Posteado por: siguelashuellas | mayo 9, 2013

Fernando González Pozuelo

Posteado por: siguelashuellas | abril 21, 2013

Amigo

Amigo

Amigo en el rio MundoSomos recuerdos de ayer, proyectos de futuros, fragmentos microscópicos de presentes que no duran más allá de un suspiro; lánguidos, escurridos y desmadejados del ahora como agua entre los dedos. Respiramos creyéndonos dueños del aire pero cuando lo exhalamos ya es pasado perdido en la memoria, y es que la realidad en la que apenas reparamos es que solo somos eso, recuerdos. De risas, de lágrimas, de infancias cercanas o lejanas, de días corrientes, de viajes soñados, esperados y a veces, hasta cumplidos.  Puñeteros recuerdos rescatados de ciclos de trabajos y descansos, de hijos deseados aprendiendo a caminar, de patios, de párvulos, colegios e institutos, de final de aprendizajes e inicios de vuelta a empezar. Lo dicho, de ciclos de la vida.  En la mañana somos recuerdos de ayer maquinando futuros en calendarios y relojes mientras ignorantes ilusos nos creemos dueños de ese caballo desbocado que es la vida. Nos engañamos pensando en alboradas lejanas que un día cualquiera, amanecido como otro cualquiera, esperando que termine como otro cualquiera, de un segundo presente a un segundo pasado es capaz de tornar el mejor sueño en eterno proyecto inconcluso porque, al final, la realidad nos dice que solo somos eso, grandes o pequeños recuerdos. Marionetas del reloj, del calendario. Marionetas de futuros rotos y pasados llenos. Marionetas de recuerdos, nada más que recuerdos plasmados en el alma más recóndita, en la foto más querida, más mirada, más acariciada…

Somos frágiles, pero en la inestabilidad de estos vaivenes también sabemos crear vida inmortalizando en nuestro mundo interior a los que un día nos dejaron enredados en un montón de añoranzas, y en ellas somos capaces de hacer que vivan por siempre jamás futuros ligados al amor,  asociados a la amistad, al tiempo que nunca volverá…
 
Subimos montañas, las bajamos, y anduvimos con las botas de mil leguas tantos kilómetros que resultó fácil hacernos fuertes aliados de recuerdos compartidos, amigos de muchos diciembres y tantos eneros que, ahora que tus pasos de caminante sin camino nos obligará a tirar de recuerdos, tendremos que crear imaginarios futuros en tantas memorias que jamás, amigo del alma, la maleza salvaje de la vereda más quebrada podrá esconder el millón de recuerdos que nos dejaste.

Y después…pues, siempre quedará ese ancestral consuelo de que mientras haya alguien que nos piense, alguien que nos lleve en un espacio de plata pegado al pecho, alguien que nos añore…seguiremos creando recuerdos, que a fin de cuentas es lo que somos.

Recuerdos.

  • María Penís
Posteado por: siguelashuellas | abril 1, 2013

La Mochila Torcida (9º)

La Mochila Torcida  (9º)   Acebo, Botillo, Siesta y Rutina

El AceboCreo que en algún momento de la vida, todos hemos fantaseado con la idea de un respiro de esos que casi podríamos meterlos, aunque sea a empujones, en apartados  espirituales.

Retiro espiritual igual a respiro…paz, un buen libro, silencio…en fin, en mi cabeza, retiro espiritual siempre había sido sinónimo de desconectar hasta del mismísimo mundo, y apurando y afinando hasta el infinito, desconectar hasta de nosotros mismos…

-¡Ten cuidado que tu sueño puede hacerse realidad! –dicen los sabihondos. Y efectivamente, el mío se hizo y quede hasta la peineta de pensar y dar largas alas a la imaginación.

No recuerdo haber mirado el reloj tantas veces, y no recuerdo unas horas más lentas y más descansadas que las pasadas en El Acebo. El bello y tranquilísimo Aceblo…y menos mal que estábamos de peregrinaje porque…el acumulo de calorías de un día entero sin más que hacer que leer y comer debió de rayar en la gula más pecaminosa y un estado de paz tan extremo que confieso que llegué a añorar desesperadamente un rato de prisas y estress.

