más solera e historia.

Políticamente la deuda moral que tenemos con las creaciones del Jardinero Mayor posiblemente quede saldada con un rótulo en lo alto de una calle pero moralmente el mejor homenaje que se le puede hacer es dignificar y mantener vivos todos sus trabajos. Tarea por otro lado de muy sencilla resolución: limpiar, recomponer las pérdidas, mantener y después sacar pecho henchidos de orgullo. Al fin y al cabo el talento de un artista siempre queda reflejado en sus obras y lo normal –cuando se actúa inteligentemente- es desear mantenerla en óptimas condiciones para siempre jamás.

Fuentes secas, rotas, despojadas de los ornamentos que las convirtieron en artísticas confiriéndoles aquel aire de exquisitez que el tiempo, la dejadez y la incompetencia les hurtaron, es lo que va quedando en aquel espacio que una vez fue paradisíaco.

La Legión, los bellos jardines -junto al de Castelar- que de alguna manera identificaba nuestra ciudad, hace años que perdió la pátina melancólica que parecía aflorarle de la propia tierra; aunque afortunadamente para nosotros quedó grabada en una antigua película protagonizada por Emma Penella: La Guerra Empieza en Cuba.

Hace unos años el López de Ayala se llenó hasta la bandera para verla -fue un acierto que se debería tener en cuenta- los afortunados que aquella tarde nos embobamos escuchando y viendo el nombre de Badajoz en el cine, seguramente nunca olvidaremos cómo resonaban y se expandían los oes que nos salían de los labios casi sin pretenderlo, y que fueron tantos y tan unánimes que las autoridades tomaron buena nota y decidieron devolverle al paseo de San Francisco el traje de alta costura que siempre lució y que algún loco, -unos años atrás- decidió quitárselo para vestirlo de mercadillo.  

Aquella antigua película nos devolvió, aunque sólo fuese por unos minutos: paseos, cuarteles, calles y parques de un Badajoz que sólo habíamos visto en fotografías pero jamás en movimiento, y mucho menos en pantalla grande. En un ambiente casi festivo y absolutamente compenetrados un sinfín de exclamaciones nos unieron en un mismo sentimiento, especialmente cuando ante nuestros ojos la aparición estelar de un San Francisco mayestático y genuino, y unos Jardines de la Legión con primorosas y lozanas fuentes nos dejaron con la boca abierta y una estúpida sonrisa de “pero cómo nos hemos podido dejar quitar todo esto”.

Si la Guerra Empieza en Cuba consiguió remover conciencias políticas para con aquel San Francisco degradado hasta la vulgaridad, pienso que lo mismo con un poco de buena suerte –nuestra esperanza básicamente se sustenta en ella- si se volviera a emitir esta vez la lotería podría tocarle a los Jardines de la Legión y a las laderas de la alcazaba, y de paso nosotros volveríamos a disfrutarlos y ha dejar de hacernos preguntas expedientes x:

¿Qué fue del conjunto escultórico de la Nacencia?

¿Duerme en algún almacén a la espera de ser restaurado y devuelto a su sitio original?

¿Nos merecemos una explicación o ya se dio en su momento?

¿Corrió la misma suerte que los bancos originales de San Francisco?

¿Nos sobran los dineros para en lugar de restaurar, tirar, hacer de nuevo y volver a dejar que el tiempo y el olvido destruyan?

Yo, que me más que cinéfila soy seriéfila, apuesto por una serie con Badajoz y sus pérdidas patrimoniales como eje central de una supertrama de misterios y abducciones… ¡tatatachánnn…seguro que daba juego!

De momento podemos darnos con un canto en los dientes y alegrarnos porque de la época de Juez aún tenemos intacta –entre otras cosas- la bella entrada principal al Parque Infantil de Castelar. Esperemos que jamás pierda el favor del Ayuntamiento y que el sello del artista, esos cantos de río que tanto utilizaba para sus creaciones, no corran la misma suerte que las piedras arrancadas del Puente Viejo, otro que va camino de protagonizar una de esas misteriosas y endémicas abducciones a las que tan acostumbrados estamos que ya ni nos conmueven.

  • María Penís

Posteado por: siguelashuellas | agosto 31, 2011

Jardines de la Legión…( 1ª parte )

Jardines de la Legión…(1ª parte)

Monumento de la Nacencia, foto de Vidarte

Fue a principios de la pasada primavera una mañana de un sábado cualquiera que, sintiéndome un poco lagarto, quise empaparme de esos primeros rayo de sol que todavía no dan dentelladas. Mis pasos, como un ensalmo, me llevaron de nuevo hasta las murallas desde donde a mis pies el antiguo vivero se me mostró invitador, sugerente, y algo taciturno; ¡ni una sola duda!…unos minutos después y tras sortear la escondida Puerta del Álpendiz pude observar que visto desde las entrañas el tiempo había herido cruelmente su antaño exótica belleza: un secarral olvidado ponía de manifiesto –una vez más- que el calendario y la indiferencia hiere más hondo que puñales de acero.

