Ibn Marwan al-Yilliqi (segunda parte)
El castillo de Alange poseía cierto renombre en época romana debido a sus Termas, se había convertido en paso clave para el cruce del Guadiana y por dominar el camino del vado más importante en la zona de Mérida. Los rebeldes, desde la infranqueable fortaleza de Alange comienzan a rapiñar la comarca. El motivo que más preocupa a Marwan es conseguir monturas para sus hombres, sin piedad atacan a los representantes del poder omeya despojándolos además de sus monturas de todas las pertenencias de valor. La misma suerte corren los árabes y bereberes de las cercanías, después de tres días de frenética actividad se hace con cerca de quinientos animales. El segundo motivo de inquietud es pertrecharse de víveres para el ineludible asedio, aunque no parece que esto pueda convertirse en un problema, precisamente ese año la cosecha había sido abundante, por lo que había provisiones de sobra.
El 14 de mayo de 875, el Emir Muhammad sale de Córdoba, enviando por delante de él a Hasim, que llega a Alange dos semanas más tarde.
En Alange los rebeldes se preparan para la batalla, para ello piden ayuda a otro cabecilla sedicioso, Sa dun al-Surunbaqi que se encontraba con sus hombres en Oporto. Este de inmediato se pone en camino y llega a Juromenha donde junta sus fuerzas con las de Makhul, formando un contingente considerable. (Una laguna en el manuscrito del Muqtabis “de Ibn Hayyan”, donde se recogen estos hechos, impiden que conozcamos que pasó con las tropas que se encontraban en Juromenha)
El Emir Muhammad, con una proporción de fuerzas muy favorable, decide no lanzar sus huestes contra Juromenha, teme dejar a sus espaldas un enemigo tan efectivo y peligroso como los hombres de a l-Yilliqi, un acorazado suficientemente numeroso como para atreverse a resistir al ejército Cordobés.
El Emir resuelve asediar el castillo y rendir a los defensores por hambre y sed. Para Marwan y sus hombres, que estaban sobradamente aprovisionados, el hambre no constituía un problema pero, no ocurría lo mismo con el agua, cuya falta pronto comenzó a ponerlos en aprietos, quizás porque la plaza careciese de aljibes o quizás porque no fueran suficientes para la población refugiada tras sus muros. Poco antes las tropas Cordobesas emponzoñaron el río Matachel, que en aquellos tiempos corría a los pies de la roca donde se alza el castillo, arrojando aguas arriba animales en descomposición. El Emir hizo apostar arqueros en la otra orilla, de manera que cada vez que algún grupo desesperado se aventuraba a saciar la sed de las infectas aguas eran recibidos por una lluvia de flechas.
Marwan y los suyos se encontraban al borde de la extenuación. Estaban pensando en rendirse cuando un golpe de suerte les devolvió la esperanza y la determinación de resistir: de unos pozos que estaban excavando a los pies del castillo comenzó a brotar agua abundante y de buena calidad. Para poder acceder con seguridad se vieron obligados a levantar muros protectores que cubrieron con tejadillos de gruesos maderos forrados de piel de vaca, probablemente mojada para hacer ineficaces las flechas incendiarias. Desde la parte más profunda de los pozos abrieron galerías por las que podían acarrear el agua a cubierto de proyectiles. Después de tres meses y diez días de asedio el cansancio hace mella en ambas partes, por lo que empiezan a considerar la posibilidad de un acuerdo.
Marwan manda un enviado al campamento del Emir para fijar las condiciones del pacto cuando, un grupo de soldados denominados marineros, recién incorporados al ejercito del Emir, lo convencen de que rompa las negociaciones y deje en sus manos el asalto, comprometiéndose a tomar la fortaleza antes de la oración del mediodía. Creían que Marwan negociaba porque estaba debilitado pero, se toparon con una encarnizada resistencia. La toma de la fortaleza terminó convirtiéndose en el combate más feroz desde el inicio del asedio. A pesar de ello la invasión comenzó a tener éxito. Los sitiados se vieron obligados a refugiarse en la parte más alta del castillo, Marwan se encontraba en verdaderos apuros cuando nuevamente la suerte se posicionó a su lado, una terrible tormenta estalló repentinamente y el ataque definitivo tuvo que ser aplazado.
Al día siguiente al-Yilliqi pide negociar a través del infante Abd Allah, hijo del Emir, con el que mantenía buenas relaciones, su padre accede y se acuerda que, Marwan al-Yilliqi y los suyos salgan del castillo de Alange para instalarse en Badajoz, por entonces abandonada. Como garantía del pacto, al-Yilliqi debe dejar en manos del Emir a su hijo Muhammad, a su nieto y a treinta rehenes. Todos ellos fueron llevados a Córdoba. Al año siguiente (876), al-Yilliqi vuelve a declararse en rebeldía….
Fuentes: Luis Molina
(Escuela de Estudios Árabes)



