El AceboA las puertas del albergue, que además no era  ni el más cómodo del mundo ni tampoco el más bello, había un banco de madera en el que intenté leer (y a veces hasta lo conseguí) entre tentativas de acomodar posturas cruzando piernas, escurriéndome un poco, medio tumbándome y al momento estirándome, desperezándome como un gato para en un santiamén volver de nuevo a cruzar y descruzar una pierna, y al instante la otra y vuelta a comenzar la rutina un millón de veces más. Retraté en mi retina las casas con techos de pizarra que tenía enfrente, el silencioso bullicio de grillos y cigarras, el escaso ajetreo de gente…y leí, y leí, y me cansé de leer, del silencio, del sol, de la sombra, de comer a cada rato. Me arrepentí de cómo devoré un exquisito botillo, del hambre de chucherias que tuve mientras leía y pensaba y comía, y miraba los tejados y picoteaba distraída imaginándome vivir allí, sin Corte Inglés, sin calle Menacho, sin tiendas de  chinos, sin escaparates para mirar… ¡en fin! que quedé saciada para mucho tiempo de vida contemplativa y además, entendí que tampoco hay que renegar de lo que somos ¡y a la mucha honra! –que dicen en mi pueblo. Urbanitas perdidos y entregados.

También había una plaza, recoleta, soleada, solitaria y, también leí en ella, y en ella también me acordé de Manjarín, y en ella le di vueltas al asunto del templario…

El AceboCreo que aún no eran las nueve de la noche cuando decidí subir al barracón de aquel albergue en el que habíamos sido los primeros peregrinos del día, y que aún a la hora de la siesta seguía estando escasamente habitado. Un par de chicos frente a nuestras camas y algún que otro bulto repartido aquí y allá bastante alejados de nosotros. Recuerdo un intento de siesta que aquellos dos muchachos espantaron rebuscando algo en sus inmensas mochilas, abriendo una docena de bolsas, enredando en el pozo sin fondo de aquellos plásticos que crujían como papel seda, cuchicheando enfados…¡que estropicio de siesta! Recuerdo haberme ido al patio, más parecido a corral, y haber mirado el horizonte…por cierto, lleno de humo pues se había desatado un incendio, o dos, y recuerdo que aunque siempre había soñado con tener un retiro espiritual, ya a esa hora, empecé a temer que el sueño se cumpliese.

¡Lo dicho, hasta el gorro…! Y cuando a las nueve de la noche subí a dejar el libro, el barracón estaba hasta la bandera, y por lo visto aquella gente habían pasado delante de mis narices mientras yo, en mi vida de contemplaciones y ensueños, sin percatarme de nada.  En el dormitorio unas cuarenta camas ocupadas, y la luz de la ventana, prisionera detrás de una persiana sin dejar entrar ni un ligero clareo…y gente roncando.

El AceboMe quedé a los pies de mi cama, desconcertada. O me acostaba y dormía como aquellos bultos en las sombras, o volvía al banco de la puerta, o a la plaza recoleta, o al comedor a acumular más calorías…y eso hicimos. Comedor y poco después de las nueve y media, todavía con sol, a dormir como niños buenos, como buenos y cansados peregrinos, y la verdad…ya fuese de puro aburrimiento, ya de tanta paz y contemplación, ya de tener los ojos secos de tanto negro sobre blanco, que no tuve tiempo ni de volver a darle otra vuelta de tuerca al asunto del templario, a las tres tumbas del camino, y a Manjarín.

¡Buenas noches! –le dije a M-. Esperé en la oscuridad una respuesta pero en seguida entendí que la vida contemplativa también a él le había pasado factura.

  • María Penís
Posteado por: siguelashuellas | marzo 6, 2013

La Mochila Torcida (8º)

La Mochila Torcida (8º)  Enigmático Desasosiego

ManjarinLa verdad, no hay mucho que contar…después de dejar atrás la Cruz de Ferro el camino se convirtió en vereda ancha de cómoda bajada para pensar en silencio. Nos pasaban peregrinos que parecían querer ganar alguna maratón de la que nosotros no teníamos conciencia. A veces escuchaba los bastones detrás, blandiendo la tierra como una intimidación pero…ese día, teníamos pocas prisas. Estábamos convencidos de que todos los que nos adelantaban no eran una amenaza roba colchones…

M decía que la etapa de todos esos que nos pasaban con ansias de camino tenía pinta de ser más larga que la nuestra, así que nos dedicamos a saborear la comodidad de los diecisiete o dieciocho kilómetros que teníamos por delante.

-¡Buen Camino!

