El día 2 de mayo de 1.808 el pueblo de Madrid se había amotinado contra los franceses. Uno de los primeros lugares donde se conoce la noticia es en Badajoz, donde llegó apenas dos días después. Don Toribio Gragera de Vargas, conde de Torre del Fresno, gobernador militar y político y Capitan General de Badajoz que acababa de suceder en el mando al marqués del Socorro, acordó con éste convocar una Junta militar el día 5. El resultado fue la publicación de una proclama que se fija en todos los lugares públicos y se expande por la provincia incitando a vengar, con “la brevedad del rayo” según sus palabras, el ultraje inferido a España por el despotismo napoleónico. Se llamaba así a las armas contra los franceses con el siguiente mensaje:
“Es preciso salvar y vengar al Rey, la Religión y la Patria”
Además, se enviaban avisos a los generales españoles que combatían en Portugal para que abandonaran a los franceses y regresaran con sus tropas.
El Conde de la Torre del Fresno procuraba calmar los ánimos de la población hasta que no se dispusiera de una panorámica general de los acontecimientos. El día 30, onomástica de Fernando, las autoridades estaban reunidas en la casa del Conde, en la plaza de las Descalzas, y se dispuso que el cañón hiciera las salvas en honor del Rey en el baluarte de San Vicente. A las nueve de la mañana aún no había llegado hasta allí el encargado de rendir este honor artillero al Rey. El pueblo cree que su tardanza es un desacato de las autoridades. Una mujer, María Cambero, “la Maricona”, sustituye al artillero y usa parte de sus ropas como mecha para disparar las salvas. Esta es la señal para una revuelta. La turba irrumpió entonces en el palacio, vapuleó a los que trataron de defender al conde y le persiguió hasta la Puerta de Palmas, en cuya guarnición trató de refugiarse. Allí se presentaron el teniente coronel Fuentes y el Marqués de Monsalud, que trataron de contener a la multitud, pero todo fue inútil. Reconvenidos por las turbas, los húsares, que hasta entonces habían defendido la entrada se rebelaron contra su jefe y permitieron la prisión del general, que fue asesinado, por un artillero sin que los demás soldados hicieran ningún gesto a su favor, arrastrandose después su cadáver.
El Conde fue objeto de un linchamiento provocado por la sospecha del pueblo de que era infiel al rey Fernando y por tanto partidario de los franceses, aunque la realidad, como se ha visto, era otra. Así, una vez más, el populacho se puso al servicio de quienes operaban en la sombra. Se dijo que un fraile exclaustrado recorría las calles a caballo excitando a las masas contra las autoridades. Este tipo de motín tuvo como resultado escenas similares en el asesinato del conde del Águila en Sevilla y del marques del Socorro en Cádiz.
(Extraído de “Apuntes para la Historia de Badajoz: La Guerra de la Independencia.-Julio Cienfuegos Linares)
- Angela Cáceres.
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