La Nacencia, antes

Pero quien tuvo retuvo; el secarral aún conservaba las veredas que conducían a los anchos espacios que antes daban cobijo a sinfín de plantas y que ahora sólo era tierra baldía donde apenas sobrevivían unos pocos verdes capaces de chulear ante el sol más castigador sobreviviendo con el acopio de agua que hacían durante el invierno. Tan duros e inalterables y tan ajenos al calor del sol y al calor humano, que se me antojaron vigilantes inmortales esperando tiempo mejores para reconquistar las tierras perdidas.

La Nacencia, estado actual

Un paso más, o dos o tres o diez más abajo, casi llevada en volandas por el alma en pena de algún guía resentido, me topé con el que fue espectacular monumento de la Nacencia.

No podía creerlo.

Conociendo como funciona Badajoz presentía que ya no quedaría ni sombra de la belleza de aquellos jardines de mi adolescencia cuando quedé impactada por la exuberancia de sus zonas sombrías tan habitadas de hojas y hojarascas, y árboles tan tupidos, que si el día amanecía caprichosamente imaginativo podías perderte en el tiempo buscando entre sus ramas y sus extensas sombras el grito de animales salvajes.

Fuente en su época

Otro puñal clavado con saña: el puente y sus alrededores no lucía ninguno de aquellos ornamentos que la imaginación del artista Antonio Juez, que además fue Jardinero Mayor del Ayuntamiento, suplió con ella la falta de dinero creando con un  pobre presupuesto, una obra llena de belleza y sensibilidad.
Juez, que soñaba con un Badajoz verde, cuando algunos de sus proyectos empezaron a materializarse, allá por 1950, literalmente expuso:

Fuente actualmente

-Por apatía, indiferencia, egoísmo e inconsciencia, hemos dejado destruir nuestras magníficas murallas, donde el romanticismo, con las armas de la historia, pudo haber hecho el itinerario más bonito e interesante que todos los turistas del mundo hubieran podido desear: bastaba con haberlas limpiado, ajardinado, utilizado los magníficos locales que nos ofrecían sus poternas bien acondicionadas de luz y accesos, a pequeños museos en los que podrían haberse acumulado objetos de las distintas batallas, hechos gloriosos o históricos momentos políticos que han venido desarrollándose en torno a estas piedras gloriosas de nuestras murallas sacrificadas. Los jardines que se realicen en sus fosos, podrán ser el complemento de estos museos, con sus glorietas, fuentes, estatuas, obeliscos y monumentos conmemorativos.

La Nacencia actualmente

El artista, y los alcaldes que en sus mandatos respaldaron su extraordinaria labor como creador de parques y jardines, ni echándose a mal soñar hubiesen podido figurarse que años después, cuando a los que aún no habíamos nacido se nos presuponía una llegada al mundo mamando civismo, cultura, solidaridad y respeto por los trabajos artísticos de grandes creadores de ayer, dejaríamos agonizar lentamente lo que ellos erigieron con tanto esmero, tan poco dinero, y tanta locura imaginativa.

Busto desaparecido

La bella escultura  en bronce e inspirada en el  poema de Chamizo, La Nacencia, -una pareja de pastores con un burrito y su hijo recién nacido en pleno campo- homenajeaba  a nuestro escritor; y su busto además, presidía lo alto de la fuente.

Actualmente la estampa escultórica está desaparecida, seguramente rapiñada por algún santo hijo de santa meretriz, y donde nacían las aguas de la hermosa fuente de La Nacencia, -construida con cantos de río, de tipo modernista e imitando a las que Gaudí diseño para el parque Guell-  hoy sólo quedan resecas piedras rodadas sin una sola gota de agua corriendo por el primoroso cauce, sin verdín cubriendo las orillas, sin ranas a su amparo, sin el busto de Chamizo, sin salvaje vegetación,  sin la posibilidad de imaginar animales colgando de las ramas de los árboles porque, esos árboles actualmente resisten –más por costumbre y autónoma firmeza que por cuidados – tristes y con mas claros de luz, que oscuros de sombra.

Queda tanto en ese parque gritando ayuda…

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*María Penís

Restos de la cascada

Placa de la fuente

Fuente actualmente

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