Ni sé la de veces que nos lo dijeron a modo de saludo oficial, o a modo de ¡échate a un lado que voy a pasar! Y eso es lo que hacíamos, echarnos a un lado y seguir nuestra rutina de andar, pensar, mirar el cielo, cansarnos un poco, descansar y mirar algún recoveco oculto del paisaje para dar rienda suelta al agua que bebíamos, a ser posible, en soledad. Cosa por otra parte bastante complicada pues, esto de andar en busca de una meta común, a veces, especialmente en algunos tramos, resultaba tan poco íntimo que por momentos renegabas del credo de todos los que llenaban los caminos de mochilas y bastones. Solo en los albores de la madrugadas podías sentir esa comunión con la naturaleza que seguramente buscábamos cuando iniciamos el viaje…en fin, pero estas cosas del pensar en negativo duraba lo que dura un pis pas, al momento te decías que todos, por muy diferentes que podamos parecer a primer golpe de vista, al final somos almas gemelas. Todos buscamos, o lo mismo, o algo tan parecido como podrían ser dos gotas de agua, y en estos menesteres que nos estábamos gastando venía a ser andar sin levantar ampollas ni en los pies ni en el alma; o limpiarnos ese aura que no vemos y que por lo visto se ensucia por cosas de la vida misma; o también para hablar, seguramente, hablar mucho con nosotros mismos o con la gente que tenemos más cerca…

ManjarinY de esta manera, caminando y pensando, y saboreando la soledad en la que a ratos nos dejaban, sin saber cómo ni de qué manera llegamos a un tramo donde de sopetón M me señalo tres tumbas ocultas entre la maleza. Emergiendo de la tierra como en una película de miedo. Me quedé paralizada ante ellas, cavilando qué puñetas pintaban en medio de la nada, medio ocultas entre hierbajos crecidos; blancas, sucias y enteramente abandonadas.

-Mira, estamos en Manjarín

Lo dijo como si aquel cacho de tierra además del centro del mundo fuese el enclave turístico más esperado. Lo dijo como si ya hubiésemos llegado a nuestro destino, abrazado al Santo y recuperado el coche que nos llevaría a Sansenxo, tal y como teníamos planeado, para una vez allí, repantigados en la arena con los cinco sentidos puestos en el mar y en las incidencias de la luz sobre él, descansar y recordar con un ligero halo de nostalgia nuestros días de peregrinaje… en fin, que terminé encogiéndome de hombros con una indiferencia que casi lo hirió.

-Manjarín…no has oído hablar de Manjarín

-Pues mira, no

Y entonces me señaló la carretera – ¡Aquello de allí es el albergue donde vive el templario…!

La verdad: pensé que M estaba de coña, que quería echar unas risas a costa de la impresión que me llevé con las tres repentinas tumbas del camino. No era para menos, un templario, tumbas en mitad del campo, y Manjarín, un nombre que no significaba nada hasta que sacó el cuaderno de Pepe y señaló un punto en el papel para un segundo después levantar la cabeza y apuntar hacia una casa que desde mi perspectiva parecía destartalada y poco significativa. Junto al cuaderno una nota adjunta recomendaba pasar de largo: sin luz, sin agua, y suelo de tierra –aclaraba-

ManjarinY abrí la boca y dije lo que cabía cuando la ignorancia y las prisas se juntan con la misma alegría que el hambre y las ganas de comer: ¡pues vaya mierda…nosotros tiramos palante! Y ahora que sé un poco más que entonces reconozco que me equivoqué tanto que solo unos metros después, mientras andábamos con el relajado paso de ese día y M contaba lo que a su vez a él le habían contado, supe que si no paraba terminaría arrepintiéndome, pero lo cierto es que mientras lo pensaba, seguía andando, y cada paso dado hacia adelante restaba metros a un punto y final que aún quedaba lejísimos…así que, callé, me encogí de hombros e intenté quitarme de encima las ganas de mirar atrás.

Una explicación un poco por encima, como suelen hacerlo la gente como M, poco dadas a entrar en detalles… y unas palabras que parecían estar leyéndome la mente: ¡no mires atrás que no merece la pena!  Bastó para sacudirme el runrún de la casa destartalada que ya quedaba tan atrás que físicamente empezaba a ser un borrón en la lejanía.

«Tres tumbas con el nombre borrado, un albergue levantado de unas ruinas, un hombre que vivía sin comodidades entregado a todo el que llama a su puerta. Un hombre que por lo visto un día decidió dejar atrás su cómoda vida en la ciudad… ¿Y no merece la pena…? »

¡Qué se yo! –Volví a repetirme- ¡anda y que no le di vueltas al asunto! Al menos hasta que las vistas de El Acebo, nuestro destino más inmediato, aparecieron como una hermosa postal justo cuando el sol comenzaba a resultar pegajoso, pesado y dañino, y la imagen de un colchón y de un lugar fresco para cobijarnos pudo con cualquier pensamiento en movimiento que pasara por mi cabeza.

Descansar, descansar de una etapa corta pero intensa… y ya habría tiempo para volver a pensar en Manjarín…

  • María Penís
Posteado por: siguelashuellas | febrero 14, 2013

Carnaval

Carnaval

Carnaval

CarnavalY durante todo un año dejaremos de ver acodados en la barra de cualquier bar a espadachines de capa y espadas charlando animadamente con bucaneros de los de parche en un ojo…y dejaremos de ver a la vuelta de cualquier esquina a barbies peludas encabezando un grupo de bailaores de flamenco , zombis, chachas de cofias y guantes blancos, ladrones de traje y corbata portando sobres gigantes bajo el brazo, lobos de dos patas, curas bailando con monjas, cientos de peculiares y personalísimas marilinesmonroes con cinturas de avispa aunque sea a fuerza de apretar o estrangular lorzas, jonatans, o yenis con retorcidos aros de oro aquincallado en las orejas… se fue el carnaval y llega el momento de enseñar algunos de esos deslices de imaginativa y loca magia.

Carnaval BadajozPero como mis noches de largas y eternas madrugadas bajo el escaso abrigo de cualquier disfraz (de momento) ha quedado para el recuerdo, solo puedo mostrar una pizca del color y la belleza con la que esos incansables carnavaleros que protagonizan el desfile del domingo, tienen a bien ofrecernos. En fin, que lo que quiero decir es que soy diurna y eso es algo reñido con estas fiestas vampíricas pero, a pesar de ello, nocturneando poco y hablando mucho con quien ha hecho jornada intensiva bajo las estrellas, me siento apta para opinar sobre estos cambios que han introducido en nuestro carnaval y que se reducen a un gran acierto y un gran desacierto. Sobre el nuevo horario del desfile del domingo: solo hacía falta echar un vistazo a los bares para darse cuenta de que está bien pensado, pero sobre el asunto de no dejar sacar las barras a la calle…pues, o corremos un tupido velo o largamos

«Y digo yo que para qué correr velos tupidos y estúpidos…»

CarnavalCarnavales los hay por toda nuestra geografía (nuestra y no tan nuestra), algunos más reconocidos, otros mimados por las televisiones (empeñadas y emperradas en sacar año tras año los mismos de siempre), otros tan antiguos que su atractivo básicamente radica en la tradición…y después está el nuestro. Nacido casi de la nada, alimentado y crecido por la gracia de varias generaciones que poco a poco fueron otorgándole personalidad hasta conferirle una exclusiva idiosincrasia: calle, calle y calle.

Baile en la calle, tambores en la calle, disfraces multitudinarios en la calle, bebidas en la calle, comparsas en la calle, madres y padres y niños y abuelos, en la calle, pero este año…

¡Qué habrán pensado los turistas!…seguramente que el personalísimo y musical carnaval de Bajadoz ha perdido parte de su encanto. Ya no se diferencia de cualquier otro donde la gente sale disfrazada de casa para meterse en cualquier bar, más o menos grande, para bailar vestidos de colorines al ritmo de la música del momento. Hasta este año, eso solo era una opción más; la otra era beber y espantar el frío danzando alrededor de una de las muchas barras callejeras que animaban el cotarro.

CarnavalSan Juan desolado, bares cerrados, camareros sin un dinerito extra…

Y esto nos lleva a un exclusivo y extenso rincón: el del botellón. Y no tengo nada en contra, el que tenga vasija, quiera beber y ese sea su gusto pues…a mi que me registren, que sinceramente me importa un carajo pero, no quiero que el carnaval participativo y callejero que un día fue este de Badajoz, se pierda con imposiciones que puedan dejar hoteles vacíos y botellodromos llenos…
Las Fallas están a punto de nieve, y no sé…pero dudo que prohíban los cohetes…y los San Fermines…la verdad, no soy capaz de visualizarlos sin el alboroto de la gente viviendo a tope las fiestas…pero lo mismo aquí, que somos más papistas que el Papa, después de luchar por el nobiliario título de Fiesta de Interés Turístico Nacional, una vez conseguido se pretenda obtener el de Fiesta del Silencio…

  • María Penís

28a

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